Buscaré otra cara que a ti se parezca

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Félix Cortés Camarillo 05/09/2014 01:54
Buscaré otra cara que a ti se parezca

La pugna de Cárdenas con Calles, el desdén hacia el almazanismo, la pugna interna en la sucesión de Ruiz Cortines, la frustración de Mario Moya con camisetas, cachuchas y pancartas impresas, todo ello son manifestaciones ocultas de las crisis internas por las que el PRI ha tenido que atravesar. Tragar sapos es la primera lección de la carrera política, debiera decir el manual priista.

Ninguno de esos sismos llevaron al cisma total. Tuvo que surgir un berrinche de Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo ante la inflexible presidencia del PRI de Jorge de la Vega Domínguez para que ocurriera la salida de esos “prominentes priistas” que se fueron con su música a otra parte a fundar lo que hoy conocemos como el PRD.

Más allá de la crisis ideológica que los partidos políticos mexicanos sufren actualmente, y con un peso específico mucho mayor, está el problema de su corrupción interna, esa rebatinga de las posiciones de mando interno que deriva de, y a la vez acompaña, a la repartición de las cuotas económicas que la generosa legislación electoral de este país entrega a los actores de esa farsa que en México se llama democracia.

Este fin de semana, el PAN, partido que en sus orígenes personalizó los valores morales de la dominante clase alta mexicana, católica a rabiar, conservadora e hipócrita, y los valores aspiracionales de la clase media emergente, igualmente católica, y molesta por las corruptelas del partido “oficial”, ha de reunirse para la renovación de su consejo nacional, el órgano interno supremo, que será el que lleve a cabo la renovación de su dirigencia a nivel nacional.

El problema es que nosotros los de entonces ya no somos los mismos, como escribió Neruda. Los panistas de pura cepa fueron sustituidos por los oportunistas que solamente querían un acceso a la repartición de las posiciones del poder, cuando el PAN sorpresivamente se encontró en su camino con la alternancia en el Poder Ejecutivo federal, que ni esperaba ni buscaba. Vicente Fox Quesada no ganó las elecciones del año 2006: el PRI las perdió y los votos que el PAN cosechó fueron votos de rechazo al viejo sistema y de temor a la amenaza alocada de Andrés Manuel López Obrador.

Al verse inesperadamente a cargo de la Presidencia de la República, el PAN se dio cuenta de que no tenía cuadros suficientes, ni en experiencia o preparación para ocupar todas las plazas importantes del poder; vamos, ni siquiera en número bastante para ellos. El PAN de Fox y el de Calderón acudieron a la afiliación masiva, vicio del que siempre había criticado al PRI, el corporativismo en el que, a cambio de tu firma y de tu voto, obtenías una torta y una gorra. Los más hábiles, una chamba.

En esa corrupción del partido residen todas las lacras que han escandalizado a propios y extraños en los años, meses, días y horas recientes. Las denuncias dentro y fuera del partido por mordidas, sobornos, cochupos, componendas y raterías, son mucho más importantes que las exageradas y pudibundas quejas  sobre los bailes con putas o los agarres de nalga. El panismo atrapado en el laberinto de su remolino insaciable no tiene de qué asirse. En realidad nunca tuvo porque los panistas de ahora son priistas empanizados, disidentes enojados porque no les dieron la rebanada de pastel a la que tenían, en sus sueños, pleno derecho. Una crisis que ha sido abundantemente analizada en el libro de Luis Felipe Bravo Mena, analista de un partido que se convirtió en membrete hueco.

En estos casos, como reza el precepto básico de la homeopatía, lo similar busca y combate a lo similar. Las alianzas de pillos solamente pueden darse entre pillos. Es evidente que las dirigencias diversas dentro del PAN traten de allanar el camino de esas alianzas. Si no lo logran, acabarán en una crisis mayor que la que llevó al surgimiento del PRD con los priistas resentidos.

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