Lo que el petróleo se llevó…

El debate de la reforma constitucional para posibilitar una mayor apertura a la inversión privada en petróleo inicia hoy en el Senado y camina hacia su aprobación con los votos del PAN, PVEM y PRI, a pesar de la premura y la salida del PRD de la negociación.

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José Buendía Hegewisch 08/12/2013 01:25
Lo que el petróleo se llevó…

La discusión sobre las Reformas Política y Energética es un potente espejo de la fragmentación del  país. Refleja los límites de la política de consenso que impulsaba el Pacto y, sobretodo, devela que el regreso a la senda de las reformas carece de un liderazgo capaz de ofrecer un rumbo claro de su destino. Deja otra vez división y la falta de una visión compartida sobre la dirección de los cambios, aunque una mayoría en el Congreso los avale.

El debate de la reforma constitucional para posibilitar una mayor apertura a la inversión privada en petróleo inicia hoy en el Senado y camina hacia su aprobación con los votos del PAN, PVEM y PRI, a pesar de la premura y la salida del PRD de la negociación. El PAN había condicionado su respaldo a la aprobación de la Reforma Política. La estrategia de encadenar dos ámbitos tan distintos como el funcionamiento de las instituciones políticas y el marco de regulación de la energía fue el primer signo del agotamiento del consenso. Después se confirmaría con la marginación del PRD de la negociación, aunque se presentara  como destino ineluctable.

Para muchos, el fin del Pacto estaba cantado con la reforma de los artículos 27 y 28 constitucionales, a los que el PRD se opone. Pero las formas habrían sido menos abruptas si dejasen salidas a la izquierda, como la consulta popular, para evitar una postura del todo o nada, o los epítetos de engaño o incumplimiento de los acuerdos. Sobre todo, su inclusión habría favorecido a que el PRI no quedara a merced del PAN, que  impone su agenda con planteamientos como permitir todo tipo de contratos a la inversión privada nacional y extranjera, desde la producción hasta la venta o el pago con petróleo, según el dictamen, y que no estaban en la propuesta del gobierno.

El consenso, aunque limitado, podría nutrirse de  puntos de convergencia como la creación de un órgano autónomo que administre la renta petrolera, que todavía representa el 40% del presupuesto público. Así como también la reforma al régimen fiscal de Pemex, combatir la corrupción, sanear sus finanzas y sacar al sindicato del consejo de administración de la paraestatal. Pero, sobretodo, el acuerdo sobre la consulta popular podría haber persuadido al PRD de enfilar sus baterías hacia la discusión de las leyes secundarias y  distanciarse de los maximalismos de Morena y la protesta en la calle.

Una mayoría legislativa permite aprobar la reforma, pero es insuficiente para evitar la polarización y la acumulación de presión cuando se cierra el paso a la inconformidad y a las minorías. Más allá del temor a que la incertidumbre de la consulta ahuyente la inversión, evitarla revela el límite de la participación en la construcción de las decisiones trascendentales para el país. Las bancadas del PRI y PAN en San Lázaro frenaron la discusión para reglamentar la consulta popular, aprobada desde 2012, que el PRD reclama para someter a la Reforma Energética en julio de 2015, como único recurso contra la mayoría en el Congreso. Cabe recordar que sólo el voto de la mayoría con la participación del 40% del padrón, es decir, más de 30 millones de mexicanos, podría echar abajo la reforma, algo que se antoja realmente difícil sobre todo si se convocara ahora.

La ruptura del Pacto ha situado al PAN como fiel de la balanza y ha hecho resurgir el modelo de negociación conservadora de los 90, cuando las reformas abrieron un escenario de polarización política, conflictos sociales, como el levantamiento zapatista, y la marginación de la izquierda de las decisiones nacionales.  La reanimación de la alianza PAN-PRI es bienvenida por algunos por quitar “lastre” a la negociación de la energética, pero dejan de ver que pone la dirección de los cambios en la agenda del PAN, sin que ni siquiera tenga un acuerdo programático con el PRI.

Esa alianza sin proyecto común se lleva una Reforma Política a la medida de los intereses electorales del PAN, con la creación de un híbrido difícil de operar y riesgoso, como el Instituto Nacional Electoral, y que puede traducirse en 2015 en factor de impugnación del proceso electoral. Se lleva una Reforma Política con importantes cambios como la reelección, pero sin un diseño claro de los cambios institucionales que hagan gobernable el presidencialismo. Deja una ruta para construir mayorías, pero fuertes divisiones para la implementación de casi todas las reformas aprobadas este año, como la Educativa y  Telecomunicaciones. Deja puentes rotos con el PRD y distancia con la inconformidad en la calle, sin la opción de oponer la consulta popular a la decisión de una mayoría en el Congreso.

                *Analista político

                Twitter: @jbuendiah

                jbuendiah@gmail.com

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