¡Pelotero a la bola!

11 de Enero de 2017

México sufrió una crisis seria de gobernabilidad en 1986, crisis mucho más grave que la que estamos viviendo actualmente, aunque haya sido discutida en los foros públicos con menor intensidad. No existía entonces, claro, la apertura en los periódicos ni en los medios masivos que surgió de la conciencia ciudadana que nos dejaron los temblores del 85 y la solidaridad ciudadana que se dio entonces. No existían en ese tiempo tampoco los llamados foros sociales que la tecnología ha puesto a nuestra disposición. Pero la crisis de gobernabilidad, que comenzó con la inhabilidad del Ejecutivo para enfrentar los temblores, fue muy grave.

En el verano de 1986 un pequeño grupo de prominentes empresarios mexicanos voló a Europa, en aguas de cuyos mares vacacionaba en su barco Azteca Emilio Azcárraga Milmo, con quien fueron a encontrarse. Llevaban la propuesta de impulsar a Emilio Azcárraga a la Presidencia de la República, porque él era el único que podría sacar a México del profundo hoyo en que se encontraba. Azcárraga Milmo, contrario a su natura, declinó comedidamente la invitación y mandó de regreso a sus visitantes. No sólo eso: don Emilio dedicó todos los esfuerzos del priista que decía ser a procurar la candidatura del PRI a la Presidencia para Carlos Salinas de Gortari, mientras se exiliaba temporalmente en Estados Unidos, dejando claro que iba a ocuparse de sus negocios de allá y que no tenía que ver con los negocios de acá.

En la crisis actual, un canal de televisión de Mérida, Yucatán, ha puesto en el aire —y luego las llamadas redes sociales le han magnificado en difusión— un video en el que plantea la posibilidad de que el ingeniero Carlos Slim Helú sea el próximo Presidente de México. Los argumentos son similares a los de aquel viaje que refiero de los empresarios mexicanos visitando a mi segundo padre en 1986: no va a robar porque es rico, va a ser eficiente porque maneja empresas exitosas, tiene reconocimiento internacional, que le abre todas las puertas.

Lo mismo se aplica al ingeniero Carlos Slim.

Por lo mismo, el probablemente cándido planteamiento de Telesur, el canal yucateco, ha tenido un gran impacto. Cientos de miles de cibernautas se adhieren en la desesperación de los mexicanos a la propuesta de ese canal, que se robó el nombre del canal que inventó el venezolano Chávez como instrumento de propaganda de su proyecto dizque bolivariano. A mí, personalmente, me parece una gran idea. Carlos Slim Helú es el único mexicano que puede sacar a este país del hoyo en que nos han metido. Ninguno de los partidos registrados en nuestro país tiene un solo personaje que pueda despertar algún vestigio de esperanza o mostrar las menores calificaciones para ponerse al frente de una nave náufraga.

Por lo mismo, el ingeniero no va a aceptar este reto lleno de peligros. Eso, en el caso de que sepa de él. ¿Quién quiere sacarse al tigre en la rifa? ¿Hay alguien que quiera enderezar este país hecho pedazos?

Yo no tengo acceso al primer círculo del ingeniero Slim, pero tengo la certeza de que su nivel intelectual no le permitirá ni siquiera considerar la posibilidad de encabezar una empresa en naufragio que se llama México. Aunque sea loable. Slim agarró a Teléfonos de México, ejemplo del fracaso, y la hizo una empresa medianamente eficiente, plataforma de lanzamiento de otros negocios mejores, como la telefonía celular y próximamente la televisión.

Nuestra novena anda desfondada. Por eso busca a un bateador emergente.

El problema es que no tiene hombres en base, sino dos outs en la pizarra y cero bolas, dos strikes.

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