Celos del aire

El aeropuerto Benito Juárez, hoy en día, genera dos mil 762 toneladas de dióxido de carbono (CO2) diariamente.

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Félix Cortés Camarillo 07/07/2014 02:10
Celos del aire

Decía mi abuela con frecuencia que los viejos hablan de lo que hicieron y los pendejos de lo que van a hacer.

El anuncio estruendoso de la semana pasada que invitaba a bloquear todos los accesos a la Ciudad de México y sus tres principales “vialidades”, por las huestes opositoras a la aberración que se llama Hoy No Circula, podía mover solamente a dos cosas: escepticismo e histeria.

De la histeria se encargó la autoridad capitalina. En su más rancia tradición, todos los puntos susceptibles de bloqueo fueron ocupados por fuerzas policiacas que en momentos podían ser de, en proporción, cincuenta elementos por cada potencial manifestante o bloqueador. Las calles de Bucareli saben con frecuencia de este tipo de dispositivos inútiles y molestos: ante 50 antorchistas que marchan por las banquetas con sus pancartas pidiendo la liberación de un líder, el gobierno despliega centenares de uniformados con toletes. Los policías de Tránsito cierran Paseo de la Reforma, Juárez, Morelos, Bucareli mismo, y partes de Guerrero ocasionando el caos que deben evitar a toda costa y mandando a los automovilistas al tiovivo de la ira. Natural y automáticamente, cualquier acceso a la Secretaría de Gobernación es bloqueado con vallas de malla de acero. Pues eso pasó con el bloqueo.

El escepticismo era más que sobrado: los patrocinadores del bloqueo no tienen, desde luego, el músculo suficiente para una tarea tan colosal ni capacidad de convocatoria eficiente. Todo parece indicar que el movimiento fue convocado desde las esferas del poder oficial para desacreditar el descontento, y demostrar que los opositores a la intensificación de la arbitraria medida restrictiva de la circulación no tenemos razón. El mismo día en que estaba anunciado el bloqueo salió en los periódicos un desplegado mañoso y mentiroso atribuyendo a los automóviles particulares que no sean del año, setenta por ciento de la contaminación del aire en la ciudad. Veamos.

El Ejecutivo federal insiste, sin mucho detalle, en que el nuevo aeropuerto que la Ciudad de México urgentemente necesita, sea simplemente una ampliación del ya existente, sobre el vaso de lo que fue el lago de Texcoco. Pero, dejando la contaminación por ruido, la operación del aeropuerto Benito Juárez, hoy en día, genera dos mil 762 toneladas de dióxido de carbono (CO2) diariamente; eso equivale a 7% de lo que emite la extracción de petróleo y gas en todo el país.

El tramposo cálculo les cuelga a los automovilistas particulares la contaminación visible a todas luces que desparraman por sus desordenadas rutas los anticuados y apapachados camiones de transporte público y la brutal proliferación de los taxistas, legales o no. Otros generadores de contaminantes gaseosos no son considerados por los promotores de la venta de más automóviles nuevos. Ya se preparan los cómodos planes de financiamiento usurero para aumentar el parque vehicular con el clasista y demagógico programa.

Mientras no se asuma una nueva cultura de país civilizado creando una red de transporte público suficiente, eficiente, limpio y seguro, seguiremos condenando a la capital del país a su hundimiento ambiental. Si nuestra autoridad persiste en la intención de mal imitar el modelo estadunidense de transporte en el que todo se debe transportar por carretera mientras no se construyen esas supercarreteras, seguiremos respirando basura. En las declaraciones de políticos y en el aire que forma la nata encima de la Ciudad de México.

Pilón.- A riesgo de lo que se diga de mi señora madre: sí fue penal.

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