¿De verdad no es un juego?

Todo indica que las principales víctimas del bullying no son muchachos agraviados por pares. No. Se trata de alumnos maltratados, ninguneados, azuzados por sus maestros.

COMPARTIR 
Ivonne Melgar 14/06/2014 01:06
¿De verdad no es un juego?

Con todo el corazón para Amaranta Manrique de Lara, hoy que el entendimiento
                y las emociones toman su vuelo.

 

La violencia nos estalló ahí donde se resguarda el futuro. Y acaso el escándalo ha impedido dimensionar el tamaño de la crisis.

Porque cuando el acoso escolar se volvió noticia de primera plana, imagen de México en el mundo, la historia de Héctor Alejandro nos dibujó de cuerpo entero.

Sí, eso somos: una sociedad que hoy no sabe resguardar a los vulnerables.

El problema es grave. Y su tratamiento mediático, superficial, farandulero, por encimita, podría profundizar la herida.

Y justo estamos en esa disyuntiva: o tomamos en serio la conmoción de un adolescente que muere columpiado a golpes por sus compañeros de segundo de secundaria en la capital del estado con más alto índice de criminalidad del país. O terminamos por acostumbrarnos a la frivolización del dolor, al uso político del drama.

De eso se trata el dilema que hoy afrontamos cuando decenas de famosos —con auténtico deseo de ciudadanizar sus intenciones— se toman una foto y la suben a Twitter con la leyenda #ElBullyingNoEsUnJuego.

Impulsado desde el terreno artístico por la exitosa conductora Yolanda Andrade, el hashtag se viralizó con personajes de primera línea del negocio del entretenimiento desde la música y el montaje del deporte: Thalía, Camila, El Hijo del Santo, El Piojo. Y luego se sumaron los políticos. Vimos incluso a Gustavo Madero, presidente reelecto del PAN, retratarse con una representante del grupo que se le opone, la senadora Mariana Gómez del Campo, para compartir la etiqueta que significa estoy a favor de la campaña.

Lo interesante del caso es que el entusiasmo en redes sociales alcanzó al gobierno federal, al sumar al titular del Centro Nacional de Prevención del Delito y Participación Ciudadana, Elías Rafful Vadillo, en la iniciativa ciudadana.

Porque el esquema que hasta ahora habíamos observado es al revés: la autoridad busca que los activistas de la llamada sociedad civil legitimen las políticas públicas del poder.

Esta vez, de manera espontánea o premeditada, observamos que un alto funcionario del organigrama de Seguridad Pública, adscrito a la Secretaría de Gobernación, hizo suyo el lema de los famosos para abrir una puerta, la de la violencia escolar.

Capitalizando la emocionalidad de una burbuja virtual, el funcionario federal armó una estrategia vinculada a las escuelas para promover el @Basta_MX, sumándola a la promesa de reparación de espacios escolares y a la propuesta de que grupos de especialistas acompañen a las comunidades educativas en la superación de sus conflictos de violencia.

La plataforma de estas acciones ha comenzado a presentarse como un programa de prevención en los estados con mayores índices delictivos. Ya se lanzó en Sinaloa y Tamaulipas. Y pronto  se retomará en otras entidades, destacando el caso del Estado de México.

Por lo pronto, las definiciones de Rafful Vadillo nos obligan a compartir el beneficio de la duda en tanto su apuesta es intervenir en la agenda más importante, la de la educación, y porque lo hace desde un discurso que se opone a la polarización, al maniqueísmo de buenos y malos, al castigo de los mal portados.

 “Tenemos que trabajar en favor de la prevención. No podemos como sociedad darnos el lujo de condenar a más jóvenes a que no abonen en favor de este país y a que no tengan una vida libre de violencia”, definió Rafful Vadillo.

Opositor a las visiones que buscan desde el Congreso penalizar a quienes incurren en acciones vinculadas al bullying, y a los padres de aquellos que los ejercen, el director del Centro Nacional de Prevención del Delito y Participación Ciudadana le apuesta a la llamada perspectiva de la construcción de la paz.

La realidad, sin embargo, es dura de roer. Y justo en la escuela pública tamaulipeca donde Rafful Vadillo y Yolanda Andrade lanzaron este martes la campaña que pretende revertir la violencia escolar a nivel nacional, las evidencias del desastre saltaron a la vista.

Porque todo indica que las principales víctimas del bullying no son muchachos agraviados por pares. No. Se trata de alumnos maltratados, ninguneados,  azuzados por sus maestros.

Sí, el golpe que terminó por matar a Héctor Alejandro ocurrió después de que la maestra encargada del grupo pidió a sus pequeños verdugos que le mostraran cómo era el movimiento que tenía apanicado al niño y del cual se había quejado con ella.  La profesora se encuentra prófuga.

Y mientras se lanzaba la versión oficial del programa #ElBullyingNoEsUnJuego, en la secundaria de Ciudad Victoria, la madre del alumno que hace un año se suicidó responsabilizaba a la maestra orientadora que lo había humillado. Y que la estructura burocrática protegió ayudándola a escabullirse.

Imposible dilucidar —sin incurrir en la injusticia— de qué están hechas las tragedias cotidianas de nuestras escuelas.

Lo cierto es que, a ojo de buen cubero, estas buenas intenciones son únicamente eso: los gobernadores no quieren despeinarse con las pugnas de la vida diaria en las escuelas, los anuncios son de papel, el sindicato magisterial sigue sin pronunciarse y la tentación de acostumbrarnos al drama comienza a incitarnos.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red