San Chapo: dime cómo te atrapo

Sigo convencido de que la captura del narcotraficante no va a cambiar en un centímetro la realidad de este país.

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Francisco Zea 03/03/2014 01:52
San Chapo: dime cómo te atrapo

En la conformación de un noticiero tanto de radio como de televisión, se tiene sin duda que tomar en cuenta lo que le interesa al radioescucha y al televidente. En el momento que se irrespeta este principio, los resultados se pagan al contado en los ratings de IBOPE.

Sigo convencido, como lo estaba la semana pasada, de que la captura de El Chapo no va a cambiar en un centímetro la realidad de este país. Que no se va a acabar con el narcotráfico y mucho menos se va a reducir la rampante violencia y matazón que abunda por toda la República Mexicana.

Lo que es peor, una corrección en el crecimiento económico de Estados Unidos a la baja, verdaderamente prende los focos rojos en nuestra economía. Que no obstante los loables esfuerzos del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, de dar certidumbre a los empresarios, nada puede hacer ante una debilidad del Tío Sam. Algo así como pedirle a un oncólogo que cure un cáncer con metástasis en la mitad del cuerpo.

Pero los mexicanos seguimos clavados en El Chapo y las miles de teorías de la conspiración. Las que dicen que todo fue pactado, las que cuentan que es un actor, las que hablan de que fue el mismo Barack Obama quien desde Toluca coordinó su aprehensión. Disfruté mucho lo escrito por Álvaro Cueva, crítico de televisión, pero con gran sensibilidad política,  en donde cuenta una historia, misma que la mayoría de los mexicanos quisieran fuera cierta, que saca al presentado Chapo de las filas de Televisa. Y tiene razón. Estamos tan acostumbrados a la mentira, la corrupción y la teoría de la conspiración sin sustento, que estamos más dispuestos a creer cualquier idiotez, cualquier mentira magnífica, que a la verdad. Me congratulo de que Hitler y su ideólogo de comunicación hayan vivido en la Alemania Nazi, porque aquí Goebbels hubiera sido capaz de convencer a la población de la inmortalidad del cangrejo, de la indudable existencia del chupacabras y de que Fox era un extraterrestre programado para decir tonterías (perdón, sobre esto último yo mismo tengo grandes dudas al respecto, así que lo dejo a consideración del lector). Quiero escuchar qué dice de sus hijitos políticos metidos hasta el cuello en Oceanografía; quizá relajaron la chequera él y su impresentable esposa, la moral.

En lo particular, y en mi propia empresa, fui increpado por buenos amigos por mi forma de referirme a Joaquín Archivaldo Guzmán Loera. Dije que era un hijo de su mala madre y se enojaron. Porque están convencidos de que El Chapo era un Culichi de Calcuta (aunque no era de Culiacán) que ayudaba y que al gobierno le faltaron manos... para capturarlo. La borrosa línea entre el bien y el mal se evapora cuando un tipo asesino y sanguinario, sin tener obligación, resuelve necesidades que son responsabilidad del gobierno estatal, municipal o federal. Bien reconstruye una escuela, da dinero o trabajo a los pobladores o reparte juguetes en Navidad. Por el otro lado, tenemos un gobierno corrupto e ineficiente, pues resulta lógico el cariño y la idolatría de personajes como El Chapo.

Supongo que imaginan a El Chapo como un chamarreto bonachón, ya medio panzón, que resolvía sus diferencias en una mesa tomando cerveza Pacífico y comentándole al Mencho: “Mencho, dile al Tortuga, que no sea mala persona, que no se meta en nuestra zona, que la hemos trabajado mucho tiempo, y que cuándo nos tomamos unos bushanans”, cuando en la realidad lo que se ordenaba era la ejecución del Tortuga, su esposa, madre hijos y hasta tías políticas de la forma más cruel y sangrienta.

Ante esto, me pregunto: ¿Qué carajos nos está pasando como país? ¿Cuando perdimos la dimensión entre el bien el y mal? No queremos sangre ni descabezados, pero sí queremos la liberación de El Chapo. Pues o no le entendemos o estamos perdiendo la razón. Siempre he dicho que este país necesita de Presidente un siquiatra y en los derechos de salud pública una dosis de Rivotril y un sicoanálisis obligatorio para que alguien nos ponga en dimensión.

He escuchado hasta el cansancio críticas al gobierno de Peña por la mega campaña publicitaria por capturar a El Chapo. ¿Y qué esperaban? Ha sido el logro en contra del crimen organizado más importante en este país en 13 años. Fox soñaba con ello; Calderón se obsesionaba; Peña lo logró. Pues evidentemente un gobierno medianamente inteligente lo tiene que publicitar hasta el cansancio. Por Dios, no seamos ingenuos, gobernar también es influir y publicitar y lo que hizo el Presidente no es asunto menor. Me pueden decir misa, acusar de peñista pero este golpe no tiene igual en muchos, muchos años. Quien me peñee olvida mi activismo en el caso Paulette, pero si estamos ante un país que pide la liberación de El Chapo, creo que lo mío es un asunto menor.

Lo que me queda claro es que si queremos un México sin ejecutados, si odiamos los charcos de sangre, las cajuelas llenas de cuerpos, las balaceras en las ciudades, los secuestros y las extorsiones y no estamos convencidos de que El Chapo debe de ser juzgado con la máxima dureza de la ley, tarde o temprano estaremos pisando uno de esos charcos. Si lo juzgan en Estados Unidos o aquí da lo mismo. Mejor allá que no se les escape y no pueda seguir manejando su negocio. A los que tienen miedo de que por eso perdamos  soberanía, les mandamos a hacer una bandera de México acolchonada y les reservamos un número para que se avienten de la parte más alta del Castillo de Chapultepec, o en su defecto, si le temen a las alturas, que se azoten desde el León del Hemiciclo a Juárez.

En el estribo.- Si algo le ha hecho daño a este país es la falta de equidad en la competencia económica. Actores preponderantes en sectores que fijan condiciones y precios y que no siempre tienen el mejor servicio o condiciones para el consumidor. Por eso el coordinador de los diputados priistas Manlio Fabio Beltrones ha afirmado que la Ley Federal de Competencia Económica y la reforma al Código Penal todo como parte de la reforma en Competencia Económica va a fortalecer a la Comisión Federal de Competencia Económica y va a acotar la prácticas anticompetitivas y monopólicas, lo cual, dice Beltrones, permitirá una más sana y libre competencia  en todos los sectores de la economía. Algo que se esperaba hace muchos años.

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