Compadres

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Gerardo Galarza 15/12/2013 00:12
Compadres

Los escándalos en el Congreso mexicano no son nuevos. En la cursimente llamada “tribuna más alta de la nación” y en las salas de sesiones de nuestras cámaras legislativas han ocurrido lo mismo suicidios que gritos, sombrerazos, insultos, vulgaridades, retos, golpes, infartos, tomas de tribuna, bloqueos, amenazas, cercos e irrupciones con caballos, disculpas y perdones… desmadre en general, se resumiría en buen mexicano.

Algunas ocasiones, contadas pero existen, también ha habido debates de altura, exposiciones de argumentos. Ninguna de esas situaciones son, de manera alguna, exclusivas del Poder Legislativo mexicano; ocurren en muchos de los parlamentos del mundo; no es para sentirnos muy mortificados, que digamos.

Ya se sabe que, como políticos, los señores legisladores, senadores y diputados, en el caso mexicano, son los hombres públicos más desprestigiados socialmente. Ganado se lo tienen. En el argot legislativo nacional había una conseja que afirmaba que “la dieta (el salario) dura tres o seis años, según el caso; y la vergüenza, toda la vida”. Los insultos y la fineza de la senadora Layda Sansores, el striptease del diputado Antonio García Conejo, y los golpes y rasguños de la diputada Karen Quiroga Anguiano; todos, de lo que lamentablemente se dice “izquierda”, durante las discusiones, que no debate, de las reformas a los artículos 25, 27 y 28 constitucionales en materia energética, serán un anécdota más, aunque de ninguna manera ello justifica sus acciones.

El histrionismo, por llamarlo de alguna manera suave, de esos legisladores, muestra lo frágil e imperfecto que es el sistema democrático. Y, específicamente, las formas de la representación popular. El escribidor ha repetido aquí la afirmación que se le atribuye a Winston Churchill, el célebre estadista británico, de que la democracia no es el mejor de los sistemas políticos, sino el menos peor de todos los que existen. Pero, si se quiere llegar al fondo, es necesario reconocer que, al menos teórica y jurídicamente, son los ciudadanos los responsables de que haya esos legisladores en los congresos o parlamentos del mundo. La época que los teóricos llaman la democracia directa, la de la antigua Grecia, la del ágora, se ha ido, por lo menos para las formas de gobierno de las naciones modernas; quizás en algún club o en alguna ONG se pueda ejercer. Hoy impera la llamada democracia representativa, en la que teórica y jurídicamente los ciudadanos ejercen la soberanía popular a través de sus representantes en los tres Poderes de una república o en el parlamento y gobiernos locales en una monarquía.

En pocas palabras: el Presidente de la República, los legisladores, los gobernadores, los alcaldes, son electos por los ciudadanos. Son responsabilidad de quienes los votaron… a favor o en contra. En la democracia, la mayoría gana. Ni modo. A lo popular: no tiene la culpa el indio, sino el que lo hizo compadre.

Así lo reconoce la tan violada, defendida, reformada, desfigurada, mítica y hasta mágica y sagrada Constitución mexicana de 1917, la que pese a todo merece ser conocida o, al menos, leída. De acuerdo con ella, en México la soberanía popular se ejerce a través de los Poderes de la Unión y de los gobiernos estatales y locales en una república representativa, democrática, laica y federal.

Eso lo deberían saber los ciudadanos a la hora de votar: al momento de ejercer su soberanía mediante la elección de un representante… popular. Quienes votan deberían saber y entender que en el imperfecto sistema democrático, en unos comicios, hay quien gana y hay quien pierde; que no todos piensan ni creen lo que piensan y creen sus conciudadanos, pero el ejercicio de su voto valida y legitima al ganador, así se llame Layda Sansores, Antonio García Conejo o Karen Quiroga. Todo votante debería saber el comportamiento de al menos su propio representante y el del partido en el que milita. De ello depende que legisladores como éstos y sus partidos no lleguen al Congreso. No es ninguna justificación a sus acciones, pero los ciudadanos son corresponsables de esos hechos… los que votaron por ellos o en su contra. En el año 2015, es decir, en más o menos unos 18 meses, los mexicanos tendrán la oportunidad de aprobar o reprobar a sus representantes populares; luego, en 2018, y así.

Don Winston Churchill también dijo que la democracia “es la necesidad de doblegarse, de vez en cuando, a las opiniones de los demás”, aunque también se afirma que estaba convencido de que “el mejor argumento en contra de la democracia es una conversación de cinco minutos con el votante medio”.

CAMBIO DE VÍAS.- La Reforma Energética era necesaria, sin duda. Sí, ya sé, hubo muchas preguntas que quedaron sin respuesta (en favor o en contra) durante el debate en las cámaras, por la incapacidad de nuestros legisladores para responderlas y explicarlas. Sin embargo, el escribidor cree que la única manera popular (en el sentido democrático) de medir sus beneficios será el cumplimiento de la promesa básica, la que todos notarán: la reducción en los precios de la gasolina, el diésel, el gas, la luz, la creación de empleos y mejores salarios. No va a ser fácil, pero eso fue lo ofrecido. Ya se verá.

 

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