PRD: el festejo y los pendientes

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Ivonne Melgar 03/05/2014 01:18
PRD: el festejo y los pendientes

Como un padre que descalifica a su hijo por no seguir sus consejos, el fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, llega al 25 aniversario del partido con una severa impugnación: dice que está en declive y que así no tiene posibilidades de pelear la Presidencia en 2018. 

La dureza con la que se expresó en la entrevista con Pascal Beltrán del Río, en ocasión del aniversario de la organización y de su cumpleaños número 80, es señal del escaso espíritu de cuerpo que prevalece en la tercera fuerza política del país. 

Sus señalamientos se dan después del fallido intento que algunos perredistas —René Bejarano, Marcelo Ebrard y cercanos al jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera— hicieron para proclamarlo candidato de unidad a la dirigencia, con la pretensión de desplazar a Nueva Izquierda (NI) del control del timón.

Crítico hacia el caudillismo que ha marcado al PRD, Jesús Ortega Martínez, dirigente de NI, conmemora la efeméride con el Encuentro Internacional de la Izquierda Democrática, a fin de reunir los testimonios de políticos de esta adscripción, que pintan su raya con el socialismo estalinista, la violencia revolucionaria, la quimera de la verdad histórica y de los hombres superiores que la encarnan.

El jefe de la corriente mayoritaria, también llamada de Los Chuchos, reconoce que en el PRD hay déficit para asimilar y ejercer los valores democráticos de la tolerancia, el diálogo y el reconocimiento de que la pluralidad obliga a los acuerdos que eviten gobiernos fallidos.

Tanto el desánimo del fundador como el diagnóstico de Ortega dan cuenta de la tensión que caracteriza al partido, derivada de la coexistencia de intereses que lo conforman y del triunfo de ese modelo de reparto de cuotas, costos y beneficios. Porque puede no gustar a muchos, pero funciona y gobierna en el DF, Morelos, Oaxaca y Guerrero, al tiempo que ocupa la tercera fuerza en el Congreso. 

Ese clima que Cárdenas ve como un peligro de ruptura cuando se renueve la dirigencia —en el segundo semestre— es un saldo del giro que el PRD experimentó ya sin López Obrador.

Nos referimos a la participación de la dirigencia de Jesús Zambrano en el Pacto por México —cuyo diseño se le atribuye a Ortega—, una mesa de negociaciones con el gobierno donde el perredismo perdió la virginidad obradorista de nunca sentarse con “los de la mafia del poder”.

De manera que este PRD, que ha entrado en la lógica de los acuerdos, hoy se encuentra más cerca del PRI y del PAN que del Partido del Trabajo, de Movimiento Ciudadano y Morena, sus compañeros de pelea electoral en 2006 y 2012.

Porque todo indica que en el rechazo a la visión rupturista de AMLO no hay retorno: Los Chuchos ya tienen en la bolsa la próxima presidencia del partido para Carlos Navarrete, en mancuerna con Héctor Bautista, dirigente de Alternativa Democrática Nacional (ADN), una alianza a la que ya se sumó Foro Nuevo Sol, de Amalia García Medina.

Conciliar la tendencia de un PRD dialoguista con la defensa de los derechos sociales es un reto que deberán sortear los perredistas frente a la tentación de radicalizarse, como ocurrió con la toma de Reforma en 2006.

La próxima prueba de esa tensión entre institucionalidad y descarrilamiento se dará con la consulta popular de la Reforma Energética, en las elecciones de 2015, una bandera que también hace suya López Obrador.

Un segundo desafío es el relevo generacional. Porque aun cuando Cárdenas es un referente moral, resulta desconsolador el discurso de que solo él puede salvarlos, cuando en la práctica observamos que emergen cuadros capaces de ir apuntalando una nueva cultura de la izquierda.

En esta fase pactista, descuellan como operadores políticos los senadores Armando Ríos Piter y Zoé Robledo; sorprende la audacia para romper dogmas de los diputados Fernando Belaunzarán, impulsor de la despenalización de drogas, y de Fernando Zárate, al único que le escuchamos señalar que el PRD no puede atarse a sus íconos morales si pretende representar a los jóvenes. 

Figuran en la lista de los cuadros que empujan a este PRD, con capacidad para la construcción de acuerdos, los diputados Luis Espinosa Cházaro, al frente de la Comisión Especial para los casos de corrupción en Pemex; Carlos Augusto Morales, Alfa González Magallanes y Marcos Rosendo, todos de NI.

Destacan además, por la suma del trabajo popular con el cabildeo legislativo, el coordinador de los diputados de ADN, Carol Antonio Altamirano y Carlos Reyes Gámiz, vocero de la bancada; así como la líder de los legisladores de Izquierda Democrática Nacional (IDN) en San Lázaro, Aleida Alavez y la estratégica Lizbeth Rosas.

Un tercer reto es la limpia de la corrupción que aqueja al DF, materializada en el escándalo de la Línea 12 del Metro. De eso depende el futuro de Mancera y de Ebrard. Pero sobre todo, la capacidad de dar un trato digno a los gobernados.

Un cuarto reto es el de reconocer que la narcopolítica los ha embarrado. Y ahí el PRD nos sigue debiendo una explicación pública sobre Michoacán y el compromiso de depurar sus filas, una vez que las evidencias de la cooptación del crimen organizado están a la vista. 

Las asignaturas pendientes son tantas como las expectativas que genera en nuestro México desigual e inequitativo una fuerza viva, la más relevante por su potencia movilizadora y porque en el nombre lleva la penitencia: un partido que ofrece la revolución democrática.

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