Los perdedores

La derrota del PRD ha sido mayúscula. Va más allá del drama de su retórica contra “los vendepatrias”.

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Ivonne Melgar 14/12/2013 01:21
Los perdedores

Los cambios constitucionales concretados esta semana para Pemex y CFE fueron posibles gracias a la dinámica de acuerdos generados entre el presidente Enrique Peña y las cúpulas del PRI, PAN y PRD en el Pacto por México.

Al margen de su actual receso o pronta extinción, ese mecanismo puso en marcha una mesa de negociaciones que le permitió al gobierno sacar adelante la Reforma Hacendaria, haciendo suya la plataforma fiscal de la izquierda (no al IVA en alimentos y medicinas y mayores impuestos a los que más tienen).

Aquella decisión marginó a los panistas, quienes prepararon su revancha para cuando llegara el turno de la Reforma Energética.

Siguiendo el ejemplo del PRD, que sacó provecho de su mancuerna hacendaria con el gobierno (fondo de capitalidad y para la reconstrucción de Guerrero, entre otros beneficios), el PAN condicionó su respaldo al cambio de rumbo de Pemex: concretar antes la reforma político-electoral. El gobierno cedió.

Vino una condicionante más del PAN: sólo irían a la transformación del sector, si se garantizaba con todas sus letras la apertura a la inversión privada en la Constitución.

Cuando el gobierno comenzó a preparar el dictamen a imagen y semejanza del proyecto petrolero panista, el presidente del PRD, Jesús Zambrano, anunció su salida del Pacto.

Ha sido un desplante mediático. Porque aun cuando se decrete la muerte del membrete, los perredistas mantendrán el diálogo con el gobierno para concretar sus demandas. Como ocurre ahora con la Reforma Política del DF y la ley de la consulta popular.

El asunto fue cabildeado en la mesa del Pacto: los perredistas dejarían de torpedear el proceso de aprobación de la Reforma Energética, si en la Cámara de Diputados se aprobaba un marco regulatorio que diera validez a la consulta propuesta por Cuauhtémoc Cárdenas para decidir la suerte del petróleo en las elecciones intermedias de 2015.

De esa forma, Zambrano y Jesús Ortega tendrían —con el liderazgo del ingeniero— una salida política diferente a la movilización convocada por Andrés Manuel López Obrador. Y el gobierno cedió en darle legitimidad a la estrategia.

La operación se concretó en San Lázaro, donde el jefe de la bancada priista, Manlio Fabio Beltrones, cuidó que la ley dejara satisfechas a todas las tribus perredistas.

Con estos antecedentes, la gestación de la Reforma Energética no sólo ha puesto a prueba al gobierno y a la clase política, sino que también permite cerrar un ciclo que arroja una lista de ganadores y perdedores.

La de ganadores es sin duda encabezada por Peña; el secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, y los líderes parlamentarios de su partido: Beltrones y el senador Emilio Gamboa.

Y pese al ridículo de varios legisladores, los presidentes del Senado, Raúl Cervantes, y de la Cámara de Diputados, Ricardo Anaya, ganaron al legitimarse como representantes de un poder vigente y sortear los cercos foráneos e internos de esta coyuntura.

En un segundo plano, el PAN figura entre los ganadores. Su agenda petrolera avanzó hasta herir simbólicamente al sindicato de Carlos Romero Deschamps, al quitarle su asiento en la administración del futuro Pemex. Y si bien el gobierno dio juego al grupo del senador Ernesto Cordero, la dirigencia de Gustavo Madero consiguió, con creces, demostrar su hegemonía.

Era cosa de escuchar las intervenciones de los diputados Juan Bueno y Rubén Camarillo para confirmar que los panistas se sienten y se consideran autores intelectuales de la reforma. Y así habrán de cacarearla.

En cuanto a la lista de los perdedores, la dirigencia del PRD lleva mano. Independientemente de si les asiste o no la razón al descalificar la reforma, Zambrano y Ortega perdieron en una madrugada guadalupana lo que habían conseguido en un año de Pacto: mostrarse como un partido capaz de dar la batalla desde las instituciones.

A diferencia de los senadores perredistas, que dieron prioridad al debate, los diputados de la izquierda perdieron por default con el escándalo del bloqueo al salón de sesiones de la Cámara.

Y como si ese acto de documentado vandalismo no hubiera sido suficiente para caricaturizar la defensa del petróleo, los diputados Karen Quiroga y Antonio García Conejo se llevaron la nota: ella con golpes y rasguños contra la priista Landy Berzunza; él, desnudándose desde la tribuna alterna, mientras pretendía exponer su reserva legislativa.

Sus patéticos espectáculos no son anécdotas aisladas. No. Ambos mostraron el drama del PRD: un partido compuesto por cuadros con arrastre en sus comunidades pero de una pobreza política e intelectual de espanto.

Por supuesto que la izquierda cuenta con legisladores profesionales. Pero, en los hechos, su mayor arraigo y fuerza electoral se encuentra ligada a los Quiroga y a los García Conejo, representantes de un populismo clientelar que ancla al partido en el activismo precario.

La derrota del PRD ha sido mayúscula. Va más allá del drama de su retórica contra “los vendepatrias”. Es el fracaso del que quiere pero no puede cambiar.

Y aunque la Reforma Energética es hija del Pacto por México, los perredistas dirán que se trata de una criatura ilegítima. Entonces los seguidores de Morena sacarán provecho de la paternidad irresponsable de la izquierda pactista y le llamarán reforma espuria.

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