Julio Camejo

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Gustavo A Infante 13/02/2014 00:00
Julio Camejo

Debo confesarles que soy una persona a la que le cuesta en muchas ocasiones demostrar lo que siente, pero en este caso es inevitable hacerlo, primero, porque quiero y respeto profundamente a mi buen amigo Julio Camejo, y, segundo, porque no sólo es talentoso, sino que además es un extraordinario ser humano y lo he constatado en muchas ocasiones. Es un chavo que siempre tiene una sonrisa en la cara, siempre está de buen humor, no le hace daño a nadie y siempre está dispuesto a ayudar a los demás. Así es Camejo. Déjenme contarles que lo conocí desde que él inició en esta carrera. He sido testigo del trabajo arduo que ha hecho para poder ganarse un lugar en este medio tan complicado. Lo he visto en muchas etapas de su vida, pero sin duda hoy atraviesa la más dura y difícil. Hace un par de semanas tuve oportunidad de hablar con él  porque tenía la intención de hacerle una entrevista en su restaurante porque además es un chavo que tiene buena relación con toda la prensa y que siempre está dispuesto a colaborar con nosotros. Pensé que sería una buena idea saber cómo iba su faceta como empresario, porque he visto varios casos de famosos que fracasan con sus restaurantes. La verdad es que la respuesta que me dio jamás me la hubiera imaginado. Me sorprendió con la noticia de que ya no tenía su negocio ni carro ni muchas otras cosas más, debido a que las vendió para pagar los tratamientos de su padre, que enfrentaba el cáncer y que tristemente perdió la batalla. Me dejó en shock. No podía creerlo. No supe qué decirle y tampoco supe cómo consolarlo. Me quedé sin palabras, pero el escucharlo con todas las esperanzas y deseos de que su padre pudiera salvar su vida y con la firme convicción de que haría hasta lo imposible por tenerlo a su lado hizo que reafirmara lo maravilloso y excelente ser humano que es. En ese momento no dije nada. No era un chisme que dar ni mucho menos una nota de ocho columnas. Ante todo están el respeto y la amistad. Entendí perfecto que era algo delicado que nadie tenía por qué enterarse. Como familia, lo único que deseaban era privacidad. Sabía el momento doloroso que estaba atravesando y, por ética profesional, no hablé de más. Pude verlo ayer, y aunque sigue hiperactivo, moviéndose de un lado a otro, hablando sin parar un solo momento, pude percibir el dolor que lleva dentro. Es normal, la muerte de su padre aún es muy reciente. En sus ojos hay tristeza y mucho dolor. A pesar de todo, tenía una sonrisa en el rostro. No sé cómo le hace, pero es un chavo que transmite paz y tranquilidad pese a lo que vive. Tiene una gran razón para luchar y seguir adelante, que es su pequeña hija, quien por cierto lo trae loco. Tiene muchos planes de trabajo y me contó en exclusiva que a finales de este mes viajará a Brasil, ya que fue invitado al Carnaval de Río de Janeiro, en donde representará a México. Dice que cuando recibió la llamada no entendía absolutamente nada; no sabía las razones por las que lo eligieron a él. Después le explicaron que era por las grandes causas que él apoyaba y porque el primer desfile de este carnaval se nombró “Igualdad”, en donde participarán personas minusválidas, ciegas, sordas y él estará acompañando a una de ellas durante todo el recorrido, así que lo consideró una hermosa experiencia además de un gran honor.

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