Etiquetas democráticas

Punto de equilibrio

Francisco Guerrero Aguirre

Etiquetas democráticas

11 de Enero de 2017

Para facilitar el análisis y simplificar lo complejo de la realidad, tendemos a construir “cajones” o a poner “etiquetas” a los fenómenos sociales. Nos resulta conveniente identificar y clasificar. Se edifican categorías y estereotipos.

Los “modelos” nos ayudan a explicar lo que es difícil de entender y, en el proceso, nos producen “confort intelectual”. Buscamos reducir la ansiedad ante la incertidumbre y lo desconocido.

No existe un modelo de democracia universal. Cada nación construye su versión de acuerdo con su historia y sus circunstancias. Sin embargo, se comparten principios esenciales: equidad en la contienda, imparcialidad de las autoridades electorales, libre expresión y, sobre todo, respeto a la legalidad. No obstante, la tentación de generalizar siempre está presente. Hay algunos que ipso facto ponen a todos los políticos en el “cajón” de los corruptos, y no es así. Hay otros que aseguran que todos los que votan por candidatos “antisistema” son irracionales. Nada más lejano de la realidad. Tampoco es cierto que las elecciones con “dados cargados” pasan desapercibidas ante los ciudadanos sólo por estar “protegidas” por los aparatos propagandísticos tradicionales. Ni que todas las democracias occidentales son más maduras y robustas que las democracias no occidentales. Toda generalización corre el riesgo de convertirse en una falacia.

2016 nos enseñó que la necia realidad tiene muchos matices y que los distintos “cajones” que intentan clasificar a la democracia son insuficientes. Ninguna “etiqueta” o “modelo único” puede por sí solo explicar la situación actual de las democracias en el mundo, y mucho menos ofrecer un análisis válido para todos.

En un estudio publicado este mes en el Journal of Democracy, académicos de Harvard alertan que las señales sobre el futuro de la democracia son alarmantes. Según el análisis de indicadores sobre apoyo a la democracia, a sistemas autoritarios y a grupos políticos antisistema, el modelo de la democracia está en declive a nivel mundial. Se pudiera asumir que el autoritarismo está ganando espacios. Cuando se alerta que el modelo democrático se agota, y que el autoritarismo va en ascenso, surgen dudas. ¿A qué tipo de modelo democrático —o estereotipo— se refieren? ¿En qué contexto? Por supuesto, existen casos preocupantes en los que el Poder Ejecutivo coopta y utiliza al Poder Judicial para intereses partidarios, se apresa a disidentes y miembros de la oposición, y se usan recursos del Estado de forma ilícita. Sin embargo, también existen motivos de esperanza. En Túnez, el modelo consensuado de democracia entre fuerzas seculares e islámicas ha sido un caso de éxito post-primavera Árabe. En nuestra región, a pesar de los escándalos de corrupción y un grado creciente de decepción por la baja calidad de la gestión gubernamental, la gente sigue creyendo que las urnas son mejores que las balas o los caudillos.

BALANCE

El argumento de “la democracia en declive” merece un análisis sereno y profundo. Si bien, enfrentamos grandes retos, los ciudadanos siguen atentos a los procesos electorales y deseosos de que las cosas cambien de la mano de su voto. Sin duda, la democracia pasa por una coyuntura de desafíos importantes. Con la llegada a la política de las herramientas tecnológicas y del nuevo “reino de las redes sociales”, vivimos  un momento de innovación, ajuste y reconfiguración nunca antes visto. Las viejas etiquetas se están haciendo obsoletas ante la vertiginosa velocidad en que la información se transporta en internet y sus plataformas. Ponderar esta nueva condición de “transmisión instantánea” sigue siendo, en el arranque de 2017, un reto de dimensiones colosales.

                *Secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la OEA.

                Los puntos de vista son a título personal.

                No representan la posición de la OEA.

                Twitter: @pacoguerreroa65

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