Línea 12, Los Chuchos y Marcelo

El asunto de fondo es que quienes acusan de negligencia a Ebrard son sus compañeros de partido y hasta hace poco subalternos

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Ivonne Melgar 15/03/2014 00:51
Línea 12, Los Chuchos y Marcelo

En medio de la disputa por el control del Partido de la Revolución Democrática (PRD), la suspensión de la Línea 12 del Metro deja al descubierto los alcances y las limitaciones de los principales actores de esta fuerza política que ahora sólo es capaz de cerrar filas cuando de consignas ideológicas se trata.

Es el caso de la defensa del petróleo y el impulso de una consulta popular sobre la Reforma Energética en 2015. En esa bandera, todos sus grupos están de acuerdo.

Sin embargo, los consensos en torno a sus líderes resultan tan precarios como volátiles, en un terreno propicio a las rupturas y a las alianzas de paso.

Es desde esa perspectiva que debemos entender el enfrentamiento que ahora protagonizan el jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, y su antecesor en el cargo, Marcelo Ebrard, en torno al desastre de las obras del Metro.

Porque, en la práctica, el reparto de culpas resulta grotesco frente a una situación que altera la vida de miles de capitalinos. Y es que se trata de un problema grave que, de no solucionarse pronto, habrá de convertirse en un boomerang para las elecciones intermedias, toda vez que como historia resume ineficacia, despilfarro y mentiras, una trama que bien podrían utilizar los opositores al PRD para descalificarlo como estructura gobernante de la ciudad desde hace 18 años.

El tema entonces es el uso político de la coyuntura y la deliberada intención de generar descrédito para quien fuera “el mejor alcalde del mundo”.

El asunto de fondo es que quienes acusan de negligencia a Ebrard son sus compañeros de partido y hasta hace poco subalternos. Y que a esta andanada se suman el silencio y la escasa solidaridad de los cuadros políticos profesionales del PRD que antes le guardaron pleitesía.

Han sido reacciones que comprueban que el exjefe de Gobierno no logró construir una base política que sobreviviera a su salida del poder y que fuera suficiente para pelear el timón perredista.

Sabedores de esa circunstancia, Los ChuchosJesús Zambrano, actual presidente del partido, y Jesús Ortega, líder de Nueva Izquierda— buscaron en los primeros días de marzo a Ebrard para plantearle un acuerdo a cambio de que cesara en su campaña en contra de esa corriente hegemónica del PRD.

Durante 2013 y en lo que va de 2014, Ebrard torpedeó el Pacto por México y la acción negociadora de la dirigencia con el gobierno de Enrique Peña.  Quería posicionarse como la alternativa y llegar a la renovación de la dirigencia —calendarizada para el primer semestre del año, pero aún sin fecha ni método definidos— como el candidato de una postura más radical. Se acercó a Izquierda Democrática Nacional (IDN), del profesor René Bejarano. Como los números seguían sin serle favorables, entusiasmó a Cuauhtémoc Cárdenas en esa leyenda de que sólo él puede salvar al partido y, recientemente, amagó con irse a Movimiento Ciudadano (MC) si en su organización seguían sin valorarlo.

Pragmáticos, cómodos en su rol de administradores de una fuerza que desde la oposición gobierna a la gran metrópoli, a entidades federativas importantes y es parte determinante del Congreso, Los Chuchos decidieron recuperar la alianza que tenían en el sexenio anterior con el jefe de Gobierno.

Así que Zambrano, Ortega y el candidato de Nueva Izquierda para la próxima presidencia perredista, Carlos Navarrete, se reunieron con Ebrard para ofrecerle su incorporación al Consejo Nacional en un lugar prominente, llevarlo a la Cámara de Diputados en 2015 como coordinador de la bancada y darle la representación en Guerrero cuando su hijo político Armando Ríos Piter busque la gubernatura.

El trato que le hicieron Los Chuchos a Marcelo incluyó la garantía de que si desde San Lázaro y en el partido lograba fortalecer su liderazgo, sin duda sería respaldado en sus aspiraciones presidenciales hacia 2018.

Al prometerle ese pase al futuro, Zambrano y Ortega tuvieron que desdecirse de la promesa que se habían hecho a sí mismos en 2011, la  de no volver a auspiciar a Ebrard, después de que los dejó colgados de la brocha cuando —sin tomarlos en cuenta— resolvió dejarle el camino libre a Andrés Manuel López Obrador con el cuento de “ahora él y en el 2018 yo”. Luego vendría la salida salomónica de que en las encuestas estaban empatados y que por unas micras el tabasqueño debía concretar la candidatura.

Pero AMLO se fue a consolidar Morena. Porque ni siquiera él —con quien sí cerraban filas casi todos los perredistas— logró someter a Los Chuchos, constructores de una dinámica de representación política que ha hecho del PRD una confederación de grupos y en la que ellos han sabido mantenerse como mayoritarios.

Ebrard escuchó la propuesta y dijo que lo pensaría. Una parte clave del trato era no seguir entusiasmando a Cárdenas con una candidatura de unidad.

Por eso en el famoso selfie del ingeniero con sus promotores a la presidencia del PRD no vimos al exjefe de Gobierno. La foto, sin embargo, preocupó y ocupó a Los Chuchos, quienes pronto descubrieron que el auspiciador era el secretario de Gobierno, Héctor Serrano, en un intento por construirle a Mancera su propia fuerza.

Zambrano aprovechó la coyuntura para pactar con el jefe de Gobierno la desactivación de la candidatura única y una alianza que permita a Carlos Navarrete encabezar el partido.

Con Mancera en la misma alineación, Los Chuchos emprenderán esta semana, en el marco del Consejo Nacional del PRD, la ruta hacia el 2015. Saben que no será una línea dorada. Pero confían en que su autor irá con ellos.

 

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