Concupiscencia

COMPARTIR 
Gerardo Galarza 13/04/2014 03:29
Concupiscencia

Las divergencias internas en el Partido Acción Nacional (PAN) no son nada nuevo en la historia de ese partido.

Es más, para los propios panistas, sus debates y discusiones internas eran, hace algunas décadas, prendas democráticas que muchas veces mostraban con orgullo y las contraponían al autoritarismo de la línea presidencial que debían (¿deben otra vez?) seguir sin ninguna objeción los militantes del PRI. Fuera del PAN, sus adversarios y muchos analistas políticos las catalogaban como simples divisiones políticas que mostraban la“falta de unidad”.

Pero hay de debates a debates o, mejor dicho, de debates a “debates”.

Hoy, el PAN vive una nueva división interna. Pero no hay debate ni discusión presuntamente ideológicos. La división de hoy es una descarnada lucha por el poder, sin siquiera el intento de un tenue barniz que hable de los llamados principios de doctrina. Aquí se ha escrito que las luchas entre políticos y sus partidos siempre son por el poder. Pero, bueno, hubo al menos quienes las sustentaban en algún principio de doctrina o de ideología. No, hoy no. ¿Para qué?

Está claro que la nueva y enésima “división en el PAN”se debe, públicamente, a la disputa por la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional entre Gustavo Madero y Ernesto Cordero, y grupos que los acompañan, como se diría en los saludos y dedicatorias de los viejos y prácticamente extintos salones de baile. Una lucha abierta, descarnada y, ahora se sabe, sucia por el poder.

¿El poder de qué? De controlar el partido, el diálogo y la negociación con el gobierno, la designación de candidaturas, la relación y negociación con los adversarios políticos, con los empresarios, con los ahora llamados poderes fácticos y, también, por eso que antes se llamaba “las mieles del poder”, es decir, el ego, la soberbia… “la plenitud del pinche poder”, como lo definió un clásico... priista.

Ningún panista diputado, senador o miembro de la dirigencia nacional ha expresado el porqué de la aprobación o el rechazo de su partido, basado en su doctrina, de las diversas reformas que se discuten en el Congreso de la Unión. Nadie ha dicho: estamos a favor o en contra de la Reforma Energética, financiera, de telecomunicaciones o la que sea porque nuestro partido ha sostenido que Pemex, el petrolero y la energía deben ser explotados, aprovechados, administrados de tal manera para beneficios de los mexicanos o, de igual manera, en cuestiones financieras, electorales o de telecomunicaciones.

Los senadores panistas han evadido el debate no por motivos basados en sus creencias ideológicas, sino en las cuotas de poder de sus fracciones, casi o igual que las tribus del PRD. Tienen tres “coordinadores” parlamentarios: uno, Jorge Luis Preciado, que llegó al cargo en medio de carambolas políticas; otro, Roberto Gil Zuarth, quien aspira ser el coordinador si Cordero gana las elecciones internas, y Héctor Larios, que cree lo mismo si es que el triunfador es Gustavo Madero. Ninguno de los tres argumenta nada y sus partidarios, al parecer, tampoco necesitan ningún argumento ni para convencer ni convencerse.

Esa división interna ya está impactando en la aprobación de las leyes secundarias de lo que se llamaron reformas estructurales que, al parecer, a nadie le importan si no les ven la posibilidad de tener un poder, aunque sea chiquito. Pero de lo que no se han dado cuenta es que con sus acciones, combaten la creencia de que el expresidente Felipe Calderón no pudo hacer las reformas estructurales del país por el egoísmo del PRI y la oposición del PRD. Hoy es probable especular que ni siquiera en el PAN del sexenio pasado había la certeza de la aprobación de esas reformas.

Los líderes de los senadores panistas han intentado desmentir que es la lucha interna de su partido lo que está impactando en la discusión de esas reformas, pero sus correligionarios en la Cámara de Diputados se encargan de contradecirlos con toda certeza: no aprobaremos nada, han dicho a través del diputado Juan Pablo Adame, ninguna aprobación a, cuando menos, la legislación en materia de telecomunicaciones, porque el encargado de encabezar el dictamen de tal iniciativa, de tal ley en el Senado, el panista expriista Javier Lozano, ni siquiera les ha informado.

Las reformas que faltan y sus leyes secundarias serán aprobadas por los legisladores del PAN, gane quien gane la dirigencia nacional. Nadie de ellos ni sus dirigentes han dicho que van en contra de alguno de sus principios ideológicos o de doctrina y si alguien lo argumenta será, lamentablemente, una voz en el desierto.

En fin, la concupiscencia del poder, le dijo una vez hace ya muchos años el panista Juan de Dios Castro Lozano a este escribidor.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red