Calderón vs. el cacique azul

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Ivonne Melgar 25/01/2014 01:52
Calderón vs. el cacique azul

PUERTO VALLARTA.-  Con los rituales propios del caciquismo mexicano, una marca política nacional de la que ningún dirigente ni partido ha querido tomar distancia, Gustavo Madero demostró aquí su ascendencia sobre la mayoría de los 114 diputados blanquiazules, un frente clave para sus propósitos de reelección.

En el encuentro hubo ovaciones, porras, caravanas, fotos y el grito de “¡presidente, presidente!”, en clara alusión anímica a la disputa interna que viene.

De modo que la plenaria de los panistas de San Lázaro —organizada en este destino turístico como antesala al periodo ordinario a iniciarse en febrero— se convirtió en un atento aviso de que Madero tiene parte del aparato partidista a su favor.

El apapacho legislativo al dirigente de Acción Nacional contrasta con las encuestas de popularidad que colocan a la excandidata presidencial Josefina Vázquez Mota y al senador Ernesto Cordero muy por encima de aquel en las posibles intenciones de voto de la militancia azul.

Pero esos sondeos sobre el relevo de la presidencia partidista no le quitan el sueño a los operadores de Madero, en su mayoría diputados —Jorge Villalobos, José Isabel Trejo, Juan Pablo Adame, Aurora Aguilar, Consuelo Argüelles, Arturo Salinas, Víctor Serralde, Rubén Camarillo, Isaías Cortés, Heberto Neblina— que ya se encargan de preparar la campaña para llevarlo a un segundo tramo en la conducción panista.

Y es que ellos saben que en la elección —que por primera vez recaerá en la militancia y no entre los consejeros nacionales—  lo determinante será el control de las estructuras locales partidistas y que éstas paulatinamente han quedado bajo el dominio maderista.

Ninguneado por sus detractores, el dirigente del PAN desplegó una estrategia que le permite sumar ahora a la mayoría de los gobernadores y a cuadros como Santiago Creel, Marco Antonio Adame y Alejandro  Zapata Perogordo —los enlaces panistas en el Pacto por México—, así como a figuras que deliberadamente empujó a los reflectores, como el líder de la
Cámara, el diputado Ricardo Anaya Cortés.

La competencia, sin embargo, será dura y cerrada. Y de hecho ya lo está siendo desde el frente que en el Senado lidera Ernesto Cordero, quien logró en el arranque del año capitalizar con un discurso de “limpiemos al partido” la difusión del audio en el que pide al diputado Fernando Rodríguez Doval que hundan a Madero quitándole la coordinación de la bancada a Luis Alberto Villarreal, el principal activo del actual presidente blanquiazul en el Congreso.

El argumento del ex secretario de Hacienda es que la actual dirigencia ha llevado al PAN a la corrupción —en referencia a los llamados moches, comisiones que los diputados habrían cobrado a alcaldes para gestionarles recursos para obras— y a una peligrosa cercanía con el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Lo cierto es que en la guerra de lodo que viene los maderistas también tendrán tela de dónde cortar para revirarle al senador Cordero, quien aglutina a los fieles del expresidente Felipe Calderón, cuyo sexenio según la Auditoría Superior de la Federación (ASF) tendría en la Estela de Luz, el mal uso de los recursos públicos, tema que pronto volverá a ser materia de escándalo y escarnio, cuando se presente la  revisión de la Cuenta Pública del cierre de la administración anterior.

Al final, más allá de los nombres y de los casos, el PAN perdió desde hace un buen rato la imagen de organización impoluta. Y lo que hay es un enfrentamiento por el poder a secas.

Porque tampoco es creíble que unos panistas sean menos proclives al acuerdo con el gobierno. En absoluto. El PAN de hoy nada tiene que ver con el purismo de los doctrinarios. En la práctica todos tienen el sello negociador de Diego Fernández de Cevallos y aspiran a emularlo en sus exitosos cabildeos en Los Pinos.

Se trata de una guerra por el timón del partido donde nació, creció y tiene su futuro político el expresidente Calderón, decidido a enfrentarse a Madero, la versión panista del político populachero, el cacique blanquiazul, rodeado de cuadros más cercanos al perfil priista de la cultura del esfuerzo que a los descendientes de sangre azul que fundaron el PAN.

De ahí que el regreso a la escena pública de Calderón y su esposa Margarita Zavala —que ya busca ser la candidata presidencial de 2018— tendrá un impacto en el tablero del PAN y permitirá medir hasta dónde pudo avanzar Madero en el control blanquiazul.

Eso es lo que viene: la reincorporación de lleno en la pelea partidista de Calderón, un político talentoso que dirigió al PAN; que bajo el lema del hijo desobediente se hizo de la candidatura presidencial desafiando a su antecesor Vicente Fox, y que este jueves ventiló en Davos el malestar que le genera la dirigencia maderista. “No hablemos de cosas tristes”, comentó al ser interrogado sobre la situación de su partido. Lo que viene es la polarización del PAN: calderonismo contra maderismo. 

Tan es así que la candidata presidencial que sumó 13 millones de votos en 2012 y que sin duda cuenta con las simpatías de miles de panistas, ha optado por replegarse en esta coyuntura y difícilmente la veremos —como aspira Cordero— adherirse a uno u a otro polo.

Atestiguaremos una lucha inédita: un expresidente de la República que abiertamente buscará quitar de la cúpula de su partido al hombre al que minimizó y que creyó manejable cuando en noviembre de 2010 le ayudó a llegar a la dirigencia. Y todo parece indicar que el cacique azul sobrevivirá en el primer round.

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