Si yo no te causo penas…

Hay un desmedido júbilo por la aprobación de las leyes secundarias de la reforma constitucional a las telecomunicaciones.

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Félix Cortés Camarillo 08/07/2014 01:25
Si yo no te causo penas…

En los ranchos suelen decir que no hay que hacer pandas las becerras antes de que la vaca esté preñada. Eso quiere decir que no debemos anticiparnos a los hechos antes de que sucedan. Nadie pierde lo que todavía no tiene; todo lo demás son especulaciones. El otro día, don Gerardo Ruiz Esparza, secretario de Comunicaciones y Transportes, se olvidó de la sabiduría de esta premisa y se colgó de algún aventurado presagio y dijo que si no se aprobaban las reformas constitucionales, México estaba perdiendo cien mil millones de dólares. Se refería obviamente, como los autores del estimado que mencionaba, a la cantidad que los inversionistas extranjeros dejarían de invertir en nuestro país si el proyecto de la actual administración no prospera.

Está muy lejos de que el enorme trabajo de cabildeo y negociaciones políticas dejen de surtir el efecto deseado: pese a todo, más tarde o más temprano la Reforma Energética mexicana será una realidad cuyos efectos prácticos comenzaremos a ver dentro de cinco o siete años. No hay que hacer, pues, pandas las becerras.

Hay un desmedido júbilo por la aprobación de las leyes secundarias de la reforma constitucional a las telecomunicaciones. La mayor parte de los celebrantes desconoce la letra de las leyes normativas de la reforma constitucional y solamente intuyen transformaciones a través de notas periodísticas generalmente sesgadas u opiniones editoriales o declaraciones partidistas evidentemente casadas con un modo de pensar. Yo, que desconozco igualmente los textos definitivos, me refiero a los cambios contando con las mismas fuentes.

Para evitar la sospecha de que el proceso de aprobación de las leyes llamadas secundarias se hizo con la intención de beneficiar a Televisa o a Telmex, uno de los principales instigadores de ese proceso, el senador Javier Lozano, le dijo ayer en la radio a Adela Micha que, por el contrario, las medidas adoptadas distaban mucho de ser un “regalo” a las empresas mencionadas.

Esgrimió, por ejemplo, como una gran conquista que beneficia a los consumidores, que en beneficio de la competencia las compañías telefónica y televisora se iban a ver obligadas a poner a disposición de sus competidores gratuitamente toda su infraestructura para que los nuevos del barrio les hagan la competencia. En detalle y si entiendo bien, esto quiere decir que Telmex tendrá que ceder sus instalaciones y cableados a que los use sin contraprestación cualquier compañía que quiera dar servicio de telefonía; igualmente las antenas y transmisores que Telesistema Mexicano primero y Televisa después instalaron durante 50 años en casi 200 sitios de difícil acceso en la República deben ser puestos a disposición de sus competidores.  La tarifa de interconexión, que las otras telefónicas abonan por el uso de redes, ha de desaparecer también. A la vista de la mentalidad de la revancha, la medida puede parecer justa; sin embargo, no es equitativa. La infraestructura de ambas empresas requirió una inversión considerable. Su uso debe generar un pago.

La emisión de leyes debe obedecer invariablemente al bien común; el legislador debe poner por encima de cualquier consideración el beneficio de la cosa pública. El asunto es que la cosa pública no puede ser tratada bajo la presión de sectarismos o clasismos obtusos. En una economía mixta de perfil capitalista, los empresarios que aportan su capital para generar empleos y puntos de desarrollo, también forman parte de una sociedad plural, que debe ser equitativa. Tú sabes que soy parejo, ya te lo dije una vez.

Antes de la celebración deberíamos conocer a fondo los textos de las leyes recién aprobadas, sin dejarnos llevar por la prisa en lanzar cohetes al aire y descorchar las botellas de champaña.

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