La cárcel de Cananea

Las aguas de Hermosillo estarán, en cuestión de horas, contaminadas por el ácido sulfúrico vertido por la mina de Cananea...

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Félix Cortés Camarillo 28/08/2014 01:45
La cárcel de Cananea

Monterrey y Hermosillo comparten hoy el privilegio de ser ciudades pujantes del norte mexicano y el peligro de beber agua envenenada en los próximos días es patente, diga lo que diga el secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Juan José Guerra Abud; él se dio una breve vuelta por las márgenes del río San Juan, donde nadan cuatro mil barriles de petróleo de la refinería de Cadereyta rumbo al reservoir de la presa del Cuchillo, por allá por China, Nuevo León, de cuyas aguas también bebe Monterrey y dijo que en cuestión de días el cochinero estaría limpio.

Las aguas de Hermosillo estarán, en cuestión de horas, contaminadas por el ácido sulfúrico vertido por la mina de Cananea sobre el río Sonora, en lo que el ínclito Guerra Abud dijo que era el peor desastre ambiental de la industria minera. Por lo menos un acierto, ensombrecido por el monto ridículo de la multa impuesta a la minera México, cuyas descomunales ganancias de la mina de Cananea convierte en quitarle un pelo al gato.

Hay otros desastres: en Durango, otros venenos corren por donde debieran ir aguas limpias. Los ríos de nuestro país están, todos, contaminados de basura y desechos químicos de la industrialización indiscriminada, sin vigilancia y sin control. En Zacatecas, las minas de mercurio matan gente por decenas al año sin que nadie diga ni pío. Si la Semarnat siguiera sola al frente de la persecución de estos desaguisados ni cuenta nos hubiéramos dado de los millones de pesos —cien en quince días— que el ineficiente gobierno de Sonora tendrá que pedir al federal para atender las necesidades más inmediatas para contener los daños. Se habla de “mover” los pozos de agua para que no estén contaminados. Espero conocer el detalle de esta innovación tecnológica de calibre mundial.

Los habitantes de las márgenes del río Sonora sólo quieren que alguien venza el miedo de comprarles sus quesos. Los que viven al lado del río San Juan se conformarían con que no se les mueran las vacas que beben de sus aguas.

La versión oficial del problema en Cadereyta es harto sospechosa.

Hasta donde llega mi información, los piratas que roban los ductos de Pemex se apoderan de gasolina que llevan en pipas a una cadena de gasolineras fraudulentas que la vende al público. Desconozco qué puede hacer un ratero que saca petróleo crudo, ese que barniza de negro las plumas de los patos en Nuevo León, con cuarenta mil barriles de petróleo crudo. ¿Será que lo vende por litro de a 800 gramos?

La contaminación de estos ríos no sólo debe aliviarse de inmediato. Es imprescindible encontrar a los responsables de estos actos criminales y acusarles penalmente. Es obligatorio que los damnificados en su patrimonio, vida y salud sean remunerados en reposición por los daños.

La papa caliente de esta responsabilidad va de mano en mano. Semarnat dice que no está en su jurisdicción revocar la concesión que sobre nuestros bienes y recursos tiene Grupo México. Se alega que la entidad que debe proteger al medio ambiente no hizo la ley que pone a los criminales multas ridículas de no-sé-cuantos-miserables-salarios-mínimos como insuficiente castigo. Los señores becarios del Congreso mexicano están obligados a legislar a favor de la defensa de nuestro hábitat en lugar de las paparruchadas a las que dedican su tiempo.

La cárcel de Cananea fue el sitio en el que los rebeldes obreros de la mina fueron sometidos en junio de 1906, antes de ser pasados por las armas frente a los muros de un aserradero que estaba en las cercanías. La huelga de Cananea fue de apenas cuatro días gracias a la incompetencia y cobardía del gobernador de Sonora, Rafael Izábal, y provocó una invasión de tropas de Arizona. Se le recuerda, sin embargo, como antecedente legítimo de la Revolución Mexicana.

¿No podría marcar el inicio de una recuperación de nuestra dignidad? ¿Por lo menos de nuestras aguas para beber?

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