Ameyalco: estampa del México salvaje

COMPARTIR 
Francisco Guerrero Aguirre 25/05/2014 00:52
Ameyalco: estampa del México salvaje

Las imágenes no mienten. Los noticieros lo transmitieron con toda su crudeza. Cientos de habitantes de San Bartolo Ameyalco, en la delegación Álvaro Obregón de la Ciudad de México, se enfrentaron con palos y piedras a granaderos, policías de proximidad y de tránsito destacados en la zona a petición de las autoridades locales. La escena me recordó a la Intifada. La turba es digna de Cisjordania y la Franja de Gaza.

El momento estelar del conflicto transmitido, profusamente por la televisión, es vergonzoso y al mismo tiempo indignante. En el suelo, un agente de la ley yace semiinconsciente mientras una decena de vándalos, con el rostro cubierto, lo apalean de forma cobarde con una saña que va en contra de los valores básicos de cualquier sociedad que se precie de ser civilizada.

El origen del problema reside en la negativa de un grupo de vecinos que se oponen a las obras de introducción de una tubería de agua potable del Sistema Cutzamala. La obra había sido suspendida ilegalmente desde el 14 de febrero, bajo el argumento de que la instalación del ducto tenía como propósito desviar el agua del manantial del pueblo hacia la zona de corporativos en Santa Fe. Según refiere el jefe de gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, los promotores de la rebelión son “piperos” que quieren frenar, por razones comerciales, la obra hídrica.

Por la información con la que contamos, las autoridades delegacionales habían intentado mantener un diálogo con los inconformes, con resultados negativos. Ante el fracaso de las negociaciones, de la mano del Gobierno del DF, se decidió llevar a cabo el operativo policial. El saldo fue de 25 agentes heridos, uno de ellos en estado de coma, 104 pobladores lesionados y nueve personas detenidas.

Queda claro que el despliegue de la autoridad de mil 500 agentes con dos helicópteros y cuatro ambulancias fue notoriamente fallido, desatando un brutal enfrentamiento en la ciudad capital de nuestro país. Recordándonos escenas propias de la Revolución, l@s habitantes inconformes sonaron las campanas del pueblo y armaron una batalla campal que ya le dio la vuelta al mundo. Ante los ojos del orbe, la Ciudad de México cuenta con espacios urbanos sin ley donde prevalece una convivencia salvaje.

Episodios como el referido desnudan una realidad que va más allá de la violencia. Los enfrentamientos con palos y piedras reflejan a gobiernos incapaces de resolver conflictos comunitarios y a residentes broncos y violentos que están dispuestos a desafiar impunemente a la autoridad, a pesar de que en ello esté en peligro su integridad física y su libertad.

Aunque existieron estrategias de planeación previas a la llegada de una legión de granaderos y policías, que a la postre resultaron fallidas, es evidente que en la Ciudad de México pueden darse verdaderas batallas campales a plena luz del día, revelando el enorme desgaste del ejercicio de gobierno en las delegaciones y la indolencia del gobierno central.

En este caso, como en muchos, aparece descarnado un rostro citadino salvaje y violento, donde los agentes del orden son incapaces de actuar conforme a protocolos internacionales que eviten poner en riesgo tanto la vida de los que protestan como la de los que representan a la autoridad.

BALANCE

Se ha dicho hasta el cansancio que la prevalencia del Estado de derecho es un requisito indispensable para garantizar un desarrollo ordenado para el país. Por desgracia, la aplicación de la ley se da de manera selectiva, privilegiando con mucha frecuencia criterios políticos que buscan preservar la influencia de líderes que entregan, cada tres años, ganancias electorales en época comicial.

Las imágenes dantescas que atestiguamos en San Bartolo Ameyalco certifican que el respeto por la autoridad está ausente en muchas zonas de la ciudad. En muchos barrios y colonias, se percibe un ambiente adverso al cumplimiento de la ley. Tantos años de manga ancha y de desprecio a los ordenamientos han aniquilado la civilidad y han edificado un monumento a la impunidad. Vivir así no nos lleva a un buen destino.

                Twitter: @pacoguerreroa65

Comparte esta entrada

Comentarios