El relanzamiento de EPN

La oposición sabe del valor político y del significado que en el imaginario colectivo tiene el regreso del delincuente a su celda.

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Ivonne Melgar 01/03/2014 04:13
El relanzamiento de EPN

El impacto de la noticia, su trascendencia internacional, el amplio conocimiento del protagonista, la espectacularidad de su fuga hace 13 años, el cuento de que era uno de los más ricos del mundo, entre otras situaciones popularmente manoseadas, hicieron de la captura de Joaquín Guzmán Loera el momento para relanzar al gobierno de Enrique Peña.

Un año atrás, el elbazo generó el mismo efecto: asombro y reconocimiento, una percepción de que había mano firme en Los Pinos y capacidad para afrontar a los intocables.

En aquel febrero de 2013, el encarcelamiento de la exlíder magisterial fue visto como la confirmación presidencial de su compromiso con el Pacto por México, cuyo primer resultado, la Reforma Educativa, al menos teóricamente, quitaba al SNTE el control sobre la asignación de plazas y de ascensos docentes.

El desbordamiento de las movilizaciones de resistencia y rechazo a los cambios constitucionales por parte de la Coordinadora diluyó aquella percepción hasta convertir el tema en un sinónimo de problema, conflicto y empantanamiento.

La mala racha gubernamental continuó en el plano económico, se acentuó con una impopular Reforma Hacendaria y tocó tierra con las crisis de las autodefensas en Michoacán, donde en este 2014 comenzó la fase de rectificación con el envío del comisionado federal para la entidad, Alfredo Castillo.

Independientemente de si estamos o no a favor, el presidente Peña optó por el camino de la negociación con las policías comunitarias y éste ha contado con el apoyo de todas las fuerzas políticas. El PRD cerró filas con la alternativa. Y el PAN dejó de reclamar la desaparición de poderes.

Sin perder la ofensiva, el gobierno abrió nuevos frentes al presentar ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) una controversia constitucional para resguardar las tareas del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), regulador del sector y encargado de poner en marcha la segunda gran reforma que el Pacto formuló.

En esa misma dirección, la PGR consiguió una orden de aprehensión contra Gastón Azcárraga Andrade, expropietario de Mexicana de Aviación y de Grupo Posadas, por los delitos de fraude fiscal y operaciones con recursos de procedencia ilícita.

En esas estábamos, advirtiendo la evolución de un gobierno dispuesto a ejercer su poder y los instrumentos legales que, gracias al Pacto, el Congreso le dio en el primer año del sexenio, cuando llegó la captura de El Chapo.

Imposible minimizar el logro. Porque con los agentes de la DEA incluidos, Peña ha conseguido, a 15 meses de iniciado su sexenio, una demostración de fuerza que sus dos antecesores buscaron infructuosamente.

Ya contó Rubén Aguilar, exvocero del presidente Vicente Fox, la frustración con la que el general Clemente Vega, entonces secretario de la Defensa Nacional, le reportó en dos ocasiones a su jefe que el capo del cártel del Pacífico se le había vuelto a escabullir.

En lo personal, atestiguamos cómo en el gabinete de Felipe Calderón, dar con El Chapo siempre fue el golpe que se buscó, hasta el último minuto de una gestión que había perdido la guerra contra el narco en el plano mediático y que estaba urgida de un trofeo.

Sin ocultar el enojo cuando algo desbordaba a su equipo, el expresidente padeció como una afrenta personal el debut de Guzmán Loera, en 2009, en la lista de la revista Forbes. La noticia lo alcanzó en el Foro Económico Mundial de Davos. Despotricó contra los editores por los criterios que empleaban en su evaluación.

Tan relevante era el tema en términos simbólicos que ante el estancamiento en las intenciones de voto a favor de la candidata presidencial del PAN, Josefina Vázquez Mota, en el cuarto de guerra de su campaña se hablaba de la vela encendida para que se hiciera el milagro de encontrar a El Chapo.

Con estos antecedentes resulta previsible un repunte en la popularidad presidencial, ubicada en enero en el punto más bajo de la historia de las encuestas.

Porque con excepción de Andrés Manuel López Obrador, que sin rubor ha dicho que la captura es una cortina de humo, la oposición sabe del valor político y del significado que en el imaginario colectivo tiene el regreso del delincuente a su celda. 

Al margen del curso judicial del caso, la detención traerá consecuencias políticas porque conlleva un mensaje: el PRI está de vuelta.  

Se trata de un nuevo escenario que obliga al PAN y al PRD a redefinir sus banderas frente a un gobierno dispuesto a construirse el sello de la eficacia.

Más que esperar a que las cosas fallen, la oposición está llamada a evidenciar simulaciones, a conseguir que esa pretensión presidencial no sea un montaje, a evitar que el ejercicio del poder se quede en un alarde de fuerza.

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