¿De veras?

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Gerardo Galarza 16/03/2014 00:25
¿De veras?

De acuerdo con el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), según cifras de enero pasado, las más recientes, el promedio del salario mensual de sus derechohabientes era de ocho mil 469.6 pesos; el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó al final del mismo mes que 57.8% de los trabajadores mexicanos ganaba menos de tres salarios mínimos, es decir abajo de seis mil 056.1 pesos mensuales.

Imagine usted que tiene un salario mensual de 24 mil pesos (tres veces el promedio de los derechohabientes del IMSS y cuatro veces lo que gana 57.8% de los trabajadores mexicanos). Bien, se necesitarían un millón de veces (dos millones de quincenas; un poco más de 83 mil años) de ese ingreso mensual para llegar a 24 mil millones de pesos.

Eso, 24 mil millones de pesos (una bagatela o una bicoca, dirán los que saben de presupuestos gubernamentales y de grandes inversiones, pero que se obtuvieron de los impuestos de los trabajadores mexicanos) es lo que costó en números redondos la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México… que un año y casi cinco meses después de inaugurada no sirve y su servicio está suspendido en 11 de sus 20 estaciones. Las nueve restantes tampoco están bien hechas, sino que todavía no se considera que representen un riesgo serio para sus usuarios.

Si usted todavía mantiene la calma, el escribidor le pone otros dos ejemplos: 24 mil millones de pesos equivalen casi al doble de lo que gastará todo el Metro de la Ciudad de México en 2014 y a los presupuestos totales de las 16 delegaciones del Distrito Federal en este mismo año. Mire: con el aumento de dos pesos en el boleto del Metro, en sus primeros dos meses y medio se recaudaron 450 millones de pesos, según las cifras disponibles. A ese paso, se requerirán 133.1 meses o 11.1 años (en ese tiempo el DF tendrá al menos dos nuevos jefes de gobierno) de recolectar el ingreso por ese aumento de dos pesos para llegar a los célebres 24 mil millones de pesos. Nada, pues.

Bagatela y todo, eso fue lo que costó hacer la Línea Dorada —así se le llamó—, una obra inservible, inaugurada el 30 de octubre de 2012, con toda la pompa del caso, con toda la intención política, con los invitados correspondientes y las sonrisas de los triunfadores, según se vio en las fotografías de esos días: funcionarios, empresarios, políticos, encabezados por el jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, quien condescendió o descendió por fin a invitar por primera y única vez al entonces presidente Felipe Calderón, aunque acaso sería porque buena parte del presupuesto para la construcción de la obra cumbre del gobierno capitalino salió de las arcas federales como ya lo proclamaban entonces miembros del gobierno calderonista. Antes de eso, el entonces Presidente de la República fue, por supuesto, espurio e ilegítimo ante el tan democrático gobernante capitalino.

Dicen que la Línea Dorada o Línea 12 estaba bonita. Sin embargo, literalmente en pocos días la flamante y áurea obra hizo agua: goteras que formaban cascadas por todos lados, escaleras eléctricas preciosas, elevadores flamantes, novedosos baños públicos, detectores de metales… que no funcionaban. Ahora se sabe que desde entonces se conocieron las que ahora llaman fallas estructurales.

Hoy, el Gobierno del Distrito Federal, surgido del mismo partido político que apoyó al anterior, el PRD, ha decidido parar más de la mitad de esa línea del Metro en aras de las seguridad de 435 mil usuarios diarios. Hoy sabemos que las fallas se descubrieron desde antes que se inaugurara. Al parecer, hoy se hicieron algunos cálculos políticos entre ¿qué será mejor: suspender el servicio en más de la mitad de esa línea del Metro o cargar con algunos o muchos capitalinos muertos por un descarrilamiento? Por fortuna, se optó por la primera opción.

Una idea que se intenta hacer creer es que los problemas de la Línea 12 se debieron a un apresuramiento político para inaugurarla. ¿De veras? ¿De veras estaría mejor hecha si se hubiera puesto en servicio un mes, seis meses o un año después de lo que se hizo? ¿De veras hubieran puesto otros trenes u otras ruedas u otros rieles?

¿Cómo? Hoy quienes ocuparon los cargos públicos con responsabilidad en la construcción de la Línea Dorada, encabezados por el jefe de todos, Marcelo Ebrard, las empresas nacionales y extranjeras, entre ellas ICA y alguna de Carlos Slim, que participaron en la construcción, en la verificación y aprobación de la gran obra del sexenio del gobierno de quien fue designado “El Mejor Alcalde del Mundo” (lo cual fue una bendición, porque imagine usted el desastre que debe ser la ciudad que tuvo al peor alcalde del mundo); todos, unos y otros dicen tener documentos que prueban que la Línea 12 fue construida bajo las normas que se establecieron; todos, unos y otros, dicen yo cumplí y dicen tener documentos firmados y muy legales y legítimos; nadie sabe qué pasó, pero eso sí: todo se hizo bien, correcto, conforme a las especificaciones correspondientes.

Lo cierto, sin duda, es que pese a todas las explicaciones y documentos: la obra no sirve, hubo que meterle mano urgentemente antes de una desgracia, apenas 16 meses después de puesta en operación. Pero no hay responsables. Faltaba más. Todos cumplieron con su trabajo y con sus obligaciones, según dicen y tienen documentos para mostrarlos. ¿De veras?

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