Desastre

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Gerardo Galarza 25/05/2014 00:47
Desastre

Es muy posible, y quizá también probable, que al análisis que sobre los salarios de los maestros del país hizo el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) contenga “múltiples errores” y carezca “de seriedad y rigor”, de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP).

Sí, parece increíble y poco serio que, en México, un maestro de una escuela primaria pública oaxaqueña gane 603 mil pesos al mes, o que más de 91 mil profesores tengan salarios que los colocan entre el 10% de la población “más rica del país” (aquellas familias que tienen ingresos mensuales de unos 44 mil 500 pesos), o que 70 miembros del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) tengan un salario similar o superior al del Presidente de la República, o que otros mil 442, de los cuales mil 441 están en el estado de Hidalgo, tengan casi 102 años de edad y que nacieran el mismo día (12) del mismo mes (12) del mismo año (1912).

Los datos del Mapa de la Educación Básica en México del proyecto Mejora tu Escuela, del Imco, son tan absurdos que provocan que el desmentido de la SEP sea mucho más creíble y confiable, aunque al parecer tampoco tenga ni seriedad ni rigor.

El problema reside en que, de acuerdo con los directivos del Imco, los datos de ese mapa se obtuvieron de las estadísticas públicas de la SEP, es decir, de documentos oficiales; en otras palabras, provienen de las nóminas del último trimestre de 2013 que los estados reportaron a la dependencia federal. Las explicaciones oficiales a los “errores” descubiertos también son increíbles o, por lo menos, revelan un caos total en el manejo del dinero público destinado a lo que llaman educación pública. Por ejemplo, ¿la Secretaría de Hacienda y Crédito Público aceptaría que cualquier empresa privada hiciese pagos a trabajadores sin Registro Federal de Contribuyentes o nóminas privadas con tales “errores”?

Los lectores de Excélsior han podido leer y seguir durante la semana que hoy termina las informaciones de los reporteros Lilian Hernández y Juan Carlos Rodríguez, quienes sin más armas que las reporteriles han encontrado muchos otros “errores”, seguramente poco serios y poco rigurosos, en las nóminas de la SEP e inclusive en las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI): 282 adolescentes directores de escuelas primarias públicas; pagos sin RFC o con RFC incorrectos; pagos con incompatibilidad geográfica u horaria; pagos retroactivos mayores a 45 días; profesores con cinco u ocho plazas; maestros comisionados al SNTE que, contra la ley, siguen cobrando a la SEP, entre ellos, nada menos que su líder nacional, Juan Díaz de la Torre.

Los errores, la falta de seriedad y de rigor, son de origen. El caos, el desastre, está precisamente en el manejo discrecional y opaco desde siempre del dinero público para nóminas y para cualquier presupuesto público.

No es, por más que algunos lo quieran, un problema originado en el gobierno federal de Enrique Peña Nieto, ni siquiera en los de los panistas Felipe Calderón y Vicente Fox. Es un problema de la corrupción, en este caso sindical, mexicana. Juan Díaz de la Torre tiene como antecesora a la hoy encarcelada Elba Esther Gordillo; ésta sustituyó a Carlos Jonguitud Barrios, cuando el exgobernador de San Luis Potosí cayó de la gracia del sistema priista al inicio del gobierno de Carlos Salinas de Gortari

Es un  problema sistémico. Pero quizá los panistas Fox y Calderón tengan mayor responsabilidad de su supervivencia al no haber aprovechado la oportunidad para desmontar parte del corporativismo priista y haber negociado una especie de paz magisterial con la maestra Gordillo a cambio de nada. La legalidad y legitimidad de sus gobiernos les permitían eso y más.

Los “errores” en el gasto gubernamental en los salarios de los miembros del SNTE son también apenas una muestra del desastre de la corrupción que impera y ha imperado desde hace más de 80 años (es sólo un decir “histórico”, porque antes también existía) en todo lo que es gasto gubernamental. ¿Se imagina usted los escándalos que se provocarán el día que se den a conocer las nóminas de Pemex, de la CFE, del IMSS, del ISSSTE y las prebendas sindicales que incluyen o, más grave, las de toda la burocracia nacional?

No, estas denuncias no son un ataque a la educación pública. Ni mucho menos a cientos de miles de maestros, que los hay, que todos los días se esfuerzan por cumplir. (Y el escribidor lo sabe  porque su madre, que sí tuvo, fue una maestra de primaria). Son la defensa de la educación pública. Es la corrupción la que carcome todo y la que ha provocado que los padres de familia (entre ellos, muchos de miembros y líderes del SNTE y la CNTE) envíen con todos los sacrificios a sus hijos a escuelas privadas y otros muchísimos más que aspiren a ellas; Michoacán y Oaxaca son ejemplos, que también pudo leer en las páginas de Excélsior.

El desastre de la educación pública en México no sólo está en esas cifras. Hay muchos otros indicadores que lo demuestran. Los que pagan son siempre los mismos: los ciudadanos y, en este caso, sus hijos.

Tan sólo un poco de transparencia en la información oficial mostró parte de este desastre. Es de reconocer que no toda la responsabilidad es del gobierno del presidente Peña Nieto. Pero lo que sí es su responsabilidad es, al menos, comenzar a solucionarlo. Sí, al menos, porque ya se sabe que no es cuestión de días ni semanas ni meses reparar el desastre, pero iniciar su solución sólo requiere de voluntad política, el instante de una decisión. Aquí también hace falta rigor y seriedad.

CAMBIO DE VÍAS.- Otra parte del desastre nacional tiene su origen cuando algunos convirtieron en sinónimos a los términos “instrucción” y “educación”. El acoso escolar, por cierto y por ejemplo, no tiene origen en las aulas, sino en los hogares de los que provienen los niños y adolescentes. Muchos padres de familia también son responsables del desastre.

 

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