PRD en la encrucijada

En el fondo de sus dilemas está la fractura, que persiste tras la salida de AMLO, entre la tradición nacionalista y la nostalgia por viejas políticas populistas versus la actual dirigencia que apostó por las reformas en el Pacto y la interlocución con el gobierno

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José Buendía Hegewisch 16/03/2014 00:46
PRD en la encrucijada

El PRD vive momentos de definiciones que marcarán el perfil de la izquierda en el futuro próximo y su papel en la  gobernabilidad del país. Arriba a su primer cuarto de siglo con la  encrucijada que dejó la mayor escisión desde su creación con la ruptura de AMLO en 2012 y la continuidad o no de la política reformista de la actual dirigencia. En la coyuntura, el colapso de la Línea 12 del Metro y la  efeméride de la expropiación petrolera servirán esta semana para el reacomodo de fuerzas y decidir si acogerse a Cuauhtémoc Cárdenas como candidato de unidad para renovar el liderazgo, pero el debate de ideas se oscurece tras la  incapacidad de eliminar prácticas  excluyentes de hacer política en las que, como en los tiempos de caudillos, la amenaza es que quien gane se lleve todo.

Otra vez los vientos de confrontación soplan para forzar una candidatura de unidad y cancelar la elección en que compitan los distintos programas que hay a su interior. En el fondo de sus dilemas está la fractura, que persiste tras la salida de AMLO, entre la tradición nacionalista y la nostalgia por viejas políticas populistas versus la actual dirigencia que apostó por las reformas en el Pacto y la interlocución con el gobierno. La acusación es que eso debilitó al PRD como oposición, pero las diferencias no se agotan ahí. Las divergencias programáticas tendrían que ser, en todo caso, material para la competencia, no su cancelación. El problema son las prácticas que hacen inseguro el proceso interno, el temor a la exclusión y a la derrota, que  alejan la democracia interna y debilitan la cohesión.

Un dilema de la vía de la unidad es que, una vez más, las reglas de convivencia no ofrecen suficiente garantías para asegurar la inclusión y evidencia que la lógica de poder de las tribus está por encima de la militancia. La dirigencia en Cárdenas, que ofrece aceptarla si la ponen en sus manos, tiene ventajas como reforzar la idea de convertir la elección de 2015 en un referéndum de la Reforma Energética, no obstante, que es la actual dirigencia la que logró la Ley de Consulta Popular para hacerlo.

Cárdenas también es un referente para oponer a López Obrador y evitar que Morena gane votos al PRD en una campaña contra la “izquierda entreguista”, como la califica por el Pacto con el gobierno de Peña Nieto. Los beneficios de las reformas, como la de telecomunicaciones, aún no se perciben y la dirigencia tampoco ha logrado comunicarlo.

La encrucijada del PRD está en reafirmar la línea reformista o ceder a las presiones para virar hacia el electorado en el que AMLO esta posicionado, los votantes anti-gobierno que desconfían de las instituciones corruptas y facciosas que viven de saquear los recursos naturales como el petróleo y reclaman políticas “antineoliberales”. Su arrastre  impulsó el crecimiento electoral de la izquierda en 2006 y 2012, pero también se explica por los resultados de los gobiernos perredistas, particularmente en el DF. Además, su liderazgo mostró limitaciones para convencer a las clases medias e indecisos. 

La opción nacionalista y populista que también representa Cárdenas está lejos de esos sectores, aunque su honestidad y respeto a la legalidad sean un activo. Pero la mayor desventaja es que la salida a través del “hombre necesario” remite a la autoridad del caudillo  por encima de proyectos, aunque se cubra con el mantra de recuperar las “esencias” partidistas. En todo caso, profundizar en el debate y en democracia interna es el mejor camino para remover los sectarismos y dogmas que desde su fundación se traducen en exclusiones y marginación interna.

Es cierto que el control, desde hace años, del aparato por parte del grupo hegemónico tiene desgastada a la actual dirigencia y convence a las otras facciones de apoyar un arreglo político cupular para abrir espacios. Pero el futuro pasa por acordar las reglas de la competencia interna más que optar por la menos mala de las opciones ante la amenaza de nuevas rupturas. Es un camino que en otros momentos los ha llevado a postergar definiciones de futuro y que hoy, por sí mismo, es contrario al mensaje de renovación de ideas y liderazgos para acreditar un perfil reformista ante una amplia franja de electorado que aún  no nacía cuando Cárdenas fundó el PRD. En efecto, la desvinculación con nuevos y jóvenes votantes en aras del reparto de poder entre corrientes puede ser un salto hacia atrás, pero sobre todo muy peligroso si pasa por desacreditar el reformismo con el regreso de viejos métodos para supuestamente preservar la unidad.

                *Analista políticos

                jbuendiah@gmail.com

                Twitter: @jbuendiah

 

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