Soñadores

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Gustavo Mohar 17/08/2014 02:15
Soñadores

En las últimas semanas los medios de comunicación difundieron con amplitud la llegada, en apariencia sorpresiva, de miles y miles de niños y jóvenes de Centroamérica y de México que se presentaron de manera espontánea ante las autoridades migratorias de nuestros vecinos del norte. Como suele suceder, al dejar de aparecer en las noticias nos hace pensar que el asunto se resolvió de alguna manera o simplemente ya pasó, pero en realidad no es así, eso no ha sucedido.

Al escribir esta columna parece que ya se han deportado a muchos de estos menores a sus países de origen, pero hay muchos otros que lograron evitar su expulsión cuando sus parientes o amigos presentaron mociones legales y ellos se encuentran hoy en una especie de limbo jurídico.

En septiembre próximo regresa a sesionar el Congreso de ese país y será entonces cuando se decida su futuro. Días antes de entrar en receso, un grupo de representantes Republicanos introdujo un proyecto de ley, en el cual prevén asignar cientos de millones de dólares para acelerar la deportación de estos menores migrantes, también incluye una condición adicional, por la cual prohíben al gobierno de Obama continuar con el programa conocido por el acrónimo en inglés DACA, que significa diferir por un periodo la expulsión de menores de edad que están indocumentados a ese país; incluye también a ciertos veteranos de guerra.

En 2012, la Casa Blanca promovió y obtuvo el apoyo legislativo para dar oportunidad de permanecer en el país a menores que ingresaron a Estados Unidos, cuando todavía no habían cumplido los 16 años de edad, lleven cinco años viviendo en ese país, estén cursando estudios y no tengan ninguna acusación penal o representen una amenaza a la “seguridad pública o a la seguridad nacional”; por último, pero muy importante, tiene que demostrar que ingresaron al país de manera ilegal antes de la fecha de entrada en vigor de esa ley.

El objetivo es muy claro: no se puede culpar ni castigar a un menor de edad que fue llevado por sus padres sin los documentos necesarios; que se integró como cualquier otro niño estadunidense a la escuela y a la vida social de su comunidad. Se responde así al absurdo de expulsar a estudiantes brillantes, atletas, artistas o simples jóvenes que sólo contribuirán al bienestar y prosperidad de sus comunidades.

A este grupo de beneficiarios se les denominó dreamers en español soñadores, palabra que refleja lo que ellos son: jóvenes hombres y mujeres en su mayoría provenientes de países en desarrollo, que como sus padres, aspiran alcanzar el “sueño americano”.

Se estima que cerca de 1.7 millones de jóvenes adultos y niños podrían ser beneficiarios de este programa; de ellos, medio millón tienen menos de 15 años; 170 mil entre nueve y 11 años y 110 mil 100 no rebasan los ocho años. Del gran total antes señalado 65% o sea 1.1 millón son de origen mexicano, seguidos en número por salvadoreños y guatemaltecos. Los tres países alcanzan 75% de la población beneficiada.

Los promotores de esta idea fueron dos senadores republicanos: Jeff Sessions, de Alabama, y Ted Cruz, de Texas. Me pregunto: ¿Qué justificación pueden tener para pretender expulsar a estos soñadores, para separarlos de sus familias, regresarlos a un país que dejaron de niños y hoy les será ajeno; siendo que muchos ellos están orgullosos de sentirse estadunidenses? ¿En verdad creen que esta población representa una amenaza a la seguridad de Estados Unidos? El senador Cruz, acérrimo enemigo de la migración, tiene más en común con estos soñadores de lo que uno podría imaginar: nació en Canadá, un país distinto a Estados Unidos, sus padres lo llevaron a EU cuando era un niño, dice sentirse estadunidense por ser el único país que conoce y renunció a ser canadiense sólo cuando un periódico denunció que tenía ambas nacionalidades, lo cual le impedía aspirar a la presidencia de su país de adopción en 2016. ¿Sufrirá amnesia el senador Cruz? ¿Se le olvidó que sus padres también fueron soñadores?

El presidente Obama tendrá que sumar a su larga lista de problemas evitar que este nuevo disparate republicano prospere. A unas semanas de las elecciones intermedias, que podrán ser catastróficas para el resto de su gobierno, los radicales de derecha aprovecharán cualquier gesto favorable del Presidente para defender a los afectados potenciales, para acusarlo de premiar a quien violó la ley, resaltar el fracaso de su política migratoria y exacerbar los ánimos de los votantes opuestos a cualquier tipo de beneficio a los migrantes indocumentados.

Habrá que ver también la reacción de estos jóvenes al momento que sepan que su futuro se ve amenazado. Hace algunos meses, un valiente grupo de estudiantes de origen mexicano hizo un gesto de protesta al ingresar a nuestro país e intentar regresar a Estados Unidos sin contar con los documentos necesarios, poniendo en jaque a las autoridades, quienes se vieron obligadas a buscar una salida jurídica que les permitiera regresar y evitar el ridículo de verlos varados en la garita del país donde han vivido.

        *Director de Grupo Atalaya

            Twitter: @GustavoMohar

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