De tin marín de do pingüé

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Félix Cortés Camarillo 22/08/2014 01:05
De tin marín de do pingüé

El gobierno mexicano tradicionalmente ha pretendido eliminar la posibilidad de que un solo periódico diario de la capital del país se convierta en poderoso medio de comunicación social. En esa torpe estrategia descansa el hecho de que la Ciudad de México sea probablemente la ciudad que más periódicos diarios tenga. Paradoja en un país en el que tan poco se lee: la dispersión como método de descalificación. Al tener muchos, no se tiene uno, diría don Pedro Grullo.

Con mucho retraso, el PRI acaba de descubrir el método. Por iniciativa del partido en el poder pondrá a su maquinaria a reunir antes del 15 de septiembre un millón y medio de firmas para poder incluir en las boletas electorales del año próximo una consulta popular para eliminar 100 diputados plurinominales de los 200, y los 32 senadores de la misma calaña que hoy cobran en el Congreso. César Camacho Quiroz, mandamás del PRI, recuerda que la reducción del número de legisladores fue uno de los compromisos de campaña del presidente Peña Nieto.

De esta suerte, previo acopio de las firmas requeridas, los que acudamos a las urnas el próximo verano no tendremos una consulta popular, más bien un refrendo de la Reforma Energética o su rechazo, como propone la dizque izquierda mexicana al través del PRD, sino tres: la referida sobre los energéticos, la consulta auspiciada por Gustavo Madero sobre el incremento al salario mínimo y la que propone Camacho Quiroz. La dispersión como método de descalificación. Tener tres equivale a no tener ninguna.

Hay publicistas que consideran la propuesta de la llamada izquierda como seria y legítima, la del PAN táctica simplona y absurda y la del PRI una mera vacilada. En fin, cada quien.

Lo indudable es que son tres maniobras desesperadas por convocar la luz de los reflectores en un ámbito en que la partidocracia ha demostrado su fracaso y provocado el repudio generalizado, y los protagonistas, los tres partidos políticos principales, atraviesan por una acentuada crisis de desprestigio que mezcla la frivolidad con la corrupción.

Si las consultas populares se dan, las tres tienen garantizado un sí digno de consideración. En el caso de la Reforma Energética, aprobada haiga sido como haiga sido, un porcentaje importante de ciudadanos expresará mediante la consulta sus inquietudes no tanto por la esencia de su contenido como de la prisa y mecánica atropellada que llevó a su aprobación mediante sesiones, concesiones, cesiones y transacciones.

De proceder, las otras dos tienen garantizada la abrumadora mayoría, casi la unanimidad. Yo quisiera encontrar un mexicano con sus facultades mentales intactas que se pronuncie en contra de que el salario mínimo se aumente. Mucho menos que alguien se oponga a que los diputados y senadores que sin merecimiento ni campaña, programa o compromiso algunos, reciben su charola de legislador para estacionar su auto en doble fila, apantallar policías y dueños de antros y, sobre todo, cobrar generosas dietas, bonos, aguinaldos, premios y estipendios excepcionales. Pedro Ferriz de Con lleva un tiempo largo propugnando ese cambio y obteniendo respaldo popular enorme.

Desde luego, la revisión de la Reforma Energética se bloqueará por medio de los recursos legales que impiden someter a consulta popular lo que se refiera a los ingresos del Estado, y punto. La revisión del salario mínimo devendrá un deslinde de ese indicador como referente para penas y castigos. La reducción del número de legisladores, la de mayor apoyo popular, será bloqueada hasta las últimas consecuencias por los beneficiarios de la inflación legislativa, los partidos políticos. Beneficiarios en términos económicos y de poder real.

¿Nosotros, los mortales? Seguiremos jugando al tin marín de do pingüé.

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