Reto a los pluris

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Ivonne Melgar 23/08/2014 01:07
Reto a los pluris

La  propuesta del PRI de cercenar al Congreso llega cuando el desprestigio de sus protagonistas alcanzó la mayor estridencia mediática. Y nadie recuerda que ellos pusieron los votos de las reformas que, así se espera, transformarán a México.

Porque la viralizada videofiesta de la exburbuja de la diputación del PAN despedaza cualquier asomo retórico de que gracias a los legisladores de ese partido se consiguió una Reforma Energética que apenas hace seis años los priistas consideraban imposible, inviable e incendiaria. 

Y es que en el mundo de las imágenes y las denuncias de palabra y sin pruebas, las malas intenciones se imponen a los hechos.

Así que de nada sirve recordar que este es el Congreso en el que el PRD se despidió de la política del “no” para intentar sumarse a la ola del reformismo, el diálogo y la negociación.

¿Qué importa ese salto de la izquierda perredista si al final, al igual que todos los grupos parlamentarios, quiere despedirse en 2015 con un bono de un millón de pesos?

Porque la especie se difundió. Y nadie en San Lázaro supo desmontar el chisme. No es tarea sencilla cuando la discrecionalidad en los usos y las costumbre del poder salpican por unanimidad. Lo cierto es que el balance de claroscuros —como en cualquier botica, familia que así se considere y vida privada intensa— hoy se nos pierde en el negro de la descalificación acrítica y lapidaria.

¿Cómo valorar los esfuerzos de los propios priistas por escuchar a la oposición, ceder y construir acuerdos, si lo único que trasciende son los legisladores que roncan a pierna suelta en sus curules?

Y ni cómo ayudarlos si la opacidad que históricamente ha caracterizado al Poder Legislativo sigue intacta.

Cómo defenderlos, si en los tiempos de la pluralidad y la alternancia, la línea partidista sustituye al debate. Y la audacia y la creatividad política escasean.  Aquí la disciplina manda. En unos para guardar silencio. En otros para gritar consignas. Y en la mayoría para hacer negocios desde la impunidad del fuero.

Ojalá el INEGI se atreva a levantar un censo de la economía parlamentaria. Sin duda encontrará que no hay legislador destacado sin empresa ni licitación sin padrinos políticos.

Frente a esta realidad de descrédito compartida por todas las fuerzas políticas, el golpe del partido del presidente Enrique Peña está dado, independientemente de la suerte que tenga la recolección de las firmas —un millón 600 mil ciudadanos de la lista nominal que serán validadas por el INE— para solicitar la consulta popular.

Porque el gran público ya respondió con un sí sostenido a la pretendida pregunta de eliminar o no a 100 diputados plurinominales y 32 senadores de representación.

Y frente a una mayoría que disfruta la metáfora del tijeretazo al Congreso, el debate y las razones de las voces autorizadas resultan imperceptibles.

La paliza de eliminemos a esos buenos para nada está hecha, sin importar el juicio de los ministros de la Suprema Corte de Justicia en torno a la viabilidad de la pregunta, la que según algunos invade el tema electoral, uno de los asuntos vetados por la ley de la consulta popular.

Se trata de una advertencia casi equiparable a una declaracón de guerra y de la que no escapan los priistas: político que no da votos que ponga sus barbas a remojar. Esa parecería ser la moraleja.

Sin embargo en las cámaras, los profesionales del cabildeo llegaron por la vía plurinominal, esa que ahora la iniciativa de César Camacho Quiroz, presidente del PRI, considera prescindible y mochable.

Al buen entendedor, pocas palabras, dicta el refrán. Pero a juzgar por las reacciones de los implicados, nadie se atreve a decirle a la crema y nata del poder parlamentario —todos ellos pluris— que ahí les hablan. Cuatro asuntos en puerta nos darán brújula de su capacidad para sobrevivir, dándole la espalda a la comodidad del statu quo.

Uno: ¿podrá el nuevo coordinador del PAN, José Isabel Trejo,  y los beligerantes perredistas renunciar al reparto
—pactado en 2012 y 2013 con la Secretaría de Hacienda, siempre en lo oscurito— de los diez millones de pesos para que cada diputado asigne a su antojo dinero a proyectos de infraestructura, cultura y deporte en su distrito electoral?

Dos: ¿cuando Silvano Aureoles Conejo deje la presidencia de la Mesa Directiva de San Lázaro para buscar la gubernatura de Michoacán, concretarán los dirigentes del PRD —Jesús Zambrano y Jesús Ortega— el relevo generacional en un Fernando Zárate Salgado o sucumbirán a los falsos acuerdos internos y nos harán creer que apoyan a la vetada Aleida Alavez Ruiz, a quien los priistas y panistas no apoyarán en ese cargo?

Tres: ¿se darán los priistas el chance de que el más emblemático de los legisladores plurinominales, Manlio Fabio Beltrones, despliegue sus capacidades de político probado en las riendas del partido en el poder o incurrirán en la alternativa de un cuadro de la tecnocracia?

Y cuatro: ¿podrán los legisladores profesionales —los de representación proporcional— surfear las aguas de la turbulencia de las ficticias bancadas que Morena intentará crear en el último año de esta legislatura?

Son preguntas, ahora tan de moda y con sus respuestas sabremos si los recortables entendieron la lección.

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