La tragedia venezolana

En las últimas semanas, en Venezuela se ha desarrollado la mayor crisis política de los últimos 12 años, en un ambiente de protestas callejeras...

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Francisco Guerrero Aguirre 02/03/2014 03:03
La tragedia venezolana

Intoxicados con torrentes de información doméstica y preocupados por nuestros propios problemas, en muchas ocasiones, l@s mexican@s tendemos a construir una “obsesión insular” que nos lleva a ignorar conflictos y crisis internacionales que se presentan en diversas regiones del mundo.

Acontecimientos tan relevantes como la primavera árabe, el creciente extremismo religioso en varios países africanos, o hechos tan recientes como las movilizaciones públicas en Ucrania, parecieran no tener efectos entre nuestra población que, aparentemente, focaliza su atención en los innumerables escándalos o en los bombazos mediáticos de la interminable agenda política del país.

En ese marco de indiferencia, la profunda crisis que se vive en nuestra hermana República de Venezuela ha logrado atraer una tímida cobertura de algunos medios televisivos, despertando por lo menos un sentimiento de solidaridad propio de nuestra condición de latinoamericanos.

La comunidad venezolana en México ha hecho múltiples intentos por concientizar a la opinión pública sobre la trascendencia del momento histórico que se está viviendo en el país sudamericano. Y no es para menos, en las últimas semanas, en Venezuela se ha desarrollado la mayor crisis política de los últimos 12 años, en un ambiente de protestas callejeras, donde la violencia ya ha cobrado algunas decenas de muertos, fundamentalmente jóvenes.

De manera recurrente, miles de estudiantes opositores, cansados del populismo y de la crisis económica, han estado saliendo a las calles para denunciar la violencia de grupos encapuchados, misma que atribuyen a grupos de infiltrados. El líder opositor Henrique Capriles ha responsabilizado al gobierno de Maduro de los actos de intimidación contra los manifestantes, en tanto, el Presidente insiste en que la “rebelión juvenil” está financiada por intereses extranjeros en un claro intento de desestabilización “imperialista”.

Por desgracia, Venezuela se ha caracterizado en los últimos años por ir destruyendo gradualmente el periodismo libre y crítico contra el régimen. En días recientes, individuos con insignias de grupos oficialistas robaron una cámara con valiosas imágenes a un equipo de periodistas de la agencia France-Presse, ante la inexplicable pasividad de unidades policiacas. Un oficial dijo a los periodistas, con gran cinismo: “Ustedes tenían que saber a qué se estaban exponiendo cuando venían para acá”.

Venezuela, nación que cuenta con una de las mayores reservas de petróleo y que se ha caracterizado por fondear al régimen de Raúl Castro, en Cuba, vive simultáneamente una profunda crisis económica, agravada por el racionamiento de alimentos y una inflación de 56.3%, que se combina con un mercado negro de dólares que ha profundizado la de por sí compleja situación del país.

La tragedia de nuestr@s herman@s venezolan@s reside en que en lugar de abrir un diálogo genuino entre el régimen de Maduro y su oposición, la nomenklatura del poder en Miraflores ha optado por endurecer sus acciones represivas, ensayando un mecanismo para limitar la venta de alimentos, que evoca la tristemente célebre libreta de racionamiento implementada en Cuba a principios de la década de los sesenta.

BALANCE

El modelo socialista de consumo que se pretende aplicar obligará a los consumidores a comprar productos básicos, como la leche, el aceite y la harina de maíz, sólo una vez a la semana en la red de mercados gubernamentales. Este tipo de medidas ha irritado aún más a la población joven, que no ve esperanzas para su futuro inmediato.

En lugar de generar condiciones de apertura política al conflicto que se vive en Venezuela, el presidente Maduro ha firmado un inverosímil decreto para adelantar el carnaval con el propósito de ahuyentar la crisis política, institucional y social que vive dicha nación. Bajo la tesis del populismo, el exconductor de autobuses ha dicho: “Habrá carnaval, habrá felicidad, no dejemos que nos inoculen el veneno del odio”. Sin duda, esa no es la salida. Menos carnaval y más diálogo.

                Twitter: @pacoguerreroa65

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