Crimea: nueva Guerra Fría

Rusia quiere recuperar parte de la Europa que cree que le pertenece, aunque no respete el derecho internacional.

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Foro Internacional Anáhuac 13/03/2014 00:00
Crimea: nueva Guerra Fría

Yoanna Shubich Green*

La crisis ucraniana se ha convertido en una nueva confrontación entre Estados Unidos (EU) y Rusia, una disputa geopolítica que evoca los tiempos de la Guerra Fría. Recientemente, el Parlamento de la República Autónoma de Crimea votó a favor de salir de Ucrania y unirse a Rusia y, para ello, aprobó realizar un referéndum el próximo 16 de marzo, donde se preguntará a la población si está a favor de la unión con Rusia o seguir formando parte de Ucrania.

Crimea está poblada por dos millones de personas, de las cuales 60% son rusos, 26% ucranianos y 12% tártaros, quienes están a favor de mantener la región dentro de Ucrania. Crimea ha dependido económica y políticamente de Rusia, además de ser una zona estratégica en términos económicos, geopolíticos y militares, ya que la flota rusa del Mar Negro tiene su base en Sebastopol. Al igual que en el siglo XIX, Rusia considera que Ucrania es su ámbito natural de influencia y su zona limítrofe con Occidente, y no permitirá que países del Oeste se entrometan en ella. Para los rusos, desde que Catalina II conquistó Crimea en 1783, la región es indisoluble de Rusia, a pesar de que fue devuelta a Ucrania por Nikita Kruschev en 1954 por una decisión considerada errática, por lo que no están dispuestos a renunciar a dicho territorio.

Por lo anterior, el resultado previsible será que los ciudadanos decidirán su unión con Rusia y la península de Crimea pasará de facto a formar parte de la Federación Rusa. Así, el referéndum legitimará la anexión formal a este país a pesar de las condenas de Ucrania y los países occidentales.

Vladimir Putin, presidente ruso, vio a las protestas en Ucrania que estaban a favor de un mayor acercamiento con Europa no simplemente como una derrota geoestratégica, sino como que los países occidentales intervinieron en su zona de influencia y que éstos instigaron la revuelta para atraer al país a la órbita occidental, a pesar de su propensión natural de aliarse con Rusia, tratando de incorporar a Ucrania a Europa y a la OTAN, bloque militar de países del oeste. Putin se siente engañado por Occidente y quiere recuperar parte de la Europa que cree que le pertenece, aunque no esté respetando el derecho internacional.

Estados Unidos y los países europeos estiman ilegal el referéndum y que Rusia está violando la soberanía ucraniana, por ello impusieron sanciones económicas, sin embargo, los castigos, considerados “tímidos”, no obligarán a Moscú a renunciar a Crimea, ya que Putin sabe que Inglaterra necesita el capital financiero ruso y el resto de Europa depende de la energía rusa, 80% del gas que Europa importa de Rusia pasa por los gasoductos de Ucrania.

Ante estos hechos, Europa y EU dan la imagen de ser débiles y se percibe que este último está desinteresado en el exterior y por su elevado déficit público busca replegarse militarmente.

Ante tal situación, el exsecretario de Estado de EU, Henry Kissinger, sugirió a los ucranianos cooperar entre sí y reconocer que Crimea tiene una relación especial con Rusia y que tomen como ejemplo a Finlandia, que no deja dudas sobre su independencia y coopera con Occidente en la mayoría de las áreas, pero evita cuidadosamente una hostilidad institucional hacia Rusia; por ejemplo, que los actuales dirigentes ucranianos no presionen para ingresar a la OTAN.

Putin trabajó en la KGB, vio desintegrarse el imperio interior y exterior de la URSS. Hoy parece querer restaurar la gloria perdida y está actuando con la geopolítica en la cabeza y defenderá por todos los medios su esfera de influencia, ya lo hizo en Siria, ahora lo hará con Crimea, además, porque puede hacerlo.

* Coordinadora académica de la Escuela de Relaciones Internacionales. Universidad Anáhuac México Norte.

forointernacional@anahuac.mx

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