¿Quién ganó con las reformas?

Convendría no soslayar que el impacto de las reformas se verá en el mediano plazo, al menos cinco años, en la estimación de Gustavo Madero, presidente del PAN. Y que las perspectivas de crecimiento para 2014 son muy moderadas...

COMPARTIR 
José Buendía Hegewisch 15/12/2013 00:24
¿Quién ganó con las reformas?

Cuando estalló la burbuja especulativa de la crisis financiera 2007-2008, la primera crisis global, el ex presidente de la Fed, Alan Greenspan, declaraba que se había formado como expresión de una “disposición  humana a la euforia”. Es un reflejo del que conviene cuidarse, tanto como de su contraria, el desbordamiento del pesimismo. Tan sólo en 2013 en México, por ejemplo, hemos pasado del entusiasmo que generó la llegada del nuevo gobierno y se materializó en aquel “momento mexicano”, hasta la idea de que la Reforma Energética y otras nos sacara del “infierno” en el que se encuentra el país.

La necesidad de recuperar o de ganar el futuro es fuerte agente que activa esa disposición. El imperativo de recobrar confianza en el porvenir ofrece el estado de ánimo para las promesas y mensajes de optimistas y de oportunistas. Apenas aprobada la Reforma Energética, y aún sin definiciones básicas en las leyes secundarias, aún por elaborar, los cambios legislativos parecen casi cobrar vida, aunque sea en forma de consignas: se “acabó la época en la que el  Presidente era patrón de todos, hoy ya nos somos súbditos, sino ciudadanos”, exclamó Diego Fernández de Ceballos en alusión al fin del monopolio de Pemex. Otros se han apurado a decir que se remueven los obstáculos estructurales que impiden despegar a un país que lo tiene todo (el viejo mito del cuerno de la abundancia), y los empresarios anticipan la llegada de capital a carretadas. En los próximos cinco años, se apresuró a vaticinar la Coparmex, llegarán 35 mil millones de dólares anuales  al sector energético; eso sin considerar las inversiones que atraerá las telecomunicaciones o la reactivación de la demanda interna por el boom de crédito de la Reforma Financiera.

El primero obligado en no caer en triunfalismos es el ganador visible de las reformas, especialmente si es el que manda qué debe hacerse con los cambios. Ni sus detractores cuestionan que el principal ganador con ellas es el presidente Peña Nieto, con más de una docena de modificaciones constitucionales tras una década de ayuno de acuerdos.

Ahora su administración no tendrá la coartada de explicar, como sus antecesores, deficiencias o fracasos por el bloqueo o la “mezquindad” de la oposición de negarse a colaborar con la transformación del país. Además, pronto sabrá que algunas reformas, paradójicamente, pueden debilitar los resortes de poder del Ejecutivo como una menor injerencia del manejo político de la justicia con la autonomía de la PGR. También el fin del control del Ejecutivo sobre los jugadores del sector energético con el fin del monopolio de Pemex. 

Pareciera que si estas reformas cambiarán el rostro al país, la primera institución llamada a la transfiguración para que el país sea gobernable es la Presidencia. En ese tránsito incierto todavía sería más riesgo inflamar las expectativas, algo casi ingenuo ante la proximidad de las elecciones de 2015 y la renovación de 12 gubernaturas. Pero convendría no soslayar que el impacto de las reformas se verá en el mediano plazo, al menos cinco años, en la estimación de Gustavo Madero, presidente del PAN. Y que las perspectivas de crecimiento para 2014 son muy moderadas, entre 2.5%, los analistas más cautelosos, y 3.5%, la última de CEPAL. Las reformas no borrarán los problemas de desigualdad, hambre en la mitad de la población y, sobre todo, las divisiones y la confrontación que dejó el proceso legislativo.

Entre los saldos de las reformas está el modelo de consensos del Pacto, que en la práctica fue sustituido por la alianza PAN-PRI, que desde los 90 camina con facilidad en temas económicos. El desprendimiento del PRD supuso caer en un bache a la estrategia pactista de su dirigencia y, sobre todo, en el proceso, se perdió el freno que la izquierda puede ofrecer a las posiciones más conservadoras de esos partidos. El costo será profundizar las confusiones entre los que apuestan por el diálogo institucional y los que quieren regresar a la confrontación para reivindicar el carácter opositor. Los perredistas tendrán que hacer un profundo balance de cara al futuro sin caer en la salida fácil de regresar a la autoexclusión de las decisiones políticas del país.

El PAN también ha querido alzarse como el ganador de las reformas. Un 90% de lo aprobado es agenda del PAN, diría Gustavo Madero. Los resultados, por ejemplo de la energética, le permiten reclamar parte de las ganancias. Pero va a ser difícil que ahora que son prescindibles para sacar las reformas secundarias, puedan mantenerse como el fiel de la balanza.

                *Analista político

                jbuendiah@gimm.com.mx

                Twitter: @jbuendiah

Comparte esta entrada

Comentarios