Ocurrencias

Las modifica-ciones legales que se están haciendo en el DF van a afectar directamente a los habitantes de la Ciudad de México...

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Gerardo Galarza 15/06/2014 01:29
Ocurrencias

Alejados de los grandes reflectores de la política nacional, en la búsqueda de ellos o, muchas veces por lo contrario, iluminados por la luz de la corrección política, los miembros de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) se dieron vuelo en su más reciente periodo extraordinario de sesiones, celebrado el lunes 9 y martes 10 pasados.

De acuerdo con la libreta de mi compañera Kenya Ramírez, reportera de la sección Comunidad de Excélsior, encargada de la cobertura informativa de ese órgano legislativo, en esos dos días, la ALDF “discutió”, votó y aprobó 78 cambios a diversos ordenamientos legales vigentes en el Distrito Federal.

Eche usted cuentas: si hubiesen sesionado las 48 horas que suman esos dos días, cada hora debieron haber aprobado 1.6 reformas a leyes, reglamentos o normas. Claro que los señores asambleístas no trabajaron esas 48 horas continuas. Kenya me cuenta que, en realidad, las iniciativas a debatir y aprobar eran más de 190, pero los asambleístas las “condensaron” en sólo 78.

Las modificaciones legales que se están haciendo en el Distrito Federal van a afectar directamente a los habitantes de la Ciudad de México y también a muchos mexicanos que recurran, con todo derecho, a ellas, como en el caso de las bodas entre personas del mismo sexo y el aborto, entre otras.

Leyendo la frialdad de los números, como diría el gran Pedro El Mago Septién, habría que concluir que seguramente la ALDF, órgano legislativo  dominado por inmensa mayoría por el PRD, tiene el récord mundial de productividad legislativa, equivalente —como debería ser— al número de asesores que tiene, pagados por los ciudadanos del Distrito Federal. Pero no.

No. La mayor parte de estos nuevos ordenamientos, los de este periodo extraordinario y los de otros periodos de sesiones, tiene origen en simples ocurrencias de los miembros de la ALDF, en su mayoría basados en presuntas “ideas” compartidas “por todos” y con las que los asambleístas creen cumplir con las exigencias de sus presuntos representados.

Nadie en su sano juicio puede estar, por ejemplo, contra el maltrato a los animales  —“seres vivos no humanos”, según la denominación políticamente correcta—  y entonces se les ocurre prohibir los circos con animales, pero se les “olvida” hacer lo mismo con otros espectáculos u otras situaciones en las que esos “seres vivos no humanos” podrán sufrir maltrato, como las corridas de toros, la charrería, las carreras y doma de caballos, los acuarios, los zoológicos, el entrenamiento de perros, las mascotas que están amarradas en un balcón o en una azotea... No, al parecer, se trató de afectar sólo a los propietarios, trabajadores y espectadores de los circos. Un principio básico de cualquier legislación es que debe ser general, “pareja para todos”, se dice en la calle. Pero claro, los asambleístas suponen que nadie protestará porque “todos están contra del maltrato de los animales”. Por cierto, la ley aquella que exige la colocación de chips electrónicos a las mascotas (“animales de compañía”, que les llaman) ha sido vetada por inaplicable.

No es la única joya de esta olla de vapor legislativa: se aprobó también que, a partir de que se publique, los padres de familia podrán elegir el orden de los apellidos de sus hijos. ¡Gran avance democrático, de la libertad!, clamarán. Previsores, los miembros de la ALDF establecieron que sólo tendrán ese derecho los padres de los niños que nazcan cuando la ley esté vigente, que el orden los apellidos de los hermanos será el del primero; que si los papás no se ponen de acuerdo, el orden será “el general” (tal vez quisieron decir: el tradicional o el acostumbrado o el usual); es decir, prácticamente le conceden derecho de veto al padre-macho que, con su negativa, obtendrá el orden que él quiere. ¿Y el beneficio constitucional de la retroactividad? ¿Estudiaron el efecto en las relaciones conyugales por la falta de acuerdo en el orden de los apellidos? ¿Previeron la probabilidad de divorcios por esa causa? ¿Será causal de divorcio?, etcétera, etcétera.

Pero, ¿quién podrá oponerse a normas que a ellos se les ocurrió como grandes ideas en beneficio de los ciudadanos?, pensarán sus autores. Lea usted: cursos y exámenes médicos prematrimoniales: ¿qué enseñarán en esos cursos? ¿Cuánto costarán al erario? ¿Y la corrupción que generará su expedición? Más: cárcel para los violentos en los estadios deportivos, así se publicitó, cuyas penas mayores alcanzan fianza. Más: la lactancia materna como primer derecho humano y ¿las mujeres que no puedan? ¿Y las que no quieran? Es decir, en el Distrito Federal, las mujeres pueden abortar, pero no podrán decidir si “dan pecho” a sus hijos o ¿no? Vaya, pues. Castigos contra abusos laborales, clausuras o extinción de dominio a quien venda bebidas alcohólicas adulteradas (¿de veras?); aumento en las sanciones por violación al uso de suelo (jeje) y otros muchos más así hasta juntar 78.

Todo sin contar que ya existe legislación federal sobre muchas de esas materias y que estará por encima de la legislación local.

El problema no es legislar mucho, poco o nada, sino saber legislar. Tal vez en lugar de gastar en asesores, los señores asambleístas deberían de tomar cursos de técnica legislativa básica, para entender que sus ocurrencias no pueden convertirse en leyes, por brillantes que sean.

CAMBIO DE VÍAS.- 1.- Lectores de esta columna hicieron notar y reclamaron al escribidor la ausencia de Adolfo Suárez, el gran timonel de la transición democrática española, inclusive por encima del abdicante rey Juan Carlos, en el texto del pasado domingo 7 de junio. Tienen absoluta y justa razón. 2.- Esta columna cerrará sus puertas por mantenimiento y las reabrirá el domingo 13 de julio próximo.

 

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