La chicanada del PAN

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Ivonne Melgar 21/06/2014 00:38
La chicanada del PAN

“¡Esta es una chicanada!”, se quejó Silvano Aureoles Conejo, coordinador de los diputados perredistas.

“El PAN se salió con la suya”, resumió el jefe del Partido Verde en San Lázaro, Arturo Escobar.

Estaban molestos. Porque al final de la jornada, habían sido piezas de una negociación en la que no participaron.

Como quien ya esperaba el saldo del operativo, el hombre que controla los hilos en la Cámara de Diputados, Manlio Fabio Beltrones, líder de los priistas, se limitó a decir que era una lástima que los senadores no hubieran tenido tiempo de atender la reforma a favor los minipartidos, ahora en el limbo. 

Esto significa que en 2015 desaparecerían los atractivos que en los últimos años tuvieron en términos de curules y de prerrogativas el Verde Ecologista, PT, Movimiento Ciudadano (MC) y Nueva Alianza (NA) para aliarse con los grandes emblemas.

Y es que el chantaje de la dirigencia de Gustavo Madero fue tajante: si se volvía al tradicional prorrateo de los votos, ellos dejarían las negociaciones de la reforma petrolera, en la que el gobierno ha depositado sus esperanzas de crecimiento.

PRI y PRD cuestionaron el regateo del PAN y apoyaron a sus aliados con una reforma a la Ley General de Partidos Políticos, que prosperó a las 18 horas del jueves en la Cámara de Diputados.

La chiquillada estaba feliz. Volvería el tradicional reparto de los beneficios que las coaliciones han dado a los minipartidos, determinantes en comicios reñidos.

Faltaba la aprobación de los senadores. Pero diez minutos después de que en San Lázaro los blanquiazules sólo sumaron 100 votos en rechazo a lo que llaman “la contrarreforma”, frente a los 335 sumados por PRI, PRD, Verde, PT, MC y NA, la Cámara alta bajó la cortina.

Fue un acto deliberado y alevoso: clausurar los trabajos antes de que llegara la minuta de los diputados. 

El mensaje quedó ahí: la reforma a favor de los minis podía esperar. Y es que la operación del cierre anticipado corrió a cargo de los líderes parlamentarios del PRI, Emilio Gamboa,  jefe de la bancada, y Raúl Cervantes, presidente de la Mesa Directiva del Senado.

Después de esa jugada que ridiculizó a los diputados, pretender que se realice un tercer periodo extraordinario para completar el proceso legislativo, en los siguientes nueve días, resulta por demás iluso.

Y es que a partir del primero de julio, el Instituto Nacional Electoral (INE) pondrá en marcha la maquinaria destinada a los comicios federales de 2015 con el marco jurídico existente.

Ningún cambio posterior al 30 de junio tendrá efecto. Y aun cuando la Suprema Corte le diera la razón a la chiquillada en la acción de inconstitucionalidad en contra de dicha ley, el tiempo sigue jugando a favor de los panistas.

Y así ocurrió este jueves cuando el coordinador de la diputación blanquiazul, Luis Alberto Villarreal García, les ofreció a los legisladores morirse en la raya de la tribuna defendiendo su alegato contra los presuntos partidos rémora, sabedor de que hacia la noche se cubrirían de gloria.  

Más de 20 estaban listos para pasar a tribuna y gritarle el precio a los pequeños. El argumento central lo estableció Fernando Rodríguez Doval, destacado por su capacidad de argumento y conocimiento del tema: “Nos oponemos a que existan partidos parásitos que utilicen la figura de las coaliciones para lucrar políticamente y obtener recursos y representación que no les corresponde”.

El coordinador de los verdes se les fue a la yugular, solicitándoles que asumieran su circunstancia: “Digan, nosotros no tenemos aliados, no tuvimos aliados cuando fuimos gobierno, no tenemos aliados cuando somos oposición porque nos consideramos casta divina”.

Pero no. Los panistas ya se habían coaligado por la vía de los hechos con el jefe de la Oficina de la Presidencia, Aurelio Nuño, con quien acordaron el guión parlamentario. El gobierno cedió desde la noche del miércoles.

Por la mañana, las negociaciones fueron con el diputado Rodríguez Doval, el senador Roberto Gil Zuarth y el secretario general del PAN, Ricardo Anaya.

Hacia la tarde, el cierre del trato corrió a cargo de Madero y Santiago Creel, dispuestos a estirar la liga hasta la consumación de la Reforma Energética.

Fue el colofón de uno de los capítulos marcados por el sello de la actual legislatura: los acuerdos estratégicos entre Los Pinos y la dirigencia del  PAN por encima de los jaloneos en el Congreso.

Sólo que esta vez la jugada de Madero sirvió como una especie de engrudo para que los suyos y los denominados calderonistas cerraran filas para condicionar al presidente Enrique Peña: no apoyarían ningún avance en las leyes secundarias de la Reforma Energética si apapachaba a los minis.

Y todo indica que así será: el conteo de los votos en el caso de las coaliciones no tendrá ganancia para los pequeños que podrían aliarse con el PRI o el PRD.

El diputado Escobar tiene razón: el PAN se salió con la suya. Por ahora, claro. Mientras la liga no se rompe.

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