Como un gato sin dueño...

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Gerardo Galarza 04/05/2014 00:25
Como un gato sin dueño...

La mañana del viernes 2 de mayo, el escribidor abrió su periódico. De repente, se dio cuenta que esta vez, contra sus creencias, no debía de leer el impreso en papel, como se leen los periódicos, sino que tenía que recurrir a un iPad para estar en concordancia. Supuso haber despertado en Helsinki, Sidney, Viena, Oslo o Estocolmo, que dicen, son ciudades con alta calidad de vida, y decidió no recorrer las cortinas para no romper el hechizo.

Pero no. Tanto la versión de aplicación para iPad como la impresa de Excélsior decían lo mismo: a partir del próximo año, los ciudadanos de la Ciudad de México propietarios de perros y gatos estarán obligados a registrar sus mascotas en un padrón gubernamental,  pagar un microchip electrónico, que se les implantará a sus animales, y multas por el abandono de ellos, de acuerdo con las reformas a la Ley de Protección de los Animales, aprobadas la madrugada del jueves 1 de mayo, en la sesión del 30 abril, al cierre del periodo de sesiones de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF).

Como todo defeño y chilango sabe, la ALDF es un órgano controlado por una mayoría aplastante del PRD, como ocurría hace 30 años con el PRI en el Congreso de la Unión, aunque hay que decir que, ciertamente, esa ley fue promovida por diputados del PVEM y sus modificaciones por los del PAN.

La nueva legislación, que todavía no entra en vigor, establece, entre otras muchas disposiciones, que los propietarios de mascotas, especialmente perros y gatos, deberán contar con comprobante de compra o venta o certificado de traspaso, donación o rescate; tendrán que reportar la muerte o extravío del “animal de compañía” y, en caso de robo, acudir a levantar el acta correspondiente ante el Ministerio Público. ¿Por cierto, usted ya acudió al nuevo INE a dar de baja en el padrón electoral a su familiar fallecido?

El registro de la mascota incluirá el “nombre propio”, raza o características raciales, color de pelo, fecha de nacimiento o edad aproximada, señas particulares para su identificación, el si está o no esterilizado o adiestrado para alguna actividad. Y como lo señores diputados del Distrito Federal saben que sus electores no son ciudadanos de Sidney, pues establecieron que cualquiera de ellos que sea beneficiario de algún programa social del gobierno capitalino deberá presentar el certificado veterinario correspondiente y la cartilla actualizada para poder recibir tal beneficio. Y como toda ley que se respete, hay sanciones para quienes la evadan o la violen: multas que podrán llegar a los mil 600 pesos.

¡Caray! ¡Qué gran ley! ¡Qué gran visión de Estado de nuestros legisladores locales! El problema de los “animales de compañía” en el Distrito Federal ha sido solucionado, para eso se desvelaron la noche del miércoles 30 de abril y la madrugada del 1 de mayo.

De acuerdo con cálculos de la Secretaría de Salud del Distrito Federal, en 2012 había un perro por cada siete habitantes de la Ciudad de México, es decir, un total de un millón 200 mil,  de los cuales, 120 mil se encontraban “en situación de calle”, de acuerdo con el lenguaje políticamente correcto, que popularmente se traduce como “perros callejeros”. Esas cifras no incluyen a los de la zona conurbada, en donde si se mantiene la misma proporción, el número podría ascender a unos tres millones de perros, de los cuales, 300 mil están sin dueño.

Hasta donde el escribidor ha podido leer, la ley no dice ¿qué pasará con esos perros callejeros?, ¿quién los registrará?, ¿quién pagará sus microchips?, ¿quién los llevará a vacunar?, ¿quiénes se responsabilizarán de ellos? O ¿se les sacrificará en algo así como la aplicación de aquello que se llamó “rifle sanitario” en los años 40 y 50 del siglo pasado, durante la crisis de la fiebre aftosa? También existe la posibilidad de dar derechos a los taqueros del DF para su captura y usufructo. ¿Si llegasen a ocurrir tales probabilidades, cuál sería la postura y el tamaño de las protestas de las sociedades defensoras de los animales? Bien podrían establecerse refugios públicos —pagados con dinero de los contribuyentes, por supuesto— para esos animales. Y habrá que pensar ya en un nuevo impuesto por la tenencia de “animales de compañía”.

Es de suponer, y aquí el escribidor sólo supone, que esta ley deberá involucrar a muchas dependencias públicas, las que destinarán presupuestos para sus nuevas responsabilidades y facultades.  Sin mayor conocimiento y a ojo de mal cubero, estarían involucradas las Secretarías de Salud, de Desarrollo Social, ¿la de Ciencia y Tecnología?, la Tesorería, el Registro Civil, la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, a menos que se busque crear sus equivalentes para las mascotas defeñas. ¿Estará contemplada una Defensoría Pública de los Derechos Animales?, ya que es muy probable que haya quien los viole o se niegue a reconocerlos. ¿Clasificar a los perros por razas no implica discriminación?

Peor aún, imagínese a usted mismo en alguna agencia del Ministerio Público levantando un acta por robo o extravío de su perro... y la inmediata actuación investigadora de la policía, o denunciando el embarazo no deseado de su gata que, fiel a sus instintos, abandonó la comodidad del hogar para recorrer azoteas o tejados, donde abundan gatos sin pedigrí y, peor, sin registro ni microchip. Por cierto, ¿recuerda usted aquella obligación de que a partir de los modelos 2009, los coches deberían tener un chip de geolocalización?

No, no, no se preocupe. Desde hace algunos años, el Distrito Federal ha sido invadido por la corrección política en sus leyes y en sus políticas públicas, que también tienen el asertivo (¿así se dice?) fin de ganar espacios en los medios de información. ¿Recuerda usted el Reglamento de Tránsito, sus cruces de cortesía, los semáforos sonorizados para invidentes, sus sanciones a peatones y ciclistas? ¿Las ciclovías, cuyos usuarios terminaron atropellando peatones en las banquetas? ¿Los taxis rosas? ¿Los taxis eléctricos? ¿El seguro de automóviles para daños a terceros? ¿El internet público en el Centro Histórico y en el corredor Reforma-Polanco? ¿El... o la..? Agregue lo que quiera, tiene razón.

No se preocupe, ya llegará el nuevo hechizo (o negocio) que hará olvidar al de ahora. El sueño de vivir en Estocolmo o Viena todavía está lejos, lamentablemente, y el camino es seguido, no lleva ese rumbo.

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