Las “celebridades” y la sociedad abierta

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Francisco Guerrero Aguirre 11/05/2014 01:53
Las “celebridades” y la sociedad abierta

Henri Bergson acuñó el término de sociedad abierta para referirse a aquellas comunidades que tienen gobiernos tolerantes, capaces de responder a los deseos, anhelos e inquietudes de l@s ciudadan@s. Este concepto entraña la construcción de sistemas políticos transparentes y flexibles, donde el Estado abre al público los procesos de decisión fundamentales.

En la misma línea de pensamiento, Karl Popper recupera el concepto de Bergson y lo amplia en su obra seminal La sociedad abierta y sus enemigos, elaborándolo de manera conjunta con una proposición de Bertrand Russell. Así se define a las sociedades abiertas como aquellos espacios donde los líderes políticos o del gobierno son reemplazados, a través de los votos, sin la concurrencia de la violencia.

Popper señala que a diferencia de las sociedades autoritarias, las sociedades abiertas se alejan de los golpes de Estado o las revoluciones sangrientas bajo la premisa de que los individuos tienen la capacidad de tomar decisiones personales gracias al libre flujo de ideas y de información.

En una sociedad abierta, los ciudadanos ejercen el derecho al escrutinio como un mecanismo esencial para mandatar a sus representantes las decisiones más cruciales al amparo de los derechos políticos consagrados en la Constitución. En síntesis, la transparencia y el debate entre los servidores públicos electos por los votantes, es decir, senador@s, diputad@s y el propio Presidente de la República, debe darse a través de las reglas y los procedimientos establecidos.

Una sociedad abierta debe estar siempre dispuesta a procesar las mejoras institucionales y las reformas necesarias para el desarrollo del país. Como lo ha señalado George Soros, ningún conocimiento o avance tecnológico es definitivo. Ninguna sociedad debe cerrarse en consecuencia a la libertad de pensamiento y l@s ciudadan@s deben ejercer su crítica a través de los aparatos legales y culturales que facilitan dicho ejercicio.

De manera concurrente, en las sociedades abiertas se ha dado en tiempos recientes la emergencia de grandes e influyentes “celebridades”. La fama es considerada como un atributo de personas ampliamente reconocidas, premiadas y reputadas. Las “celebridades” reclaman un alto grado de atención por parte de la opinión pública y los medios de comunicación.

En tanto la fama es considerada como un requisito indispensable para alcanzar la categoría de “celebridad”, es necesario que dicha persona concite cierto nivel de interés público, ya sea por sus acciones o por sus ideas. Dependiendo de las circunstancias, ser una “celebridad” puede ser pasajero o mantenerse por décadas en el interés de la comunidad.

Una figura pública, como podría ser un político o un importante empresario, es factible que goce de cierta fama, pero no necesariamente de convertirse en una “celebridad”. En ese terreno, existen “celebridades” que han contribuido de manera significativa a las artes o la ciencia, pero al mismo tiempo, a través de los reality shows, se producen en hornos de microondas “celebridades” temporales sólo con propósitos comerciales.

BALANCE

En días recientes, Alfonso Cuarón, afamado director de cine, utilizó su estatus de “celebridad” para incursionar en el debate político adyacente a la polémica Reforma Energética. Inmediatamente, los actores políticos reaccionaron de acuerdo a sus intereses básicos, generando un episodio digno de un análisis más profundo.

Sin duda, la preocupación ciudadana del “célebre” Cuarón debe ser bienvenida en una sociedad abierta; pero al mismo tiempo, no podemos olvidar que nuestro sistema democrático tiene reglas y procedimientos que deben agotarse hasta sus últimas consecuencias.

En el tema energético, como en cualquier otro que pase por la aprobación de leyes, corresponde al Congreso escuchar todas las voces, hacer su trabajo y desahogar las votaciones definitivas. Así funcionan las sociedades abiertas.

                Twitter: @pacoguerreroa65

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