El rehabilitado, el rey desnudo y el vasallo

Aunque el “rechazo” ucraniano a la UE haya parecido irracional, el rompimiento con Rusia tiene consecuencias más graves.

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Foro Internacional Anáhuac 17/04/2014 01:07
El rehabilitado, el rey desnudo y el vasallo

Juan Arellanes*

En noviembre de 2013, Ucrania rechazó un acuerdo de asociación con la Unión Europea (UE) a favor de un acuerdo con Rusia, dando inicio al Euromaidán. El 21 de febrero, Alemania y Francia, excluyeron a EU (tras la desafortunada expresión de Nuland: “¡Que se joda la UE!”) y se reunieron con Yanukóvich, la oposición y un representante ruso, destrabando el conflicto ucraniano. Al día siguiente, francotiradores abrieron fuego contra los manifestantes y se desató el caos. El acuerdo murió, desembocando en el derrocamiento de Yanukóvich y la secesión de Crimea.

Aunque el “rechazo” ucraniano a la UE haya parecido irracional, el rompimiento con Rusia tiene consecuencias más graves para Ucrania y para la propia UE. Ahora Ucrania, financiera y geográficamente quebrada, será sometida a un ajuste estructural del FMI en el momento en que se ha quedado sin el subsidio de gas ruso. Ucrania está en implosión. Después de Crimea, el este de Ucrania ha iniciado un movimiento separatista que se complementará, a no ser que Rusia y EU lleguen a un acuerdo político sobre la federalización de Ucrania y su “neutralidad” geoestratégica. Pero si EU insiste en incorporar a Ucrania a la OTAN, la respuesta rusa será anexarse los territorios al este del Dnieper con las terribles consecuencias que de ello deriven.

Se discute si, con el conflicto en curso, inició una nueva Guerra Fría. La Guerra Fría se puede interpretar en términos ideológicos (por ejemplo, Bremmer dice que no hay nueva Guerra Fría, pues Rusia no tiene “el atractivo ideológico” que tuvo la URSS) o en términos geopolíticos. En el primer caso sirve para espantar a los ingenuos con el “imperialismo ruso”. En el segundo, sirve para comprender el reacomodo de poder global.

Desde un punto de vista geopolítico, no hay una “nueva” Guerra Fría: ésta nunca terminó. EU estuvo cerca de ganarla en la década de 1990: había un alcohólico en la Presidencia rusa que se dejó someter por los organismos financieros internacionales, mientras islamistas radicales tenían en jaque a un gobierno inoperante y los oligarcas rusos acaparaban los recursos naturales fungiendo como prestanombres de banqueros occidentales. Lo único que faltó fue fragmentar a Rusia en varios pequeños estados.

Pero, con el nuevo siglo, vino la rehabilitación de Rusia como gran poder geopolítico de la mano del dirigente ruso más competente desde Pedro, El Grande: Vladimir Putin. EU retomó la Doctrina de Contención: la OTAN se expandió hacia el este, violando la promesa que Baker hizo a Gorbachov en 1990; instaló bases militares en el espacio exsoviético; impulsó cambios de régimen mediante “revoluciones de color” en Serbia, Georgia, Ucrania y Kirguistán; y, tras retirarse del acuerdo ABM, emprendió la construcción de un escudo antimisiles destinado a intimidar a Rusia (por no hablar de la asesoría militar que dio a Georgia en 2008 o el reciente respaldo a grupos neofascistas en Ucrania).

De modo que la reciente (re)anexión de Crimea por Rusia (que controla militarmente la península desde 1783) no desencadenó una nueva Guerra Fría, simplemente la hizo evidente. Queda por ver si el rey desnudo (en estado de negación
respecto a su decadencia hegemónica, mientras juega a que “sanciona” a Rusia) insiste en llevar las cosas más lejos.

La solución es simple: bastaría con que Europa deje de comportarse como vasallo, convirtiendo a Ucrania en un puente que garantice su abastecimiento de gas ruso y no en un abismo. Pero todo indica que preferirá “comprar” la falsa promesa del fracking, incrementando su dependencia hacia EU, aun en contra de sus intereses.

 

*Coordinador académico de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Anáhuac – México Norte.

forointernacional@anahuac.mx

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