Cuba y su insularidad (I)

El gobierno cubano limitó por décadas la salida voluntaria de sus ciudadanos.

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Gustavo Mohar 08/12/2013 01:20
Cuba y su insularidad (I)

En el estudio de las migraciones internacionales,  el caso cubano es de los que más interés despierta. Conjuga factores únicos: se trata de  una pequeña isla a escasos 140 kilómetros de las costas de Estados Unidos, su diáspora iniciada con motivo de la revolución socialista hoy alcanza cerca del 10% de su población, es decir, un millón de cubanos que se han convertido en un grupo de presión política nada desdeñable.

Al insertarse la relación con Cuba en la Guerra Fría, el gobierno estadunidense y su Congreso emiten en 1966 una ley sin parangón conocida como la Ley de Ajuste Cubano. En esencia, establece que aquel ciudadano de la isla que llegue a sus fronteras será automáticamente recibido, protegido y tendrá una manera expedita de integrarse al bienestar y forma de vida del país que lo recibe por considerar que huye de un régimen comunista.

Al mismo tiempo, el gobierno cubano limitó por décadas la salida voluntaria de sus ciudadanos. Bajo el argumento que todos están obligados  a sumar esfuerzos para la mejoría de la mayoría, el que quisiera salir traicionaba los principios socialistas de solidaridad  y esfuerzo colectivo, pues el pueblo había contribuido a pagar su educación, salud y formación.

La cercanía con Miami propició que miles de cubanos  intentaran llegar a sus costas, muchas veces perdiendo la vida en el intento, pero siempre con una enorme imaginación y talento que hacían lanchas de los coches, yates de pequeñas lanchas pesqueras o improvisadas balsas.

Expresión máxima es el caso  del niño Elián González, que con apenas siete años, sobrevivió en una llanta el hundimiento de la lancha donde viajaba con su madre mientras lo rescataba la guardia costera de Estados Unidos. Por meses, se desató un debate nacional sobre qué hacer con el pequeño: regresarlo con su padre a Cuba o dejarlo a cargo de la familia de su madre en Miami, furibunda anticastrista. Congruente con su  principio migratorio de preservar la “unidad familiar”, el gobierno lo entregó a su padre y ahora es fiel vocero del régimen.

La migración cubana a México no está exenta de peculiaridades. En ambos países hay una auténtica simpatía mutua. A partir del triunfo de la revolución castrista, se desarrolló un intenso intercambio de profesionistas en ambos sentidos. Cuba ha firmado decenas de convenios con entidades federativas mexicanas por los cuales se intercambian estudiantes, doctores, entrenadores deportivos, cirujanos. Artistas de toda expresión son referencia obligada en el desarrollo de la cultura popular mexicana y viceversa.

La población isleña radicada en México es pequeña, apenas rebasa las 10 mil personas, lo que representa el 3.9% del total de extranjeros que residen en nuestro país; sin embargo, es mayor que la guatemalteca, sólo por debajo de la estadunidense, canadiense, colombiana y española.

Rompiendo una larga historia en la que el migrante cubano indocumentado no llegaba a tierras mexicanas, en 2007 se inició un flujo creciente de balseros hacia las costas de Cozumel y Cancún. Organizado por bandas de traficantes ubicados en Miami, con sus socios en el sureste mexicano y  contactos en la isla, los migrantes eran transportados a las aguas territoriales cubanas, donde abordaban  yates robados en Miami que los llevaban a las playas mexicanas y, de allí, al puerto fronterizo de Laredo, donde corrían a pisar tierra estadunidense y ser aceptados gracias a la ley antes citada.

El asunto creció y con ello el delito, el abuso, la trata y la violencia ante tal situación; en octubre de  2008, ambos gobiernos suscribieron un acuerdo migratorio sin precedente. Por primera vez, el gobierno cubano aceptó recibir a sus nacionales detenidos en México, quien se comprometió a dar un trato digo y de respeto a sus derechos humanos. De manera automática, el flujo irregular disminuyó drásticamente.

Como parte de las reformas iniciadas por el presidente Raúl Castro, en enero de 2013 entró en vigor una liberación radical en su política de control migratorio. A partir de esa fecha, los cubanos que tengan pasaporte y visa del país al que se dirijan pueden dejar la isla. Asimismo, aquellos que residen en otro país y que no podían regresar, ahora lo pueden hacer. Con ello, el régimen deja atrás la prohibición de salir de su territorio, al tiempo que facilita la reintegración de su diáspora.

                *Consultor independiente

                Twitter: @GustavoMohar

                gustavo.mohar@gmail.com

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