Guárdame el resto pa’comprarme un alipús

COMPARTIR 
Félix Cortés Camarillo 25/08/2014 00:32
Guárdame el resto pa’comprarme  un alipús

El Instituto Nacional Electoral, que es lo mismo que el IFE pero más caro, quiere gastarse en 2015 más de 20 mil millones de pesos. En el año en curso el juguetito les costará a los mexicanos algo más que la mitad, 11 mil 800 millones. La cifra, dicen los consejeros, obedece a que el año próximo tendremos elecciones: de los 20 mil millones pedidos, alrededor de la cuarta parte serán para las llamadas prerrogativas de los partidos políticos con registro. En 2009, el más reciente año electoral, los partidos recibieron 30% menos.

A la vista de estas cifras se entiende que don Lorenzo Córdova, flamante consejero presidente del armatoste electoral, defienda con denuedo la supervivencia de los legisladores llamados plurinominales. Estos son los que no son postulados por nadie, no representan nada ni necesitan hacer campaña. Los diputados y senadores que en la anunciada consulta popular solicitada, Peña Nieto sugiere eliminar 100 de 200 diputados y 32 de 32 senadores, son becarios de esta dictadura de la mayoría que llamamos democracia. Han de ser entusiastas aprobadores de cuanto incremento al presupuesto del Instituto les pongan enfrente. Igual de entusiastas que los legisladores “legítimos” los que deben su chamba a algún membrete oficializado por ellos mismos.

De las tres iniciativas de consulta popular esbozadas para el verano próximo, dos se caen de inconstitucionalidad y una por el sentido común, que es el menos común de los sentidos entre nuestros políticos. La Reforma Energética, un fait acompli, afecta los ingresos del Estado. La presencia en el Congreso de esta modalidad de los zánganos legislativos es un asunto obviamente electoral; en consecuencia la Suprema Corte de Justicia, institución más inútil y más cara que el propio INE, tendrá que rechazar la mera formulación de esas consultas. La demagógica propuesta de Gustavo Madero de aumentar en automático el salario mínimo de los trabajadores mexicanos, tendrá por lo menos el mérito de provocar un análisis del empobrecimiento de la familia mexicana, en un estimado de 30% en menos de un año, lo que lleva la reforma recaudatoria que nos aniquila. No obstante, el aumento mecánico de las percepciones sería simplemente un detonador de una inflación mayor a la que tiene detenido el desarrollo.

No nos queremos dar cuenta, o tal vez la abulia nuestra nos hace que nos importe un pito, pero estamos de lleno en la campaña electoral del año que viene. Esto quiere decir, para los que no lo saben, del reparto de nuestro patrimonio colectivo que los políticos hacen desde sus puestos. Cada asiento en el Congreso es un voto a su favor. Por eso el empeño en calificar o descalificar desde ahora las supuestas consultas.

Hay que decir que si se realizaran, los resultados de estos plebiscitos son fácilmente previsibles, puesto que fueron concebidos de manera tramposa: nadie en su sano juicio puede votar porque el miserable salario mínimo, un recurso demagógico-administrativo de tecnócratas que nunca van al súper, se mantenga en su nivel actual. Que los legisladores, desde luego, desconocen. Sólo un orate o un diputado plurinominal puede votar porque subsistan estos becarios que inventó don Jesús Reyes Heroles para taparle el ojo al macho tuerto de la dictadura perfecta. En el caso de la Reforma Energética, el desaseo con el que se condujo su concertada aceptación y la sarta de mentiras que se difundieron para tratar de convencernos —por ejemplo, que la gasolina y la energía eléctrica van a bajar de precio—, podría mover a los mexicanos a sentirse mejor con una revisión concienzuda de las nuevas leyes sacadas al vapor.

Nada de eso sucederá. Seguiremos como Bartola, estirando los dos pesos.

Del alipús ni hablamos.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red