Las entrevistas de Carballo

Fue él quien “descubrió” a Juan José Arreola y a Juan Rulfo.

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Gerardo Laveaga 02/05/2014 00:00
Las entrevistas de Carballo

A Emmanuel Carballo le ocurrió lo mismo que a Aldous Huxley: murió en mal momento. Cuando, el 22 de noviembre de 1963, el mundo entero expresaba su estupor e indignación por el asesinato de J.F. Kennedy, nadie —o casi nadie— reparó en el deceso del genial novelista inglés. Ante la marejada que provocó el fallecimiento de Gabriel García Márquez, el del mejor crítico literario de México pasó casi inadvertido.

Pero eso no resta méritos a Carballo. Fue el mayor enterrador y desenterrador de talentos que tuvimos en la segunda mitad del siglo XX. “Soy una figura molesta pero necesaria”, dijo muchas veces de sí mismo. Fue él quien “descubrió” a Juan José Arreola y a Juan Rulfo y quien publicó los primeros artículos de Mauricio Tenorio y Jorge Volpi, entre otros muchos.

Le conocí durante mi gestión como secretario particular de Eduardo Lizalde, en la Dirección General de Publicaciones y Medios de la SEP, y no me pareció, en absoluto, el ogro que todos dibujaban. Me dedicó generosamente Protagonistas de la literatura mexicana, que acabábamos de reeditar. Desde entonces, leo y releo el libro con fruición.

Trata sobre la riquísima vida literaria del país en la segunda mitad del siglo XX y consta de 20 entrevistas que realizó el propio Carballo. Posee una frescura que no sólo le ha valido múltiples reimpresiones, sino que le ha convertido en lectura obligada para todos aquellos que estudiamos o gozamos la literatura de nuestro país.

Las entrevistas comienzan con José Vasconcelos y terminan con el capítulo “Jóvenes maestros”, entre los que descuellan Rosario Castellanos y Carlos Fuentes. La gran ausencia —y quizás por ello el libro intentó ser relegado en algún momento— es Octavio Paz. El propio Carballo explica esta ausencia en la entrevista que hace a Elena Garro: “Gracias a ella, a sus intrigas, dejé de hablarle a Octavio Paz”. La entrevista, finalmente, se incluyó en ediciones más recientes.

Lograr una buena entrevista no implica trascribir textualmente lo que dijo un entrevistado, sino conocer el tema sobre el que se pregunta y un olfato privilegiado, no para sonsacar una declaración comprometedora al entrevistado, sino para ayudarle a que exprese sus ideas con pulcritud.

Los buenos entrevistadores se asemejan a los buenos fotógrafos. Y Carballo lo fue con creces. Con la agudeza que elogia o critica un ensayo o una novela, el antiguo director de La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, dio en el blanco en cada uno de sus “retratos”.

Cuando logra que Vasconcelos se pronuncie sobre Antonio Caso o Alfonso Reyes, o cuando a este último confiesa: “Vivo asqueado del sentimentalismo que me ha precedido”, el lector siente que comprende a los escritores mejor que nunca. Julio Torri cuenta por qué Neruda admiraba a Vasconcelos y Torres Bodet admite cómo descubrió que la novela no era lo suyo.

Aderezado por cartas y referencias históricas, que dan marco a la obra de Carlos Pellicer, Salvador Novo, Agustín Yáñez y los demás “protagonistas”, el libro precedió a Protagonistas de la Literatura Hispanoamericana, donde figuran Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Julio Cortázar, Mario Benedetti y otros artífices de la palabra en el continente.

Este volumen no me parece tan íntimo como el anterior pero —de nuevo— es una referencia para entender la narrativa del continente. Ninguno de los dos pide nada a los reportajes de la Paris Review. Con su muerte, Emmanuel Carballo dejó un gigantesco hueco que llenar.

                Twitter: GLaveaga

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