Oh, say can you see..?

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Félix Cortés Camarillo 04/07/2014 01:39
Oh, say can you see..?

Sobre la tierra del libre y el hogar del valiente Francis Scott Key, The Star Spangled Banner, Himno de EU, desde 1931

 

Thomas Jefferson fue el redactor original del documento que se proclamó hoy hace 238 años y mediante el cual las 13 originales colonias de la costa este de Norteamérica se separaban de Gran Bretaña. El documento se conoce actualmente como la declaración de independencia y por causa de ella, la fiesta nacional de Estados Unidos se celebra en este día.

El primer país independiente del continente se desprendió de la torpe opresión de Jorge III de manera diferente a como lo hizo la Nueva España; se dice con justicia que la conquista de México la hicieron los indios. Sin el apoyo de los tlaxcaltecas y de otros pueblos sojuzgados y explotados por Anáhuac, los españoles jamás hubieran doblegado Tenochtitlan aun con su supremacía tecnológica. Igualmente, la Independencia la forjaron los criollos que defendían los derechos de Fernando VII sobre estas tierras. Sin embargo, en uno y otro país la influencia de la Ilustración francesa fue la inspiración medular.

De ahí vienen las dos vertientes fundamentales de la sociedad estadunidense: una vocación democrática, con el predominio del individuo, y una necesidad incluyente que simboliza (give me your poor) la estatua de la libertad en la isla de Ellis al sur de Manhattan. El hecho incontrovertible de que Estados Unidos es el país de inmigrantes por excelencia.

Con un culto deficiente a este último elemento indispensable de la América nuestra, se asoma Estados Unidos al año 238 de su vida independiente. Su afán de dominio y de acumulación de riqueza siempre ha estado ahí. Lo que ha faltado es el reconocimiento, más allá del discurso ceremonial, al hecho de que el progreso y la riqueza de Norteamérica han sido construidos sobre la base del trabajo de las diferentes y valiosas migraciones: la de Oriente, que con el trabajo de los chinos construyó las vías férreas que expandieron el territorio hacia el llamado lejano Oeste o la “última frontera”. La de los europeos, que constituyeron la industria del acero y últimamente la del automóvil. La de los judíos, que entre otras cosas edificaron el sistema financiero del imperio, y la de los mexicanos y otros del vecindario, que hicieron la agricultura y los servicios.

De manera especial, esa última ola de migrantes no ha sido atendida por Norteamérica como se merece. Pueblo y gobierno estadunidense le deben a su migración una reforma que acabe con discriminación y mal trato, y que ayude a paliar las cuitas que la injusticia social de los países latinoamericanos ha propiciado. Muchas veces con la complacencia o la explícita complicidad de los vecinos del norte.

No ha de pasar mucho tiempo en que un paisano nuestro ocupe la Presidencia de Estados Unidos; eso es un hecho, pero no deja de quedarse en el simbolismo hueco que satisface vanidades patrioteras. Cuando una sólida e inteligente reforma migratoria tenga lugar, podremos celebrar con nuestros vecinos un digno 4 de julio.

Pilón.- Se necesita tener intelecto débil y poco respeto para los mexicanos, cuando se aduce para la detención en Michoacán del doctor José Manuel Mireles la portación de armas de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas. Precisamente en un país en el que el uso de armas de fuego de todo calibre es indiscriminado, y en un estado de la Federación en el que la portación de esos adminículos es cosa de todos los días. Ya en el pasado, cuando se quiso disciplinar a La Quina y al “general” Durazo se les llevó a la cárcel por acopio de armas, cuando se les pudo haber esgrimido un titipuchal de otros delitos para perseguirles. Ya no estamos para comprar esa patraña, especialmente cuando el tal Mireles tuvo profusa presencia y apapacho al lado del virrey Alfredo Castillo Cervantes en las juntas de avenimiento entre los grupos armados de insurgencia y el gobierno federal.

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