Allons enfants!

Volví a escuchar himnos nacionales que casi todos tienen un común denominador: son horrendos y políticamente infumables.

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Félix Cortés Camarillo 11/07/2014 01:59
Allons enfants!

Para todos los que aborrecen y todos los que odian el futbol, déjenme decirles que, gracias a ese deporte y sus campeonatos, este hombre que fue niño se enteró de que había otros países, otras banderas, otros idiomas y otros himnos. Claro, se enteró por el periódico, porque antes del campeonato de Chile (1962) no se transmitían en México los partidos por televisión, menos en colores. Bueno, en aquellos tiempos no había televisión, punto.

Me recordé de ello a propósito del mesesito de sorpresas que acabamos de literalmente chutarnos desde las distantes, entre ellas, arenas futbolísticas de Brasil. Independientemente de los resultados oficiales, volví a escuchar himnos nacionales que casi todos tienen un común denominador: son horrendos y políticamente infumables.

La mayoría son de países relativamente nuevos y suenan comprensiblemente como arias de Verdi con letras de manifiesto independentista decimonónico, bélico y cursi. La palabra libertad salta casi en cada verso. Tan cursis, como el bucólico himno croata que elogia al Drava y al Sava, sin olvidar al Danubio. Otros son simplemente extraños, como el himno de Holanda, que profesa lealtad a la vez al rey de España y a la casa de Orange. En el himno de Colombia se cuelan termópilas y cíclopes, y todos sabemos la historia del niño Masiosare, o nuestra búsqueda en el diccionario de la palabra bridón.

Eso no es lo peor. El himno de la germanía (Deutschland, Deutschland über Alles) debe su mala fama a los sueños hegemónicos de Hitler, que quería poner a Alemania, como dice el texto, por encima de todo el mundo. En realidad, la letra de August Heinrich Hoffman es una convocatoria a la unidad, en contra de los feudos regionales del siglo XVIII, y por una nación unificada que tanto tardó en llegar; de hecho, estuvo en la revolución de 1848. Se canta sólo la tercera estrofa y la música es de Haydn. Por cierto, Josef la compuso en honor de Francisco José, emperador del Sacro Imperio Romano, que acabó en Austro-Húngaro, y en las repúblicas de Austria y Hungría.

De la Marcha Real, que es el himno de España, se suele interpretar sólo la música, tal vez por el tufo franquista que aún despide. No es que los seleccionados ibéricos no se sepan la letra o adivinen la goleada.

Se acepta casi a ciegas que el más hermoso himno nacional del mundo es el de Francia. Curiosamente, en el texto de La Marseillaise no hay una sola mención al puerto mediterráneo; de hecho, no hay mención geográfica alguna y la canción fue compuesta para celebrar una guerra contra Austria. Durante la Segunda Guerra Mundial fue la expresión de la Resistencia antinazi y eso le dio oportunidad a Michael Curtiz para introducir una inolvidable escena en su magistral película Casablanca.

Yo propongo abolir, no sólo en el futbol, todos los himnos nacionales del mundo, por mamones, obsoletos y cursis. Y eso que la cursilería es una de mis mayores virtudes. Pero así, los futbolistas en 2018 en Rusia tendrán más tiempo para relajarse y no presenciaremos la ridícula ceremonia y juramento del fair playchildren included— que se viola, el juramento, en cuanto el balón rueda.

Pilón Personal.- Como la mayoría de los mexicanos, estoy de finanzas caídas, y tengo que buscar otras salidas. Mejor dicho, entradas. Solicito informes sobre cómo conseguir la franquicia comercial de un Centro de Verificación Vehicular en la Ciudad de México. Así podré calificar a mi criterio quién y cuándo puede circular en su vehículo mediante qué cuota para mi bolsa  y así aliviar mi deterioro económico. Señora Tanya Müller, absténgase. (continuará)

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