Santos laicos

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Fernando Serrano Migallón 12/12/2013 02:08
Santos laicos

Hace apenas unos días, después de una vida larga y fructífera, Nelson Mandela falleció dejando una estela de admiración, comprensión y afecto que ha conmovido al mundo; no se han tardado en aparecer las “revelaciones” sobre el verdadero rostro del hombre, sus contradicciones y sus dolores íntimos; como si hubiera algún ser humano que no tuviera algo así en su existencia. Pero, sean cualesquiera los defectos y contradicciones del hombre, la dimensión de su servicio, no ya a su pueblo, sino a la humanidad, deja a su favor un legado histórico de profundo sentido.

Jesús Silva Hérzog llamó a Isidro Fabela héroe civil y santo laico; son esas dos formas de personalidad lo que nuestro tiempo requiere; hombres y mujeres como Mandela —también héroe civil y santo laico— que comprometan en una sola causa lo ético y lo político, lo humano y lo colectivo; que en lo que hagan se muestre su creencia en la igualdad, en el derecho, en la dignidad de las personas y en su libertad; credo laico de humanidad y colaboración, que nos ha permitido en la historia transitar desde la opresión y la esclavitud hasta la democracia y la igualdad.

Mujeres y hombres como Mandela, pero también como Malala Yousafzai, poseedora de una potencia espiritual que da sentido al discurso sobre la educación que en otras palabras apenas parece teoría; como Ernesto Cardenal y su incesante lucha por los derechos de los pueblos originarios de América; existen hoy, viven en nuestras sociedades y su ejemplo actúa sobre quienes los rodean y sobre quienes escuchan su mensaje.

Una antigua leyenda judía, basada en el relato bíblico de la destrucción de Sodoma y Gomorra, dice que mientras en el mundo existan 12 justos, Dios no destruirá la humanidad; cuando observamos las noticias llenas de violencia, de odios antiquísimos, del viejo dolor que causa la desigualdad, pienso en esos santos laicos, en ellos los famosos y reconocidos y en los que no lo son, que tienen su compromiso no en las alturas sino en el día a día, que su mística es el derecho fundamental de cada ser humano, que su credo es la convivencia pacífica de todos y que su sacramento es servir a los demás en el contexto de cada sociedad.

Ellos son los santos laicos y héroes civiles; aquellos como Mandela que nos revelaron la existencia de un mundo mejor, y no en los cielos ni en la trascendencia, sino en las desérticas llanuras de Sudáfrica, en las atestadas ciudades de India, en las selvas latinoamericanas.

Personas a quienes hace diferente su compromiso con la verdad y con las cosas auténticamente valiosas, que tienen miedo, como todos, pero que convierten su temor en potencia para construir. Mujeres y hombres como Zlata Filipovic, que no deja morir el recuerdo de la guerra que acabó con Yugoslavia; como cada miembro de ACNUR, en fin, como cada uno que hace en la sociedad lo que le corresponde, que lo hace bien y con amor por sus semejantes.

Ahora que termina un año más, que las buenas intenciones y los buenos deseos se acumulan entre los paquetes de regalos, sería bueno dejar un momento de lado la prisa y el batallar cotidiano y dedicar unos segundos a pensar en ellos, en esos justos que sostienen el mundo con sus acciones nobles y generosas; en esos santos laicos, que nos devuelven la fe en el ser humano, en su futuro y en su capacidad para construir tiempos mejores.

                *Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

                fserranomigallon@yahoo.com.mx

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