Desastre

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Gerardo Galarza 17/08/2014 02:09
Desastre

Dijo el presidente Enrique Peña Nieto que en México “sólo los mejores maestros, los más preparados, darán clases en las aulas del país”.

Pues sí. Así debería de ser. Teórica, idealmente la instrucción pública (que no es gratuita, sino pagada por los ciudadanos contribuyentes en su mayoría causantes cautivos) debería ser de la más alta calidad, tanta que quienes tuvieran que recurrir a la instrucción impartida por particulares supieran que estarán en desventaja. Desde el preescolar hasta la universidad.

La realidad no es así. Al contrario. Muchos mexicanos creen que con enviar a sus hijos a escuelas privadas se les está ofreciendo ventajas frente a los chicos que vayan a escuelas públicas. Y se esfuerzan por ello. La percepción de que las escuelas particulares son mejores que las, peyorativamente llamadas, “de gobierno” no es nueva, aunque se haya incrementado en los años recientes.

La declaración del Presidente de la República ocurre después de que se conocieron los exámenes que se aplicaron a quienes aspiran a ser profesores de educación básica (recuérdese que ahora se incluye la preescolar, la primaria y la secundaria) y de bachillerato.

Los resultados de ambos exámenes fueron un auténtico desastre. (El escribidor quiere aclarar para que algunos funcionarios no se confundan: el desastre fue el resultado, no los exámenes como tales. Los exámenes no fracasaron, quienes fracasaron fueron muchos de los sustentantes).

Las cifras oficiales sostienen las afirmaciones de desastre y fracaso. En la prueba para obtener una plaza de profesor en la educación básica pública, 60.5% de los sustentantes resultó “no idóneo” (elegante eufemismo para sustituir el concepto de reprobado, no vaya a ser que los reprobados se molesten o vayan a denunciar discriminación o violación a sus derechos humanos o laborales). En el caso de los aspirantes a ser profesores en bachillerato la cifra de reprobados ascendió a 67%. En el primer caso se inscribieron al examen 130 mil 503 aspirantes y en el segundo, poco más de 34 mil. En su mayoría, es de suponerse, cursaron sus estudios en escuelas públicas, donde, también es de suponerse, aprobaron las materias necesarias para obtener su grado que los reconoce como profesores o, al menos, con los conocimientos necesarios y la capacidad para enseñar.

Hay otros, como los de Oaxaca, a los que se les otorgan las plazas (y las heredan) por el simple hecho de haberse inscrito en alguna de las escuelas normales que controla la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Oaxaca es el mejor ejemplo del desastre que es la instrucción pública mexicana, la que pagamos todos los mexicanos. Las cifras y estadísticas oficiales (SEP e INEGI) lo demuestran: mientras a nivel nacional el analfabetismo (ese que ya estaba desterrado desde hace muchos años, según lo dijeron varios presidentes de la República) es de 6.1%, en Oaxaca el porcentaje asciende a 16.3%, en otras palabras, 16 de cada 100 oaxaqueños no sabe leer y escribir. Otra más: el promedio nacional de grado de escolaridad es de 8.6 años, en Oaxaca la cifra es de 6.9 años. Casi resulta innecesario decir que está en los últimos lugares del rubro junto con Chiapas y Guerrero.

Pero eso sí, los profesores oaxaqueños, o al menos la agrupación gremial a la que pertenecen, siempre están en las primeras planas de los periódicos nacionales y estatales: todos los días tienen manifestaciones, bloqueos, saqueos, robos, agresiones, actos de vandalismo y violentos y, ahora, hasta legisladores se han vuelto, con la benevolencia, el apoyo o la complicidad del gobernador de aquella entidad, Gabino Cué, postulado para el cargo por el PAN, PRD, PT y Convergencia, partidos que hoy le deben explicaciones a los electores y a sus militantes. Sí, es probable que las acciones del gobernador de Oaxaca sean las mismas que proponen esos partidos.

El pretexto de ahora (desde hace casi 40 años ha habido muchos y de todo tipo para la CNTE) es luchar contra la Reforma Educativa, aprobada por el Congreso de la Unión y vigente desde hace más de un año, para conservar sus privilegios y concesiones. Tiene tanto poder la CNTE que elaboró su propia iniciativa de ley estatal y se la envió al gobernador Cué, para que éste la enviara al Congreso local para su aprobación. ¡Bonita Reforma Educativa! Ah, no hay que olvidar que el gobierno de Oaxaca “garantizó” que este lunes se iniciará el año escolar como en todo el país. Al parecer, hay que dar las gracias.

La Reforma Educativa es una de aquellas llamadas y promovidas como estructurales, necesarias y urgentes para la modernización del país. Hubo quienes hicieron su chamba para lograr su aprobación; es evidente que otros muchos hacen todo lo que pueden para mantener la situación previa a ella. Lo están consiguiendo. Lamentable, por donde se vea.

Por eso, aunque parezca obvia la afirmación presidencial, es necesario, urgente, que sólo los profesores capaces, eficientes, preparados y con vocación estén frente a un grupo escolar, de cualquier  nivel académico… que la Reforma Educativa se aplique o, como se dice ahora, se instrumente. Lo demás, es papel.

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