La cruz del homicidio en el mundo

Ante el fracaso de la estrategia anticrimen y la destrucción de las instituciones locales, el go-bierno federal prácticamente no tuvo alternativa que aceptar el control de ciudadanos armados en la Tierra Caliente, ante la disyuntiva de una mayor violencia.

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José Buendía Hegewisch 20/04/2014 00:02
La cruz del homicidio en el mundo

El mundo nunca ha sido un lugar tranquilo y seguro para todos; y cada vez es menos en urbes donde matar es fácil para el crimen organizado, las pandillas o la delincuencia común. El año pasado casi medio millón de personas fueron asesinadas en 219 países de acuerdo con el Estudio mundial del homicidio 2013 de la UNODOC. México está entre los que más aportan a engrosar la cifra, junto con otros latinoamericanos también “crucificados por la violencia”, parafraseando al cardenal Rivera en esta Semana Santa. Unos por la violencia de las bandas del narco y otros por las pandillas —para muchos son lo mismo— o porque salen de conflictos políticos, pero lo cierto es que los cinco países que lideran las tasas de homicidio en el mundo están en América Latina, particularmente en Centroamérica, la región en la cual nos ubica a nosotros el informe.

Pero la relación entre la violencia y el nivel de homicidios no es mecánica ni univoca. Hay países que logran contenerla; mientras que otros, de una misma región, tienen la mecha corta y con un poco de pólvora y armas en las calles alcanzan las tasas más altas del planeta como, por ejemplo, Honduras. Ante las varianzas, se abre paso la idea de la importancia de las políticas públicas y del vínculo entre la violencia y las instituciones de seguridad y justicia.

Los datos de UNODOC convalidan esa tesis y sirven también como un “buen mirador” para monitorear a las instituciones de seguridad y justicia de las que en definitiva depende el desarrollo. El estudio arroja entre sus principales hallazgos que existe una tendencia hacia la polarización del crimen entre países y subregiones, que hace que haya una brecha cada vez mayor entre los países con altas tasas de homicidio respecto a los que tienen niveles relativamente más bajos. Es decir, las naciones que no logran fortalecer sus instituciones de seguridad y justicia frente al crimen registran cada año una mayor distancia respecto a las que alcanzan alguna mejora. Aunque cada caso reviste particularidades, hay tres factores que sirven para  explicar las tendencias sobre el desbordamiento o no de la violencia. El primero, la existencia de políticas sociales y de salud, que generan la cohesión social que inhibe el desbordamiento de la violencia; segundo, instituciones de procuración de justicia y seguridad, que ayudan a contener e inhibir al crimen y la impunidad, en un contexto amplio de vigencia del Estado de derecho; y tercero, la proliferación de armas en la calles, ya sea por contrabando, permisividad en la portación o accesibilidad en contextos postconflictos que han omitido un desarme efectivo.

La tendencia a la polarización de los índices de criminalidad se reproduce también al interior de los países y Michoacán es un buen ejemplo. Ahí comenzó la lucha contra el narco el sexenio anterior y acabó por instalarse un conflicto armado sin que ninguna política gubernamental  —federal o local— ni institución estatal de seguridad y justicia pudieran poner un dique a la violencia. Ante el fracaso de la estrategia anticrimen y la destrucción de las instituciones locales, el gobierno federal prácticamente no tuvo alternativa que aceptar el control de ciudadanos armados en la Tierra Caliente, ante la disyuntiva de una mayor violencia y el avance de esos grupos a otras zonas de la entidad. Aunque apoyarse en las autodefensas como grupos “ilegales, pero funcionales” (como las describió Manuel Mondragón)  para luchar contra el narco,  haya dejado un mayor alejamiento del Estado de derecho y contribuido a mantenerlo entre los lugares con mayores índices de homicidio en el país. En efecto, como demuestra Michoacán, la tendencia a la polarización de los niveles de crimen a escala global o subcontinental, por ejemplo entre los países con menores índices de violencia en Sudamérica, como Chile o Uruguay —con niveles similares a Europa— y los peores del subcontinente, como Venezuela —equiparables a los de muchos africanos—, se reproducen al interior de los propios países. De acuerdo con el reporte de Delitos de Alto Impacto del Observatorio Nacional Ciudadano, ese estado encabezó en febrero la lista de las entidades federativas en términos de homicidios culposos, con 156 averiguaciones previas —3.42 por cada 100 mil habitantes—. Junto con Guerrero, donde también han aparecido autodefensas y las instituciones parecen borradas, y el Estado de México concentran más de 30% de las denuncias de asesinato de todo el país en los primeros meses del año.

                *Analista político

                jbuendiah@gmail.com

                Twitter: @jbuendiah

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