James Foley

El 22 de noviembre de 2012, precisamente el día que Estados Unidos dedica a la Acción de Gracias, Foley y su traductor salieron de un café en Aleppo, Siria; fueron detenidos por un comando armado y desde entonces no se supo del paradero del periodista-fotógrafo hasta ahora.

COMPARTIR 
Félix Cortés Camarillo 21/08/2014 00:57
James Foley

No existe canción para esta manifestación de salvajismo.

Una grabación de video difundida el martes por internet muestra momentos previos a la ejecución, degollado con cuchillo, de James Wright Foley en una zona desértica, sin montañas ni referentes.

Con la cabeza rapada, Foley, quien era un periodista free lance del Boston Globe, tenía 40 años de edad. Había nacido en Rochester, en la costa este de Estados Unidos, en New Hampshire. En 2011 fue detenido en Libia y juzgado por haber entrado ilegalmente al país. Fue condenado a un año de cárcel y liberado condicionalmente luego de seis semanas.

El 22 de noviembre de 2012, precisamente el día que Estados Unidos dedica a la Acción de Gracias, Foley y su traductor salieron de un café en Aleppo, Siria; fueron detenidos por un comando armado y desde entonces no se supo del paradero del periodista-fotógrafo hasta ahora.

La macabra grabación en video no muestra el preciso momento en que la cabeza es separada del cuerpo de Foley. Aun así, es demasiado cruenta, con el hombre vistiendo un traje de preso color naranja, de rodillas, esperando la muerte, como para mostrarlo entero en televisión. Pero el más cruento momento es en el que el hombre lee un texto, preparado obviamente por sus asesinos, condenando los bombardeos de Estados Unidos sobre Irak. El discurso termina con Foley lamentando ser estadunidense. El hombre encapuchado en negro, que está a su lado blandiendo un cuchillo, lo acerca al cuello para matarlo. En una toma posterior, en el mismo sitio, aparece otro hombre ataviado igual que Foley; el verdugo advierte en inglés —supuestamente con acento británico— que se trata de otro periodista estadunidense que correrá la misma suerte que el muerto si Obama no interrumpe los ataques a Irak. Se trata de Steven Sotloff. Sotloff se describe en su hoja de Twitter como un “stand-up philosopher from Miami”, actualmente en Libia. En breve lapso será una víctima más del terror islámico.

Hay 40 periodistas desaparecidos en Siria. No se revelen nacionalidades ni muchos detalles en la esperanza de sus familiares y colegas de que la discreción ayude a que se les libere. Difícilmente sucederá esto.

Todo lo anterior es una mera reseña de cosas ya conocidas por todos. Son hechos que están ahí, que no necesitan interpretación, que no hay tampoco modo de modificarlos.

No hay canción que contenga lo que este espectáculo provoca.

Nadie nos obligó a escoger la profesión más riesgosa del mundo. Pudimos haber sido contadores públicos. Foley o Sotloff pudieron haber ejercido el cómodo periodismo del escritorio y la opinión. Ellos escogieron ser reporteros, reporteros en los sitios más peligrosos del planeta, sabedores de que lo que sucedió a Foley les podía suceder a todos.

Saber eso, como cualquier canción, alivia poco.

La canción es gozo, burla si se quiere, indignación acaso. Puede ser, incluso, rencor o dolor. Lo que yo presencié la mañana de ayer frente a la pantalla del televisor solamente tiene una palabra: asco. Para eso, no hay canción.

Comparte esta entrada

Comentarios

Lo que pasa en la red