Mirreyes azules

La mala racha del panista capitalino no comenzó con la derrota de la Selección Mexicana en Fortaleza, sino con la caída del exlíder local del PRI, Cuauhtémoc Gutierrez de la Torre, con quien planeaba una alianza electoral.

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Ivonne Melgar 05/07/2014 01:37
Mirreyes azules

Más allá de la anécdota de dos supuestos políticos que se van de farra al Mundial de Futbol, acudimos a la puesta en escena de la forma en que se conducen los colaboradores y amigos del hombre que da la cara por el PAN en el Distrito Federal: Jorge Romero Herrera, delegado de Benito Juárez, la única demarcación pintada de azul.

De manera que, independientemente de la responsabilidad de Sergio Eguren Cornejo y Rafael Medina Pederzini en los hechos de violencia y agresión sexual de los que se les acusa en Fortaleza, la estancia  de ambos pamboleros en una cárcel brasileña ha colocado a su jefe en el ojo del huracán.

No es gratuito que Romero haya cambiado de opinión en menos de 24 horas. Primero declaró que no había pruebas en contra de sus principales funcionarios. Pero al advertir que el caso se agravaba, se precipitó a destituirlos.

 Y es que aún asumiendo que son víctimas de la saña carioca y de las influencias de los denunciantes, llama la atención que nadie del PAN haya salido en defensa de Eguren Cornejo y de Medina Pederzini, titulares hasta el jueves de la Dirección General de Desarrollo Delegacional y de la Dirección de Gabinete y Proyectos Especiales en la delegación Benito Juárez, respectivamente. 

Por el contrario, en la búsqueda de referencias de quiénes son los protagonistas del escándalo de los mexicanos detenidos por la policía de Brasil el domingo anterior, nos topamos con el retrato de los mirreyes blanquiazules, el dos y tres de la administración de Jorge Romero, rostros de una de las historias del sexenio del presidente Felipe Calderón, quien dejó en manos de su sobrina política, Mariana Gómez del Campo, la dirigencia capitalina del PAN.

Al igual que el delegado, Eguren Cornejo y Medina Paderzini fueron diputados de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal en el trienio 2009-2012, bajo la coordinación de la ahora senadora. Eran un grupo compacto, al que también pertenecía el actual presidente capitalino del partido, Mauricio Tabe.

Durante buena parte del sexenio, Jorge Romero y Mariana Gómez de Campo compartieron el liderazgo chilango, en su condición de novios. Pero cuando el nexo sentimental terminó, sobrevino la ruptura política. Y los problemas del partido se profundizaron.

Ante el desorden blanquiazul, desde Los Pinos se operó la idea de que el candidato a la jefatura de Gobierno recayera en una persona externa.

Con la derrota de Isabel Miranda de Wallace, en 2012, y el regreso del PAN a la oposición a nivel federal, Jorge Romero —que había ganado la delegación Benito Juárez en apretada contienda— le dio la espalda al calderonismo que lo catapultó.

Eguren Cornejo, Medina Paderzini y Tabe se fueron con el único delegado panista e hicieron alianza con Gustavo Madero, a quien le ofrecieron mover la estructura defeña a su favor. Y fueron eficaces en las elecciones internas de mayo que le dieron la reelección, porque Romero y compañía continuaron haciendo del padrón de la Benito Juárez uno de los más abultados de la República, con una cifra superior a los tres mil militantes.  Y extendiendo sus dominios en Alvaro Obregón y Coyoacán.

No podía ser de otra manera. A la pregunta que de dónde viene el poder de ese grupo, la respuesta siempre apunta a la capacidad de afiliar: desde madres que se inscribían en las estancias infantiles en el sexenio anterior hasta proveedores de la delegación.

Y si bien sabíamos de Romero por el despilfarro de propaganda con el que promueve su imagen, quienes lo conocen de cerca —y lo han padecido porque a sus 35 años sabe de las viejas prácticas de castigar a los que no se alinean como en los mejores cacicazgos priistas del siglo pasado—  hablan de la frivolidad como característica del clan, el gusto por los excesos de la fiesta y un innegable talento para convertir a la dirigencia del partido en su rehén a la hora del reparto de candidaturas y cargos públicos. 

Pero la mala racha del panista capitalino con incidencia en la ALDF, en el Instituto Electoral local y en las instancias clave del partido, no comenzó con la derrota de la Selección Mexicana en Fortaleza, sino con la caída del exlíder local del PRI,  Cuauhtémoc Gutierrez de la Torre, con quien planeaba una alianza electoral. 

Sí. Todos los partidos tienen sus impresentables. Y el PAN ha tropezado con los suyos en Brasil,  en una de las peores semanas para su dirigencia, en la ya prolongada crisis blanquiazul.

Como si no fuera suficiente encarar la negociación de las leyes contra los monopolios con senadores que se pelean entre sí. Y andar aclarando que la versión de la familia Telerín es cosa de un legislador aislado. Como si no bastara con el  bochorno de enmendarle la plana a los ignorantes que se reivindican panistas y “neonazis”, ahora Gustavo Madero atestigua el boquete del último reducto de Acción Nacional en la capital del país.

¿Se quedará de brazos cruzados administrando a los mirreyes azules? ¿O tomará a la coyuntura por los cuernos?

Pronto sabremos de qué madera está hecho.

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