El infarto incómodo

Será muy importante juzgar los logros y la correcta utilización e implementación de la Reforma Energética.

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Francisco Zea 16/12/2013 03:04
El infarto incómodo

De verdad estoy convencido de que en este país los políticos están seguros que somos una partida de imbéciles. La prueba más importante es el ridículo desplante de la senadora Layda Sansores pidiendo a la oposición que privatizara a su “puta madre”. Fina y elegante, parece olvidar de quién es hija y sobre todo que su hermano es titular de un número importante de franquicias de gasolineras en Campeche. Es evidente la postura familiar. Pero, sin duda, este país no se merece que este tipo de mequetrefes sean quienes encabezan la oposición en la Reforma Energética. Creo que la seriedad es manifiesta. Pero resulta difícil de creer que estos personajes sean los que llevan mano y además son elevados a los altares de las redes sociales.

Como lo dije en la anterior entrega. Esta reforma no es la panacea nacional, pero tampoco significa privatizar aquello que no es privatizable. Toda vez que nadie en su sano juicio puede pretender la venta de una empresa como Pemex.

Me cuesta mucho trabajo dimensionar la lucha de la izquierda en esta, que, sin duda, era la madre de todas las batallas. Incluido el muy pertinente infarto de Andrés Manuel López Obrador. Estoy seguro y convencido de que el sector público en materia de salud en México tiene cosas notables. Destellos de atención que son muy impresionantes. Pero nadie en su sano juicio y con la cartera suficiente es capaz de atenderse un infarto de emergencia en un hospital público. Dejemos la maldita hipocresía. Puede parecer una falta de coherencia que López Obrador defensor de las causas populares se atienda de una afección cardiaca en un muy costoso hospital privado. Pero, tratándose de una emergencia, creo que nadie conocedor de la salud pública de este país lo puede criticar, lo que se convierte en el más duro juicio a la atención del sector popular que se pueda emitir. No es un asunto de mezquindades; es la frontera entre la vida y la muerte, ahí donde termina el discurso y se preserva la vida más allá de posturas políticas. ¡Que se mueran los jodidos! Como, de hecho, sucede. Sin quitar méritos al sector de salud pública, que tiene enormes logros. Pero que los pierde en el enorme volumen.

Son patéticas las teorías de la conspiración. Pero para nadie pasa desapercibido lo inoportuno de la afección cardiaca de AMLO. Ha dado mil batallas y, en la más importante, se desinfló la izquierda. El cerco del Senado encabezado por su hijo fue un completo fracaso. El de San Lázaro fue una broma. Y hoy en día la Reforma Energética es una realidad. Pese a las encueradas pataletas de la izquierda. Que no dejaron de ser eso: verdaderos berrinches dogmáticos. Desprovistos de idea y, lo peor, de liderazgo.

Me queda claro que Andrés Manuel es un fumador empedernido y, por tanto, candidato seguro a una afección cardiaca como la sufrida. ¿Pero tantas fallas de la izquierda en esta batalla son normales? La pregunta que, estoy seguro, muchos se hacen es: ¿La izquierda se dividió o se vendió?

Lo que me parece más importante es que no se engañe a los mexicanos. Que nadie les haga creer que esta reforma vende el petróleo, o que nos salva de la ignominia económica. Ambos extremos son una puntual mentira.

En el caso particular de la Comisión Federal de Electricidad, podemos esperar cosas buenas. Esto, tomando en cuenta que permitirá producir más energía a menor costo, a beneficio de hogares, pequeños negocios y grandes industrias. De la misma forma que otros países modernizaron su legislación energética, se espera que en pocos años se produzcan más empleos de calidad para los mexicanos en el sector y en las relacionadas como plásticos y fertilizantes.

Muy importante es resaltar que se va a producir más gas natural que se traducirá en la generación de energía más limpia, reduciendo el uso del diésel y combustóleo. Incluso, reduciendo los transportes de carga que utilizan diésel. Esta reforma, según los términos de su aprobación, va a promover la generación de energía eléctrica a través de fuentes más limpias, como el mencionado gas natural, el viento y la luz solar.

De no llevar a cabo esta reforma en menos de cinco años, estábamos condenados a ser importadores netos de energía, no obstante haber sido una potencia exportadora de energéticos.

La mejor noticia por esta reforma es la creación del Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, que será manejado por el Banco de México, lo que garantiza ahorros y manejo transparente de los excedentes.

Esta reforma puede ser, sin duda, una nueva época en la existencia de CFE, que hasta hoy, y pese a sus detractores, es una de las más eficientes empresas estatales y que puede potencializarse y obtener aun mejores resultados.

Pero estamos entrando a un periodo de evaluación. Será muy importante juzgar los logros y la correcta utilización e implementación de esta reforma.

Reitero: ni la panacea ni la traición. Seamos responsables. Este país está harto de mentiras.

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