Estado eficaz, abierto y garantista

El Estado es mucho más que las dimensiones de su aparato público (de sus burocracias y los círculos funcionariales).

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Francisco Javier Acuña 16/03/2014 00:58
Estado eficaz, abierto y garantista

“La democracia se mide por sus resultados”.

                José María Maravall

 

Puede parecer pretensioso hablar de “gobierno abierto”, open data y “parlamento abierto”, pero no es así, son expresiones avanzadas a las que debemos acostumbrarnos, son recetas indiscutibles que no pueden ignorarse ni refutarse, porque son los métodos y los efectos de la conciencia crítica de una sociedad civil que, efectivamente, ha tomado el control (social e individualizado) del quehacer estatal.

Se ha dicho que esos llamativos conceptos significan una nueva etapa del derecho de acceso a la información pública que, hace apenas 12 años, vino a echar andar la inquietud ciudadana por comenzar a abrirse paso entre la maleza de la selva gubernamental para conocer cómo, cuándo, dónde y por qué se hizo cualquier gasto con repercusión en el erario (“la ruta del dinero público”), pero eso se complica en un país en el que nos enteramos tarde de excesos y abusos lejanos, y también de los que tuvieron lugar en paralelo a los nuevos mecanismos y procedimientos para la transparencia y la rendición de cuentas.

La terca realidad ha regresado a exigir e imaginar nuevas medidas para hacer habitable el Estado. Los sofisticados peligros que produce la gestión pública incorrecta y la que por corrupción o negligencia anida ilegalidad e impunidad ,son más intimidatorios que los miedos prehistóricos.

En el régimen autoritario se confunde al Estado con el gobierno (limitado a la administración que conduce el Poder Ejecutivo), luego viene la sedimentación democrática y con ella la tendencia a modernizar y completar el edificio público.

El horizonte público de una democracia moderna es uno en el que se distinguen con precisión las distintas funciones públicas en sus contornos y competencias. Suponiendo que hubiera un ambiente público aceptable, por el funcionamiento adecuado de las instituciones existentes, nada puede remediar ni suplir la ausencia de la ciudadanía.

La ciudadanía ha de ser exigente y perseverante para ser efectiva, la legítima aspiración de una sociedad consciente y alerta a incidir para coincidir en positivo se torna en un componente insustituible del verdadero Estado eficaz, que no puede ser otro que uno abierto a sus moradores y garantista, integralmente, de los derechos y los bienes de aquellos.

El Estado es mucho más que las dimensiones de su aparato público (de sus burocracias y los círculos funcionariales), un entorno medible por sus registros y los signos que avisan que si no es benigno del todo, es al menos preferible a huir de él y regresar a las cavernas.

                *Analista

                fjacuqa@hotmial.com

                Twitter: @f_javier_acuna

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