La amante del Ghetto

Es una de las novelas mejor logradas de Palou.

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Gerardo Laveaga 13/12/2013 00:00
La amante del Ghetto

¿Qué disfrutó más Pedro Ángel Palou a la hora de escribir su más reciente novela? ¿La descripción de un desfile de modas, con todos sus preparativos —modelos neuróticas, modistos afeminados y costureras frenéticas— o la intriga de espionaje internacional? A juzgar por La amante del Ghetto, las dos.

Aunque, en lo personal, gozo más la novela histórica, género en el que Palou es maestro, confieso que esta última me ha gustado más que Morelos o Zapata. Alguien podría atribuirlo a que, cuando se habla de héroes legendarios, el lector sabe de antemano cómo van a terminar éstos, mientras que, en una novela de espías, todo resulta inesperado.

Pero no es así: descontando el complot, que obliga a que uno lea el libro de un tirón, la trama está bien urdida y los personajes son convincentes de principio a fin. La amante del Ghetto es una de las novelas mejor logradas de Palou.

La historia arranca en Múnich, al término de la 2° Guerra Mundial, donde nos presenta a los protagonistas de su novela: Zofía Nowak y Shlomo Glatz, dos jóvenes judíos que sufrieron la Shoa en carne propia. Ahora han sido reclutados por la organización Nokmim, que se dedica a eliminar, de modo selectivo, a algunos dirigentes nazis que intentan escapar a América con nuevas identidades. Cumplida su misión en aquella ciudad, viajan a París, donde las cosas se complican: el antiguo amante de Zofía cuando ésta actuaba como cantante en el Ghetto de Varsovia, resulta ser socio del nazi al que ahora deben ejecutar.

Y es que Zofía guarda sentimientos encontrados hacia Albert Kluber, que ahora se hace pasar por un comerciante polaco: por una parte le agradece cuanto hizo por ella y su familia en la época en que fueron amantes pero, por otra, le reprocha que haya sido verdugo de su pueblo. Sigue deseándolo sexualmente, pero lo odia porque representa lo más abyecto del ser humano. Necesita encararlo: averiguar si la amó y por qué, entonces, la destruyó…

Semejante obsesión comienza a estorbarle. Dificulta su relación con Glatz, quien está secretamente enamorado de ella y le reprocha que no se concentre en la tarea que les llevó a París. La rebeldía de la joven llega al grado de aceptar la oferta que le hace Christian Dior para participar, como modelo, en un desfile de modas.

Y es aquí donde Palou se regodea, no sólo describiendo el mundillo de la moda, sino a sus protagonistas y a quienes giraban alrededor de éste en el París de la posguerra. Aparecen Cocteau, Picasso y hasta Camus. Este escenario es el que aprovecha Glatz para acusar a uno de los admiradores de Zofía de ser un espía inglés. ¿Acierta?

Los atentados y asesinatos que se suceden en la novela dan verosimilitud a la hipótesis de Glazt, quien a veces con armas y a veces sin ellas, a veces en bicicleta y a veces a pie, persigue a los “sentenciados” para leerles una cartilla —procedimiento sumario de Nokmin— antes de descerrajarles un tiro.

El encuentro entre Zofía y Kluber resulta muy afortunado (en términos literarios, claro), lo mismo que la intrincada personalidad de la joven. Cuando uno termina de leer La amante del Ghetto, se pregunta si habrá una segunda parte o si Zofía figurará en la próxima novela del autor. Por todo lo que ella representa en el siglo XXI y por la complejidad con que la concibió Palou, no merece terminar aquí.

                Twitter: @GLaveaga

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