Aquí les vengo a cantar

El chantaje como procedimiento de acción política nunca ha estado ausente en nuestro panorama.

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Félix Cortés Camarillo 10/07/2014 01:42
Aquí les vengo a cantar

La palabra chantaje (sinónimo de extorsión según la Real Academia de la Lengua Española, es “presión que, mediante amenazas, se ejerce sobre alguien para obligarle a obrar en determinado sentido”) proviene del previsible verbo francés chanter, que quiere decir, obviamente, cantar. Los mexicanos, familiarizados con los métodos indagatorios de la policía de nuestro país, eventualmente de otros países, sabemos bien que a los presuntos culpables hay que hacerlos simplemente cantar. Por una presión u otra.

El chantaje como procedimiento de acción política nunca ha estado ausente en nuestro panorama. A la chita callando, en lo oscurito, se convirtió en modo de operación en la selección, por parte del partido político en el poder, de los mejores hombres para los mejores puestos. Me das y te doy. O, en lenguaje más explícito: ¿Me das tu hora? Sí, pero tú me das mañana.

Durante los últimos años, sin embargo, el chantaje se convirtió en moneda de curso corriente en las negociaciones más abiertas posible. El proceso de reformas “estructurales” que el presidente Peña Nieto inició recién ceñida la banda tricolor al pecho, disparó la mecánica chantajista. Las fuerzas políticas del país —ninguna de las tres con el suficiente músculo para mandar a la chingada a las otras dos— optaron por el modelo del gobierno de coalición que no quiere decir su nombre. De esta suerte pusieron sus canillitas, esto es, la parte más delgada de la estructura ósea del brazo, en manos de sus captores y chantajistas socios. Así, la primera reforma laboral pasó como cuchillo caliente en mantequilla mediante cesiones menores. La reforma dizque educativa se metió como embutido por las cámaras, dejando de lado las componendas que los opositores de Elba Esther Gordillo iban a manifestar de manera vociferante y obstructora, a pesar del encarcelamiento más simbólico que real de la maestra.

El chantaje surgió cuando los sirvientes del pacto, el PAN y el PRD, se dieron cuenta del peso de sus votos. Gracias a ese repentino despertar, las reformas más importantes para Peña Nieto, la de telecomunicaciones y la energética, se quedaron atoradas por largos y tediosos periodos. Gracias a una filigrana de negociaciones en lo oscurito con ambos partidos se logró avanzar en las leyes regulatorias de telecomunicaciones al gusto del PAN y el PRD. Un pleito en el que nadie ganó y, con las maniobras de desincorporación que los dos agentes predominantes de las dos áreas de telecomunicaciones, nadie va a perder finalmente.

La joya de la corona es el ingreso de capital privado a las fuentes y procesamientos de energías. El PAN de Madero puso como condición para siquiera iniciar su discusión que los congresos de los “estados libres y soberanos” que integran la República se doblegaran al mandato de Los Pinos, que antes habían comprometido la disciplina de partido que conocen de oídas de los periodos estalinistas del mundo europeo.

Los congresos estatales de Jalisco y Nuevo León fueron los últimos baluartes; sin embargo, El Yunque no iba a rendirse. Era todo o nada. Los legisladores libres y soberanos de Nuevo León doblaron al fin las manitas, aunque las consecuencias de la Reforma Política aprobada desde el centro otorgue privilegios inmerecidos a grupos políticos que en Nuevo León no tienen peso alguno. Algo así como lo otorgado por el nuevo IFE a unas cosas que se llaman Frente Social y Frente Humanista. Seguramente son dos entidades muy conocidas en sus casas, que tendrán los privilegios que tienen los partidos consentidos del gobierno. Pone el IFE renovado en el mismo nivel a estos dos fantoches que al Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que tiene más méritos que la figura de Andrés Manuel López Obrador.

El chantaje del PAN ganó. Como han ganado los chantajistas políticos siempre. No estoy seguro de qué ganó. De lo que sí estoy seguro es de que puso al Congreso del Estado Libre y Soberano de Nuevo León en el papel de sirvientas cantando al mejor chanteur.

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