Brinca la tablita, yo ya la brinqué

Hasta el momento, que se sepa, lo único que ha cambiado es la dirigencia del Sindicato Naciona de Trabajadores de la Educación.

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Félix Cortés Camarillo 20/08/2014 01:36
Brinca la tablita, yo ya la brinqué

Nos guste o no, Enrique Peña Nieto está entrando en la historia como el presidente mexicano reformista del siglo XXI. Hemos sido testigos —partícipes involuntarios, diría yo— de sus empeños por modificar las estructuras legales del país en las áreas fundamentales. No puede decirse aún que sus buenas intenciones se hayan traducido en gratas realidades.

Para muchos de nosotros, la Reforma Educativa dejó intacto el grotesco monumento que de la educación han hecho los manoseos que le han dado por igual políticos pillos, funcionarios ineptos y oportunistas corruptos. Hasta el momento, que se sepa, lo único que ha cambiado es la dirigencia del SNTE. Ni planes de estudio ni metodología de la enseñanza ni transformaciones pedagógicas ni programa racional educativo a largo plazo.

Para una abrumadora mayoría de la clase media en proceso de extinción, la llamada Reforma Fiscal no es otra cosa que adecuación recaudatoria que ha venido inhibiendo la inversión nacional y ha deteriorado el poder adquisitivo de los mexicanos, especialmente los mexicanos cautivos del SAT. Más de 60% de la Población Económicamente Activa, que reconocidamente se dedica al comercio informal, sigue sin aportar su cuota al desarrollo nacional. La Reforma de Telecomunicaciones se convirtió en una confusa miscelánea que no dejó contento a nadie, y aparentemente la más razonada y razonable de las reformas peñistas es la energética, aunque se encuentre cautiva de los enormes compromisos sindicales que hereda.

Pero me ocupa la Reforma Educativa porque sigo pensando que por encima de los recursos naturales, del sheriff recolectando impuestos en el bosque de Sherwood sin un Robin Hood a la vista, más allá de los intentos por desarticular las empresas de telefonía y radiodifusión, causando un grave daño a la estructura de comunicación social del país. Por encima de todo eso, sigo pensando que el recurso más importante del que dispone México es su juventud, y que la única promesa válida para el futuro del país es la educación de esos jóvenes.

La princesa y el guisante es una vieja fábula de Bósforo, del siglo III, pero Hans Christian Andersen la adaptó a la Europa de su tiempo. La base de la fábula es que, para demostrar su nobleza, la princesa duerme sobre siete colchones debajo de los cuales hay un chícharo. Puesto que ella es tan sensible, la pequeña semilla que sólo ella siente no le deja dormir.

Peña Nieto está en peligro de que sus reformas se vean ensombrecidas por un guisante molesto. Me entero de que el Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca comenzará a contratar como maestros de primaria a todos los egresados de las 11 escuelas normales del estado. Esto es resultado de las negociaciones “de alto nivel” entre el subsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda, y la Comisión Política de la Sección 22 del SNTE.

Serán contratados como maestros de nuestros hijos, sin la evaluación a la que obliga la Reforma Educativa; sin examen de suficiencia, automáticamente. A los seis meses, serán sometidos a un “mecanismo administrativo inteligente”, en lugar del examen de ingreso del Servicio Profesional Docente.

Si yo fuera maestro normalista, aspirante a una plaza en las escuelas mexicanas, y me hubiera sometido a las pruebas de suficiencia y las hubiera aprobado, estaría hoy sumamente encabronado. ¿De qué privilegio gozan los normalistas de Oaxaca que pueden pasar por encima de mí y todos los otros profesores? Brinca la tablita, profesor, yo ya la brinqué. Bríncala de vuelta, aunque te canse.

Pilón.- Efectivamente, como ya lo señalaron varios lectores, es difícil sustraer 20 mil escuelas sin sanitarios de tres mil y pico existentes, como se publicó en el Cancionero del pasado lunes. Obviamente, en lugar de teclear  “poco más de 300 mil 200 escuelas…”, puse poco más de tres mil doscientas. Agradezco la acuciosidad de quien se percató de la sisa. Valga decir en mi disculpa que las veinte mil escuelas sin sanitarios siguen ahí.

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