La paciencia de Peña Nieto

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Francisco Guerrero Aguirre 29/06/2014 01:40
La paciencia de Peña Nieto

La alternancia política en México se selló con el triunfo de Vicente Fox. Ante un sistema agotado por el ejercicio del poder, el “hombre de las botas” tuvo la chispa y capacidad de derrotar al partido en el poder, con una oferta difusa que se limitó a ofrecer el cambio como salida desesperada a 71 años de gobierno ininterrumpido.

Los 12 años de gobiernos panistas tuvieron aciertos y descalabros. Ese periodo era indispensable para transformar al país en un régimen democrático, donde l@s ciudadan@s tuvieran opciones reales para ejercitar sus derechos, sabedores de que su voluntad sería respetada en las urnas.

Los gobiernos “azules” fueron incapaces de concitar consensos duraderos con su oposición, encontrando en sus rivales poca colaboración para sacar adelante las reformas estructurales que el país necesitaba urgentemente.

Desde su campaña, Enrique Peña Nieto se negó a “nadar de muertito” y prometió, sin ambages, que emprendería una estrategia ambiciosa de cambios fundamentales a la anquilosada estructura productiva de la nación. La Reforma Energética ocupó el primer lugar de su oferta política, enfrentando críticas muy duras desde la izquierda.

Los electores tuvieron que elegir entre tres opciones. Josefina Vázquez Mota significaba la continuidad del gobierno calderonista. AMLO representaba el cambio radical. EPN apostó por una opción moderada que buscaba sacar al país del marasmo en que se encontraba, consciente de que su gobierno no contaría con mayoría en el Congreso.

Al triunfar, el nuevo Presidente logró forjar de manera sorpresiva una alianza legislativa con sus antiguos adversarios, que se condensó en el novedoso Pacto por México que, emulando la experiencia española, buscaba acuerdos en los grandes temas nacionales en una dinámica evidente de fragmentación política.

Desde su lanzamiento, el Pacto logró echar abajo los oxidados candados a las reformas estructurales, en su partido y fuera de él, despertando en el mundo la expectativa de que finalmente se alcanzarían los cambios a los que se aspiraba desde el “verano democrático” de 2000.

Hasta la fecha, México ha logrado sacudir la inercia de parálisis que lo caracterizó durante dos sexenios. Con honestidad, no podría decirse que el mérito corresponde de manera exclusiva al titular del Poder Ejecutivo federal; la actitud generosa de Gustavo Madero y Jesús Zambrano debe ser considerada si se quiere emitir un juicio balanceado.

Sin embargo, como todo proceso de cambio, el Pacto por México falleció tal y como lo conocimos en diciembre de 2013, dando paso a una etapa de resistencias y dificultades propias de un consenso tan frágil como el que se había alcanzado.

El Presidente y su partido están enfrentando en este momento obstáculos y contratiempos del abandono de la izquierda al pacto originario, generándose opciones limitadas a un acuerdo con el PAN, que es el único actor que posee las llaves para abrir el cerrojo de las ansiadas reformas y que aprovecha lo elevado del costo de su participación.

Los “duros” de todas las fuerzas políticas quisieran refugiarse en sus clientelas para no pagar el precio de decisiones dolorosas pero necesarias para el futuro de las próximas generaciones. Seguir apostando a lo mismo resultaría cómodo pero trágico para vencer el estancamiento que hoy vivimos.

BALANCE

Con sobriedad y realismo, frente al momento que vive su gobierno, Peña Nieto ha optado por concluir la negociación pendiente con el PAN, su socio estratégico en la Reforma Energética, actuando con paciencia y aguantando chantajes, presiones y llamados a la ruptura con tal de obtener los resultados planteados desde su campaña presidencial.

A pocos kilómetros de la meta, sería absurdo que el Presidente cediera ante las voces que le exigen un rompimiento con la derecha. Mantener el diálogo con el partido que puede garantizar los votos suficientes para sacar adelante la modernización del modelo energético refleja una visión de Estado que debe mantenerse. Peña Nieto podría optar por el ajuste de cuentas y las revanchas. Por fortuna, su camino sigue siendo el de las reformas.

                Twitter: @pacoguerreroa65

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