Elecciones 2015 y la cruda realidad

Paulatinamente, el tema de los votos en los comicios federales intermedios ocupa la preocupación central de las cúpulas partidistas.

COMPARTIR 
Ivonne Melgar 28/06/2014 00:34
Elecciones 2015 y la cruda realidad

Aunque el ciclo de las reformas sigue abierto y con dos grandes pendientes, las energías de los partidos y de sus políticos han comenzado a centrarse en las futuras elecciones de 2015.

Las agendas de César Camacho, Gustavo Madero y Jesús Zambrano, dirigentes del PRI, PAN y PRD, respectivamente, ya no se limitan al desahogo de las leyes secundarias en telecomunicaciones y en materia energética.

Paulatinamente, el tema de los votos en los comicios federales intermedios ocupa la preocupación central de las cúpulas partidistas.

Apenas el miércoles anterior, a invitación de la encuestadora GEA-ISA, Camacho, Madero y Zambrano conocieron los resultados de la Segunda Encuesta Nacional de Opinión Ciudadana 2014.

Fue un momento incómodo y desolador para los dirigentes de la oposición. Porque a la pregunta de si tuviera que votar en este momento para elegir diputados federales, 31% de los consultados habría respondido que por el PRI; 15 %, por el PAN; y 9 %, por el PRD.

A pesar de que la aprobación presidencial se mantiene abajo de 40% —como lo han documentado otras firmas demoscópicas—, la marca priista tendría amplias ventajas en la intención del sufragio: de dos a uno frente a los panistas y de tres a uno frente a los perredistas.

El panorama resulta más sombrío para los partidos pequeños, sobre todo en el caso de los de izquierda. Y es que ante el surgimiento del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), de Andrés Manuel López Obrador, con una intención de voto de 3 %, el Partido del Trabajo y Movimiento Ciudadano parecerían eclipsarse con dos y uno por ciento.

La suerte no le pinta mejor a las fuerzas que en 2012 jugaron aliadas con el PRI: Verde Ecologista y Nueva Alianza, tienen 1 %, respectivamente.

Pero no todo está perdido, dirían los optimistas. Ya que la encuesta revela que existe un 41 % de la población que respondió que no votaría por partido alguno o que no sabe aún por quién lo haría o que no quiso responder.

Este amplio margen de indecisos tiene sin embargo sus límites, ya que existen importante núcleos de la población —de acuerdo con esta muestra— que no ocultan su animadversión por los principales partidos: 18 % dice que nunca votaría por el PRD; el porcentaje de rechazo hacia el PRI es de 15% y de 9% para el PAN.

Si bien es cierto que las encuestas no tienen palabra y la experiencia democrática es cada vez más incierta y sorpresiva, esta fotografía de cómo pintan las cosas para 2015 ha prendido las señales de alerta entre los estrategas de las urnas.

De manera que la coexistencia de los afanes reformistas con las preocupaciones electorales irá generando una tensión cada vez mayor entre la necesidad de construir acuerdos y la de comenzar a disputarse la voluntad ciudadana.

Bajo este clima de obligada colaboración y sobrevivencia política, se escribirá en los próximos días el epílogo del proceso de las reformas derivadas del Pacto por México.

Por consecuencia, se pronostica un verano intenso para el Congreso, donde ya saltó el primer desacuerdo en torno a las elecciones del próximo año, ante la oposición del PAN a que los partidos pequeños sean premiados con más prerrogativas y curules cuando se sumen en coalición a los grandes.

Y todo indica que atestiguaremos en los próximos días un escenario de negociación parlamentaria desafiante para el gobierno del presidente Enrique Peña, quien no ha ocultado su interés por cerrar pronto el ciclo reformista. Pero tampoco ha escatimado esfuerzos para lograrlo.

Al respecto, vale la pena subrayar que, muy a pesar de los priistas, en Los Pinos cedieron a las demandas electorales de la oposición: desde la creación del Instituto Nacional Electoral (INE), que centralizará los comicios, hasta la adecuación de las leyes estatales en la materia, pasando por el establecimiento de órganos locales ajenos al control de los gobiernos locales.

Para los priistas, han sido concesiones del presidente Peña al PAN y al PRD, a cambio de las reformas económicas.

Para la oposición, se trata de una moneda de cambio justa que emparejará el piso de la competencia. Y tanto panistas como perredistas confían en que el nuevo andamiaje electoral les será benéfico, al amarrarles las manos a los gobernadores del PRI.

Y es que a juzgar por los resultados que la citada encuesta de GEA-ISA presentó esta semana, los acuerdos legislativos con el gobierno no tienen reconocimiento alguno entre la población. 79 % los desdeña.

Por el contrario, el valor que los mexicanos le confieren a la racha reformista es mínimo. Apenas 21% la considera importante.

De modo que, por lo pronto, los cambios constitucionales en educación, telecomunicaciones y en materia energética no se traducirán en votos.

De ser así, la Reforma Electoral podría convertirse en la única ganancia política del PAN y del PRD por haber participado del Pacto por México. O al menos, esa es la expectativa. Sin ésta, la cruda realidad sería menos soportable.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red