¿Democracia hueca?

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Francisco Guerrero Aguirre 18/06/2014 01:40
¿Democracia hueca?

Gracias a dos oportunos estudios, sabemos que l@s mexican@s desconfían de su sistema político. Peor aún, l@s policías y los partidos son calificados como los más corruptos, ubicándose con una reputación nada envidiable en un país que aspira a una democracia robusta y participativa.

El primer estudio, denominado “Informe país sobre la calidad de la ciudadanía en México”, elaborado por el INE y el Colmex, señala que sólo 2.29% de l@s mexican@s cree que l@s polític@s se preocupan por l@s ciudadan@s, percibiendo las elecciones como reflejo de una democracia hueca en la que muchos participan, pero pocos ganan.

El segundo estudio, intitulado “Encuesta de calidad e impacto gubernamental”, desarrollado por el INEGI, concluye que 88.3% de la población ve las prácticas de corrupción como un fenómeno frecuente y un lastre cada vez más pesado para el desarrollo.

Los datos que arrojan estos estudios son una prueba de que la población mantiene gran distancia con sus representantes y que el arribo de la alternancia y las prácticas democráticas no han sido suficientes para extirpar la desconfianza que durante muchos años prevaleció en un régimen autoritario.

Los controles diseñados desde los tres ámbitos de gobierno parecieran ser insuficientes para frenar la “idea social”, tan arraigada, de que “el que no transa, no avanza”, frase que se ha petrificado en nuestras prácticas cotidianas tal y como sucede en la metástasis: “Proceso de propagación de un foco canceroso a un órgano distinto de aquel en que se inició”.

A reserva de analizar a profundidad ambos estudios, es indispensable intentar una explicación a la desconfianza a las autoridades y a la convicción generalizada entre la población de que la corrupción es inevitable como mecanismo que “aceita” las transacciones y facilita todo tipo de negocios.

A pesar de que paulatinamente se ha construido una “democracia procedimental”, que permitió garantizar la secrecía del voto y la confiabilidad de los resultados, por distintas razones, ha persistido un espíritu de sospecha, que encontró su punto culminante en la crisis política de 2006.

El fantasma del fraude, heredado desde hace varios siglos, aún deambula en pleno siglo XXI, alimentado en muchas ocasiones por los propios partidos políticos, que han encontrado en esta figura una “excusa” muy adecuada para no aceptar derrotas, que más de las veces se deben a su propia incapacidad.

La suspicacia del PAN y PRD por la intervención indebida de gobernadores en las elecciones estatales, sumada a excesos genuinos de algunos virreyes insulares, generó que el PRI aceptara una Reforma Electoral que extirpó de los estados la capacidad de elegir a sus institutos locales y a los impartidores de justicia en la materia. Producto de dicha desconfianza, desapareció el IFE para dar paso a una nueva institución de carácter nacional conocida como INE.

Paradójicamente, a pesar de que habrá que invertir más recursos para satisfacer al nuevo modelo electoral, los cambios recientes no garantizan que l@s ciudadan@s se sientan más cerca de los representantes que eligen cada tres y seis años, si no se eliminan excesos y se modifican actitudes que transformen a l@s polític@s en personas de fiar.

BALANCE

La frase que reza que no hay nada mejor que “predicar con el ejemplo” debería ser una máxima de conducta recurrente en la actuación cotidiana de quienes disputan el poder en todos los niveles de la vida pública. Lo mismo sucede con la necesidad de que a cada escándalo de corrupción se corresponda con castigos ejemplares que sean mensajes inequívocos contra prácticas indebidas.

Las percepciones que se reflejan en ambos estudios demuestran que a pesar del enorme gasto que l@s contribuyentes hemos hecho por tener una democracia efectiva, así como la instalación de mayores controles a las prácticas corruptas, no han sido suficientes para construir la credibilidad social, que es tan indispensable para vencer el desprecio popular. Toda la desconfianza que trasminan los partidos en su entorno se ha filtrado a la mente de l@s ciudadan@s. No debería sorprendernos.

                Twitter: @pacoguerreroa65

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